Festival Internacional de Poesía de Medellín

Agua de rayo


Por Fernando Rendón
Especial para Prometeo

“Si vivo o muero yo soy la cebada”


Caminaba en un sueño por las calles nocturnas de la ciudad en una serena deriva, indagando por un objeto asombroso. No sabía con precisión cuál era pero debía hallarlo para darlo a cierta persona. No encontraba una tienda de objetos irrepetibles por mucho que anduviera, aunque todo el tiempo del que disponía era un cúmulo de años para tropezarme con ella.

De pronto, el mundo conocido zozobró. Oscuros bloques se agrietaron, sólidas paredes se desplomaron. Corrí, casi alcanzado por los escombros. Cambiaba de cuadra y nuevas fortalezas se precipitaban al suelo. Corrí más de lo que pude sin poseer ya el nervio de mi juventud. Y qué, pensé, es inevitable. Todo lo viejo cae.

La naturaleza, soberana, hace justicia por su mano, probando su voluntad de negación y de cambio. Los tornados nos devuelven al aire. Un tsunami abatió a una orgullosa cultura. Un terremoto dividió a un país en varios clanes. La eternidad sepultó en solo un segundo a millones de antepasados que reflotan en la memoria rebelde.

Civilizaciones desconocidas desaparecieron y aguardan bajo tierra, al toque de cuerno de los arqueólogos. Aparte, otra prolongada guerra hizo que el pueblo olvidara la lengua del océano, el idioma de la vasta calma. Rodaron muchas testas coronadas. El viejo se partió un fémur y crujió el universo.

Somos el eslabón perdido de los mitos, pero en lugar de seres alados han aparecido más monstruos sobre la tierra. Una grieta separa al cielo del infierno.

¿Por qué el sueño habla sobre todo a los viajeros? Para refrescar su memoria, ya que la memoria es la virtud que hiere primero la muerte, dando de beber a los difuntos el agua del olvido. Duerme el mundo pero lo despiertan las catástrofes. Los tiempos citan desde la sangre.

Como el sueño, brotamos de la tierra. Toda la tierra es un solo espíritu, aerolito y rocío. Todo lo viviente hace parte de un sueño remoto donde la vida circula donde quiera, inmortal. No existe nada que no exista. Para algunos, vivir y morir son dos alternativas imaginarias, pues la vida está en todas partes. La amorosa disciplina del sueño antiguo habita la aletargada condición humana. Solo la sigue el que quiere y el que puede.

Un colibrí te dijo su nombre. Las notas musicales son números y letras. Del origen del alfabeto nos habla el sueño de las formas de los árboles. Nos alertan las visiones de los libros antiguos a respirar lo indescriptible, a vivir lo que no ha sido escrito.

Todavía no somos libres. Los sistemas gobiernan rígidos como la muerte pero el sueño de la tierra y de los pueblos los esfuma. Los peñascos se desvanecen en el aire. La montaña se hace limadura de roca y el guijarro deviene imperceptiblemente en montaña. --Un lado te hará crecer, y el otro lado te hará disminuir, recordó la oruga a Alicia. Solo el sueño puede revertir la catástrofe.

Con lágrimas de dicha y dolor de los milenios, los pueblos han amasado la nada y los individuos apenas han alcanzado un corpóreo estado de ficción. Todo es posible pero nada ha sido realizado. La felicidad no se ha materializado en el mundo más que la desdicha. Los sueños de todos los siglos transcurren paralelos sin converger todavía. Los cantos de sirena de la realidad extienden su trama sobre todos con una voz deforme. Nos impiden ir al baile de la armonía donde el trueno es risueño. Mas el deseo como el sueño no es estéril. El sueño humano restituye el hierro al fuego. La poesía es carne y hueso hecha sueño.

El sueño es sigiloso. La muerte es estridente. Bettina Brentano, musa de Beethoven y Hölderlin, sostuvo que el sueño, no la vigilia, es la única realidad. Las transformaciones se suceden en el curso de la ascensión. El fuego descendido del cielo se hizo piedra, la piedra albergó al océano y el océano arrojó un pez humano a sus orillas. En tiempos arcaicos los hombres y los animales hablaron el mismo lenguaje, e intercambiaron sus formas. Por la fuerza de la palabra ardiente y de sus actos el hombre puede transformarse y transformar el mundo. El viaje es el arte de las transformaciones.

Una nueva civilización nos llama dentro y fuera del mundo a aclarar los sentidos y afinar la percepción, recuperando la tierra pura y el río de la embriaguez más dulce, robada a todos por el imperio del ego y su apetencia bajo la heráldica del extravío. La vida restaurará su naturaleza original resurgiendo de sí misma. Un conjuro reverdecerá esta plural unidad. Entonces el día se levantará entre una suave lluvia. Retornarán las voces antiguas a los bosques, y los humanos volveremos a cabalgar las energías del universo. Nuestra cabellera llena de pájaros será las plantaciones florecidas y los surcos del sueño del origen.

 

4 de abril de 2011.

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