Festival Internacional de Poesía de Medellín

Festival Internacional de Poesía de Medellín
para un balance de sus primeros veinte años




Afiche del XX Festival de Poesía de Medellín,
con una obra de Luis Fernando Peláez

Por Jairo Guzmán
Especial para Prometeo

Siguiendo la ruta de un sendero en el corazón de la ciudad, el Festival internacional de Poesía de Medellín se ha transformado en símbolo universal de un nuevo mensaje y ejercicio colectivo hacia la dignidad y la resistencia, desde el canto y la celebración, ante las adversidades de nuestra historia fratricida. Finalizando la primera década del siglo veintiuno, después de diecinueve capítulos de un libro luminoso, pleno de poesía, abierto a la vida y al ascenso del  espíritu, se mantiene latente esta convocatoria que ha propiciado muchos beneficios al alma colectiva de la ciudad. Lo que surgió como acto simbólico de congregación y conjuro permanece como reafirmación y consolidación de un campo de crecimiento  cognitivo, sensorial , espiritual, cultural  y unitivo. La acción poética del Festival ha incidido de diversas maneras, tanto a nivel local como nacional e internacional, en diversos aspectos, cuyo ascendiente es el Festival, como acto, el que los propicia:

 

Unitivo

La  existencia del Festival tiene sentido por la alta capacidad de congregación ante un legado que nos une: la plabra poética, la poesía como fuerza unitiva. La capacidad unitiva de la palabra que crea y congrega. La palabra que es esencia y por su influjo es fundación del ser. En esa orilla de la imaginación todo un pueblo sueña la gracia por venir. La esperanza recién nacida cuando el poema es revelación, alimento del espíritu. El Festival Internacional de Poesía de Medellín se manifiesta como parte de un movimiento planetario, defensor de lo viviente, como resultante de un tiempo en borde peligroso para la especie humana y en general para todo lo existente. El Festival es un ejercicio del espíritu que aspira a encarnar un nuevo momento del retorno de un sentido elevado de lo sagrado, del retorno de los dioses como esos símbolos que se revelan en la voz de los poetas, del público, de la palabra que recobra su esplendor. ¿Qué si no el encuentro, es el verdadero sentido del Festival? Esa fuerza de cohesión que nos protege de la disgregación absoluta, de la abrupta separación que nos condenaría al ostracismo. Esa ha sido y es, la esencia de esta conjunción soberana. Esta práctica está al cruce de los caminos del arte, la poesía. los mitos, lo sagrado, la memoria y lo cotidiano. El ser humano y sus abismos pero también su sueño. El poema como un ritual al que se accede para establecer las auténticas conjunciones del espíritu, a través de la palabra poética. Con el Festival se ha depurado la capacidad de escucha de una población sometida al caos de la incomunicabilidad. En esta celebración de la vida y la existencia, miles de personas elevan su espíritu, a la altura de un gran silencio, al escuchar poesía esencial y que cala hondo en su sensibilidad y entendimiento. Esta práctica adquiere un don celebratorio y propicia una atmósfera vivificante del espíritu. En ella recordamos que somos parte de una misma alma  (como expresara William Blake). Es el sueño de la humanidad representado en los poetas de los cinco continentes. La ciudad ha sido poblada y bendecida con el canto en muchas lenguas de poetas que vienen cada año a realizar un encuentro vivificante y esperanzador. Cada año la poesía ha sido hecha por todos y esa conjunción es su verdadero sentido. De esta manera las acciones del Festival Internacional de Poesía han contribuido y seguirán contribuyendo a constituir un ámbito de auténtica coexistencia.

 

