Festival Internacional de Poesía de Medellín

Discurso intermedio entre la oscuridad y el relámpago

La poesía como guardiana de la vida


Por Antonio Gonçalves
Especial para Prometeo

Cualquier ser pensante puede darse cuenta fácilmente de que la Humanidad está en un callejón sin salida.

Efectivamente, nuestro maravilloso planeta está gobernado por un puñado de hombres de negocios que dictan las reglas de la sociedad. Una potencia mundial, una cultura y un solo sistema religioso son la expresión que encontramos diariamente en los órganos de comunicación occidentales. Unos cierran los ojos y hasta las mentes, pero otros no. Entre los que se mantienen despiertos están los constructores de sueños y utopías, los creadores de mitologías, guardianes de los mejores tesoros de la Humanidad; seres incomprendidos, para muchos “insignificantes”, y que llaman poetas. Esos no tienen armas biológicas ni atómicas, tampoco cañones o armas ligeras. Estos guardianes del tesoro humano utilizan una única y eficaz arma: la palabra. Porque ella también es silencio, y decir lo contrario sería mentir. Ya  derrumbó imperios y también construye, cuando se lo propone, obras de ingeniería tan bellas que deslumbran a cualquier mortal. Desde tiempos inmemoriales ha sido así y lo seguirá siendo. Ser poeta es una condición y, al mismo tiempo, un oficio solitario, como el de quien rema contra la corriente. El principiante en poesía comienza por crear un laboratorio donde se ejercita y ejercita, intentando descubrir la “piedra filosofal”; un laboratorio que huele a azufre, pero también a rosas.

El proceso es lento, diez años equivalen a día y medio y veinte también a día y medio y no a dos. Es un fenómeno que escapa a las leyes matemáticas.

Ese “insignificante” ser es un soldado de la Humanidad y un militante de la verdad. Él no sigue las modas que con el tiempo desaparecen. Crea escuelas que perdurarán. Tiene la llave del futuro del mundo, esos seres conversan con el cosmos y  traducen en silencio, o con palabras, los múltiples sentimientos de todo el Universo.

La poesía es, pues, verdura, huevo, miel, alimento completo y también alimento espiritual. Escuchemos bien el ritmo, el ritmo de la poesía que circula en cada uno de nosotros, en nuestras venas. Ahí está la vida que renace en cada silbido del mundo.

La vida es un milagro de la creación, y el poeta, uno de los guardianes del templo.

5 de abril de 2011.

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