Festival Internacional de Poesía de Medellín

Falange darwiniana
(José Ángel Leyva, México) - 3 min. 16 seg. -

Memoria del Festival Internacional de Poesía de Medellín

José Ángel Leyva nació en Durango, México, en 1958. Co-director de la revista de poesía Alforja. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía "Olga Arias" con el libro Entresueños, en 1990, y en 1994 el segundo lugar en el certamen nacional de poesía convocado por la Universidad Veracruzana. En 1999 recibió el premio del XXIX Certamen Nacional de Periodismo, en el área de reportaje cultural, otorgado por el Club de Periodistas. Ha publicado los libros de poesía: Botellas de sed, 1988; Catulo en el Destierro, 1993; Entresueños, 1996 y El Espinazo del Diablo, 1998. Autor de otros libros como El admirable caso del médico curioso: Claude Bernard, 1991; El Naranjo en flor. Homenaje a los Revueltas, 1994; Lectura del mundo nuevo, 1996; El Politécnico, un joven de 60 años, 1996; Ediciones sin nombre, 1999; y la novela La noche del jabalí (Fábulas de lo efímero), 2002. Coordinó y forma parte de los libros Versoconverso (Poetas entrevistan a poetas mexicanos), 2000; Versos comunicantes I y II (Poetas entrevistan a poetas iberoamericanos), 2001; Taga el papalote (libro para niños), 2005; La sombra de lo que va a suceder, 2006. Es autor además de los textos de libros y catálogos de artistas plásticos, entre los que destacan: Leonel Maciel, Guillermo Ceniceros, Carlos Gutiérrez Angulo, Irene Arias, entre otros. Poemas suyos han sido traducidos a otros idiomas: portugués, rumano, búlgaro, inglés, griego. Nos dice el autor: "La poesía es una revelación, la más honda y humana, la más íntima y universal, nos pone frente a la conciencia de la muerte con la lucidez de cada inspiración del aire. Una revelación gradual, constante, a través del cultivo de un lenguaje estético, cualquiera que sea su soporte, su medio de expresión. Hasta ahora, la palabra escrita alcanza mayores profundidades significativas en ese terreno, pero la poesía está en la esencia de las artes, en la sustancia inconforme de la vida. Desde niño advertí el valor de las palabras, su carga emocional, su fuerza, su energía, su capacidad transformadora y trasgresora, dominante. Pero la palabra hecha poesía era la más amada y la menos dócil, la más común y la menos accesible. Estaba en boca de todos y en boca de nadie, estaba en los libros y en la puerta de mi casa, en la montaña y en la piedra acariciada por el río. Poco a poco fui entendiendo su lugar en el tiempo, en el doblez de la nada, en el gesto de las cosas, en el dolor y en el gozo de la gente, en su tránsito por la memoria. Como en la infancia, estoy persuadido de que la poesía se hermana con el sueño, se desprende del deseo, se vuelve signo, señal, acto creador. Va más allá de quien la invoca, de quien la escribe, de quien la hace, de quien la aprehende: es libre. La persona que se dice poeta o artista no siempre está a la altura de las circunstancias, no siempre corresponde al valor de sus palabras o sus obras. Por eso la verdadera poesía vive, germina sobre la tumba de los muertos, dialoga con el tiempo. Si bien la poesía es una ofrenda, no es inocua, puede cambiar el mundo."

Lectura de poemas en el 17° Festival Internacional de Poesía de Medellín, en el Teatro Pablo Tobón Uribe, en julio de 2007.

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