Formativo

Desde el punto de vista cognitivo el efecto se observa en que, como colectividad, sus habitantes han adquirido una noción actualizada y renovada de la expresión poética contemporánea; asunto que la sitúa en un plano privilegiado. Las adquisiciones cognitivas que el Festival ha propiciado se reflejan en una población más dotada de referentes poéticos y que sabe discernir acerca de cómo está la expresión poética a nivel mundial. En este sentido se le ha dado claridad y consistencia a una interpretación más justa del quehacer poético ya que se tenía una concepción de la poesía como un oficio de segunda mano, relegado a sonetos y a manidas fórmulas decimonónicas, totalmente desfasadas del devenir auténtico, entrañable y edificante de la poesía como sustancia transformadora del mundo. Porque el conocimiento que se obtiene a partir de la experiencia poética proviene de una fuente íntimamente ligada al inconsciente colectivo, asociada a los ritmos de la palabra, desencadenante de nuevas maneras de percibir el mundo mediante una expansión de la conciencia que se abre a captar los mensajes de la actualidad y los arquetipos universales. Así, la ciudad entra en una dinámica de aprendizaje, auto-descubriendo su potencial creativo, que libera, a través de la palabra elevada a los niveles del canto, de la expresión verbal que dignifica y abre caminos de luz a la conciencia. Ahora, desde el punto de vista de incidencia en la población, se observa que un gran porcentaje de los beneficiados han sido los jóvenes. A partir de esa concurrencia masiva de un gran porcentaje de la juventud se han gestado nuevos valores de la joven poesía, para quienes el conocimiento, de primera mano y de fuente directa, de tantos autores de gran calidad, ha incidido de manera constructiva en su particular universo poético. Podemos afirmar que una generación de poetas nacidos en la ciudad de Medellín, en la década del ochenta y principios de la década del noventa, se han beneficiado y estructurado con el oxígeno renovador de la poesía contemporánea mundial, presentada por los poetas de cinco continentes en los diversos recitales que se realizan en los escenarios y auditorios de la ciudad. Esta interacción de los grandes poetas a nivel mundial con los noveles poetas locales ha generado un campo magnético de transmisión de conocimientos que se ve reflejado tanto en las obras de los jóvenes poetas como en su trabajo de multiplicadores de ese conocimiento a través de los talleres que ellos realizan en diversos centros culturales de la ciudad. Así se van tejiendo un conjunto de actividades, obras y celebraciones que le dan un sentido orgánico y renovador a la vida cultural y espiritual de la ciudad.  El Festival surgió como una manera de contrarrestar el  lenguaje de la violencia, proponiendo el lenguaje vivificante y fraternal de la poesía, a través de recitales masivos en toda la ciudad en los que los poetas invitados, de países de todos los continentes, han interactuado con ese gran público vulnerable a los conflictos y a la degradación. Este despliegue del Festival ha incidido de manera tal, que su acción en sí misma ha servido de instrumento pedagógico para la enseñanza de nuevas formas de coexistencia por medio de la capacidad incluyente del arte y la poesía. Se le ha planteado a la población que la poesía permite un alto nivel de comunicabilidad y de aprendizaje de formas civilizadas de coexistencia. En ese contexto, las primeras acciones pedagógicas consistieron en la realización de talleres de apreciación de la poesía y creación literaria, dirigidos a niños, adolescentes y  profesores, en todos los barrios de las comunas afectadas y vulneradas por el flagelo de la violencia y la exclusión social. Así se ha ido construyendo un ámbito luminoso, de capacitación y de cualificación, tanto de la sensibilidad como de los conocimientos de la población con la que se ha tenido contacto. Después de cinco festivales, se dieron las condiciones para dotar al evento de una actividad que elevara el nivel cognitivo y que dotara a la población de nuevos elementos que permitieran ampliar el horizonte de las percepciones poéticas y a la vez expandir los lazos de conexión con las diversas experiencias poéticas a nivel mundial. Entonces se crea la Escuela de Poesía de Medellín, la cual comenzó a funcionar desde el VI Festival Internacional de Poesía de Medellín, en 1996. Se han realizado, desde su fundación hasta el 2009, 13 versiones, en las que se han ofrecido 81 cursos, 67 conferencias, 45 talleres y 40 coloquios, todos de carácter gratuito y de los que se han beneficiado alrededor de 2500 personas. Todos los cursos son planeados, diseñados y desarrollados por destacados poetas del mundo quienes participan en el Festival. La Escuela de Poesía ha realizado destacados aportes para elevar las calidades humanas de un significativo número de personas y ha generado, junto con el gran libro abierto de poesía que es el Festival, una conciencia participativa en ascenso, que sitúa a la población beneficiada en un contexto  de comprensión de las potencias creativas y civilizadoras de la palabra poética. Como expresara el gran poeta francés Ives Bonneffoy, refiriéndose al Festival: “La poesía no es la producción de un objeto verbal, el placer, en suma, estético, de un simple texto; es una intervención en el mundo, un acto de conocimiento. Grandes ritmos suben del cuerpo en el poema, ellos dislocan en el cambio humano el discurso que rige, que ciega y oprime, y es entonces el otro que repara en su dignidad, en su derecho absoluto a ser libremente él mismo; es la democracia que se evidencia de nuevo. La poesía, es la sociedad renovada. ¿Iremos a olvidarlo? Lo vemos entonces en Medellín, este acto fundamental de liberación que llama al espíritu, en un diálogo emotivo entre los poetas, venidos de diversos países, y en la gran sala, siempre vibrante”.


