Festival Internacional de Poesía de Medellín

Veinte años de una propuesta
poética histórica para el mundo



Medellín, última década del siglo XX y primera del XXI: veinte años de complejos sucesos en una ciudad entre miles de urbes del planeta que han padecido la extrema violencia. Hace veinte años, en la otrora nombrada capital mundial del crimen y del narcotráfico, era el tiempo de la guerra entre el capo Pablo Escobar y el Estado colombiano, del genocidio y el magnicidio político, del crecimiento de las bandas delincuenciales en las laderas de la ciudad bajo la consigna de dominio territorial cuadra por cuadra. Estallaban petardos, bombas y carros-bombas “por doquier”. No conseguían los bomberos apagar todos los incendios, no alcanzaban los periódicos a registrar la quema, los humanos a soportar la demolición de tanto vidrio sin comprender las causas y consecuencias del explosivo entorno. Miles de jóvenes caían en serie como fichas de dominó. Muchas cabezas tenían altos precios. El sicariato era la profesión lucrativa de la guerra que costaba tantas fortunas. Cien afiches anunciaron la fundación del Festival Internacional de Poesía de Medellín en el terreno y tiempo funerario y estruendoso de la matanza, tutelados por un verso que convocaba a la dulce confluencia: La poesía es el poder.

El 28 de abril de 1991, ante un público de 800 personas, trece poetas, nueve de ellos integrantes del Consejo Editorial de la revista Prometeo, leyeron sus poemas en el Cerro Nutibara de Medellín, mientras ondeaban al viento los versos de Matsuo Basho sobre los estandartes agitados en medio de la amorosa contienda: De las blancas gotas del rocío aprende el camino hacia la tierra pura. La ciudad fue impactada por la belleza, desagregada del horror. La poesía comenzó a forjar una nueva conciencia y sensibilidad en el vacío, a crear y guardar una nueva atmósfera que irrumpía para contradecir la pesadilla innombrable, una brisa de tenues caricias para una generación sin porvenir, una nueva alma para el instante de la gran encrucijada del mundo; se hablaba de la poesía en los corrillos, en los bares, en las aulas, en los buses y en el metro, en las bibliotecas, en los incontables encuentros.

Un sueño nuevo ascendía entre puñales. Se abría paso una nueva estación del espíritu a contracorriente de la adversidad, a pesar de la ortodoxia de la poesía colombiana nutrida débilmente por un rancio pasado, en divergencia con el espíritu pragmático de los gobernantes y los empresarios, en oposición a la belicosidad de una sociedad con fecha vencida, en descomposición, que no amaba de la vida más que las utilidades contantes. Pero sus jóvenes, sus adolescentes, sus niños, sus bellas muchachas, sus artistas y sus poetas pensaban lo contrario: que no hay mayor provecho que la belleza y no hay otra verdad que la vida que se transforma incontenible. Se sucedieron en la ciudad diecinueve multitudinarias celebraciones anuales. Wole Soyinka, Juan Gelman, Gonzalo Rojas, Ramón Palomares, Hans Magnus Enzensberger, Bernard Nöel, Edoardo Sanguineti, Saadi Yousef, Abdellatif Laabi, Mutsuo Takahashi, entre varios cientos de poetas intervinieron, miles de poemas anegaron el asombroso oído de Medellín, designada de pronto capital mundial de la poesía. Cientos de miles de jóvenes se volcaron a las calles, plazas, parques y auditorios de la ciudad, estremecidos por el lento y dulce relámpago. Los poetas transformaban la conciencia de los jóvenes. La juventud alimentaba el corazón de los poetas. Aunados desarrollaban la poesía de lo no vivido o ya olvidado sobre la tierra.

Nutrió entonces los diálogos en diversas lenguas, se narraron sus realizaciones con simpatía, se citaba y se evocaba al Festival Internacional de Poesía de Medellín, en muchas ciudades y países, en auditorios de festivales y en las salas de espera de aeropuertos distantes, circulaba en la boca de los poetas la semilla de la leyenda de la batalla entre la primavera y el invierno, el tema único de la poesía acerca de la lucha eterna entre la vida y la muerte.

Alentó nuevos pasos. Se hizo un faro a escala planetaria. El Festival de Poesía de Medellín inspiró la fundación o contribuyó a la consolidación de festivales poéticos internacionales en Venezuela, Bolivia, Chile, Costa Rica, El Salvador, Nicaragua, Santo Domingo, Puerto Rico, Argentina, Portugal, Suráfrica y Nueva Zelanda, y en otras ciudades colombianas como Bogotá, Cali, Barranquilla, Cartagena, Pereira, Pasto, Ibagué, Tunja, Bucaramanga y Riohacha.