Internacionalización

Un devenir muy significativo  ha transformado a Medellín en un centro de convergencia poética a nivel mundial. El desplazamiento de poetas de los cinco continentes (procedentes de 150 países), a ser parte dinámica de las actividades del Festival, ha permitido que la ciudad se nutra con la pluralidad de culturas, idiomas, formas expresivas y tendencias de la poesía, encarnados en los autores que vienen de tierras lejanas y pueblan con sus virtudes expresivas la atmósfera local, transformando la ciudad en un verdadero centro luminoso, emblema de la hermandad y del crecimiento espiritual colectivo. Esta interacción altamente emotiva, lúcida e impregnada de poesía, ejerce un impacto sublime en los poetas que retornan muy transformados ante una experiencia milagrosa, inexistente en sus países de origen. Ante ese gozo, los poetas escriben en los medios de comunicación acerca de su experiencia maravillosa en Medellín y de esta manera la ciudad, año tras año, es nombrada de manera muy positiva en todo el mundo. Esta proyección internacional de la ciudad, a través de la poesía, ha contribuido a que  Medellín no quede estigmatizada con la leyenda negra de un pasado bastante enrarecido. En este contexto es pertinente recordar que la experiencia del Festival ha inspirado la creación de nuevos festivales en diversas ciudades tanto de Colombia como de Centro América, Suramérica  y el mundo. Así se va constituyendo una red intercontinental de Festivales que inciden de manera positiva en el devenir cultural y espiritual de los pueblos del mundo.


Globalización de la poesía

El hecho de que el Festival sea centro de convergencia de culturas, a nivel planetario, le da una carácter de globalización de la experiencia poética. Esto tiene implicaciones que determinan un nuevo devenir de la expresión poética. Medellín se ha convertido en un crisol maravilloso donde se combinan todas las formas expresivas y de esa alquimia verbal se gesta una poesía rejuvenecida, actualizada y vital. Todas estas virtudes favorecen tanto a las nuevas generaciones como al imaginario colectivo. En realidad es un beneficio de doble vía porque los poetas también reciben un efecto transformador de su actitud: es como si recuperaran la esperanza en algo que creían inmerso en la aridez y el mutismo. Porque es un hecho que en la gran mayoría de los países los poetas experimentan una circulación muy restringida y poco percibida de sus obras poéticas. El hecho de que tantas obras converjan y sean conocidas enriquece el movimiento de la escritura poética y convierte a la ciudad en un escenario mundial donde se hace evidente el trabajo de los poetas del orbe. Otro acto de globalización de la poesía, inherente al Festival, es la existencia de una página WEB que posibilita un contacto permanente con lectores de 180 países. Esta acción comunicativa ha acercado más a los poetas y públicos lectores de todo el mundo; en esta perspectiva se sabe que  continúa creciendo la audiencia mundial de la página Web del Festival, iniciada en 1997, alcanzando entre septiembre de 2007 y mayo de 2010, la cifra de 830.407 los lectores, para confirmar  no solo su capacidad de impactar fuertemente a la sociedad colombiana sino a la red internacional de poetas, festivales y proyectos poéticos del mundo, veinte años después de su fundación, en abril de 1991. Por su parte los visitantes la Web del Festival  en Youtube han sido 908.626, desde abril de 2007. Estas estadísticas son un signo de la incidencia del Festival en la vida poética y espiritual a nivel global.


Reconocimiento, valoración e inclusión de minorías étnicas

“El Festival es espacio de convergencia de la Palabra decantada y navegante, rojos latidos de lenguas rogativas de más de 150 naciones del planeta. Creer en su permanencia creadora, es creer en la sonrisa-luz del Hombre en medio de la oscuridad”.
                                                                    Vito Apüshana
                             (Poeta de la minoría étnica :Nación Indígena Wayuu, Colombia)
                     

Desde sus albores, ha sido importantísimo, para el Festival Internacional de Poesía de Medellín, el aporte esencial e imprescindible que realizan los poetas representativos de minorías étnicas tanto nacionales como a nivel mundial. Esta participación constante y consecutiva de estas culturas ha permitido que los asistentes tengan una noción más amplia y justa de lo que significa la experiencia poética. El público se conecta con las potencias ancestrales, con los poderes de la auténtica tradición oral, con el canto ritual y así su conciencia expande su dominio, su percepción de la condición humana a través del canto. En esta perspectiva el Festival se perfila como un evento que experimenta el resurgimiento de lo mítico como esencia de la poesía. Disponerse a conectarse con la voz de los ancestros, a través del canto del poeta indigena, es un gesto que abre puertas al nuevo advenimiento del mito como lenguaje esencial. El Festival ha sido un foro para que los poetas de los pueblos indigenas,  manifiesten su percepción del mundo, su cosmología, sus reclamos y sus sugerencias como culturas que tienen un saber ancestral muy respetable y necesario en nuestro tiempo. Estas culturas seguirán regalándonos el tesoro de su lengua, de sus mitos, de sus rituales. Es la maravilla de saber que aun los dioses pueblan el habla que canta a las multitudes.                                                                         

 

El público

“El Festival es muy democrático, muy amistoso y mantiene alerta la verdadera inspiración. Hay aquí un filtro muy importante para la poesía: el público. Es un público muy generoso, muy competente, que ve en la poesía una posibilidad de salvarse, un público que da coraje a la inspiración. Una participación en el Festival de Medellín, es como una vacuna contra el alejamiento de la poesía” Marin Sorescu (poeta rumano que perticipó en el IV Festival Internacional de Poesía de Medellín)

Un público cada vez más lúcido y comprometido con el acto de escuchar se nos manifiesta como alma del Festival Internacional de Poesía de Medellín. Porque el público, que asiste multitudinariamente a  los recitales y demás actos, es el gran protagonista, la esencia de esta celebración. Este público atento, cualificado y elevado en su espíritu se convierte en un centro radiante. El público es el depositario de toda la gran poesía, de la fuerza que hace posible la conjunción luminosa a través de la expresión poética, de la capacidad visionaria y del poder de celebración como especie. El público es el gran visionario, es la fuerza que hace que el espíritu vivificante de la poesía adquiera sentido y sea el fulgor que nos impulse hacia la luz. Es en ese gran público donde la poesía actúa con toda su capacidad penetrante y misteriosa. Cuando somos público, en el Festival se siente un oleaje tibio de la energía radiante que se produce en este encuentro. La poesía adquiere sentido cuando se transmite de persona a persona. Sin la presencia que le de sentido al poema este se convierte en un cuerpo de signos inertes. El poema vibra en la conciencia que lo capta y lo procesa en su interior. Sin el otro, la poesía es una cripta sellada. En Medellín se ha contribuído a elevar la dignidad de la poesía al nivel espiritual que se merece, gracias a la disposición para escuchar, para interiorizar el ritmo y el contenido de los poemas, para valorar la voz , lo que implica devolverle al ser humano su verdadera dignidad y respeto. Este gesto del público demuestra que la condición humana recupera sus virtudes sociales y solidarias. Se ha mejorado mucho el trato interpersonal, después de haberse instalado en el ambiente social un conjunto de agresividades y tratos abusivos entre los habitantes de la ciudad. Gracias a un público receptivo, atento, generoso y con voluntad de asimilación de las nuevas propuestas de congregación, es posible darle permanencia a una cultura más constructiva y edificante. De ahí que una valoración del público implica elevarse a unos planos muy satisfactorios de convivencia y receptividad. Como expresara el poeta de Bélgica, participante en el XIV Festival Internacional de Poesía, Stefan Hertmans : “En Medellín he visto lo que realmente significa el Festival: es que incluye a un público que radicalmente cree en el significado vital de la poesía en su propia sociedad, gente que bebe poemas con una sed y un amor que a nadie le puede dejar indiferente. Una experiencia gratificante”.

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