Pero la capital mundial de la poesía no existe todavía más que en los versos y en la memoria de quienes han hecho posible este milagro anual. El sitio se mantiene en muchos barrios. Es necesario que la poesía llegue de fondo, a través del lenguaje y en el corazón de los acontecimientos, a la profundidad de la ciudad generosa y solidaria, a la inteligencia de todas sus clases sociales, en el proyecto de su emprendimiento de justicia poética irreversible y de reconciliación espiritual, trascendiendo el fragor de la guerra, en el abrazo de las culturas diversas y aún opuestas. Es preciso que el mundo comprenda y ayude a expandir la voz de este ancho río. Puesto que la historia humana ha fabricado todos los experimentos para el mal, debe preservar la germinación de esta realidad hecha por todos y para todos hacia una nueva vida. Los poetas y miles de jóvenes harán la nueva poesía. En la capital del relámpago, surge la piedra de la irradiación.

Nosotros dormíamos, pero nuestro corazón velaba. Nuestra cabeza estaba impregnada de rocío del alba por venir. La poesía pugnaba mejor en las fronteras del mal, pues la victoria espera en las orillas de la sombra. La muerte confrontaba a toda ciudad para exigir su trascendencia. De esta ciudad de este país surgirá el gran árbol de una nueva leyenda poética tras la germinación de la semilla de este sueño. Ese día previsto de alta lluvia, de limo verde, que vendrá para los ardientes y para los obstinados.

Así hemos llegado a la celebración de los primeros veinte años de la fundación de la propuesta para una nueva historia. Entre el 8 y el 17 de julio de 2010 leerán sus poemas en Medellín: Vladimir Marku (Albania), Uwe Kolbe (Alemania), Teresa Colom (Andorra), Althea Romeo-Mark (Antigua), Esteban Moore (Argentina), Lola Koundakjian (Armenia), Quito Nicolaas (Aruba), Udo Kawasser (Austria), Obediah Michael Smith (Bahamas), Quamruzzaman (Bangladesh), Homero Carvalho (Bolivia), Claudio Willer (Brasil), U Sam Oeur (Camboya), Paul Dakeyó (Camerún), Alberto Vélez, Andrea Cote, Ángela García, Argemiro Menco, Berenice Pineda, Claudia Trujillo, Consuelo Hernández, Darío Jaramillo, Eduardo Peláez, Fernando Rendón, Gabriel Arturo Castro, Gabriel Jaime Franco, Gustavo Garcés, Héctor Fagot, Jairo Guzmán, José Libardo Porras, Juan Diego Tamayo, Juan Diego Velásquez, León Gil, Marco Mejía, Pedro Arturo Estrada, Piedad Bonnett, Rafael Patiño, Raúl Henao, Sarah Beatriz Posada, Tarsicio Valencia, Tatiana Mejía, Umberto Senegal, Walther Espinal (Colombia), Vito Apshana (Nación Wayuu, Colombia), Guillermo Sáenz Patterson (Costa Rica), Domingo Alfonso, Oscar Cruz (Cuba), Verónica Zondek, Javier Campos (Chile), Mette Moestrup (Dinamarca), Lucila Lema (Nación Kichua, Ecuador), Amin Hadad, Arif Khudairi (Egipto), Lauri García Dueñas (El Salvador), Braño Hochel (Eslovaquia), Bob Holman, Ken McCullough (Estados Unidos), Gemino H. Abad (Filipinas), Jean Clarence Lambert, Alice Caron Lambert, Julien Delmaire (Francia), Alhaji Papa Susso (Gambia), Carolina Escobar Sarti (Guatemala), Koumanthio Zeinab Diallo (Guinea), John Agard, Grace Nichols (Guyana), Imtiaz Dharker (India/Reino Unido), Luigi Cinque (Italia), Christopher Okemwa Oira (Kenia), Patricia Jabbeh Wesley (Liberia), Mohammed Bennis (Marruecos), Homero Aridjis (México), Juan Gregorio Regino (Mazateca, Mexico), Hadaa Sendoo (Mongolia), Howard A. Fergus (Monserrat), Luis Carlos Patraquim (Mozambique), Niyi Osundare (Nigeria), Erling Kittelsen (Noruega), James Norcliffe (Nueva Zelanda), Jules Deelder (Países Bajos), Aiban Wagua (Nación Kuna, Panamá), Nathalie Handal (Palestina), Carlos Villagra Marsal (Paraguay), Renato Sandoval (Perú), Caroline Bird (Reino Unido), Rei Berroa (Republica Dominicana), Yevgeny Yevtushenko (Rusia), Milena Ercolani (San Marino), Cecil "Blazer" Williams (San Vicente y Granadinas), Hala Mohammad (Siria), Indran Amirthanayagam (Sri Lanka/Estados Unidos), Jenny Tunedal, Lasse Söderberg (Suecia), Fabiano Alborghetti (Suiza), Jean Jacques Sewanou-Dabla (Togo), Vasyl Makhno (Ucrania), Gustavo Pereira, Ophir Alviarez (República Bolivariana de Venezuela).

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