Festival Internacional de Poesía de Medellín

La palabra
(Pedro de Oraá, Cuba) - 3 min. 17 seg.-

Pedro de Oraá nació en La Habana, Cuba, en 1931. Poeta, narrador, ensayista, crítico de artes plásticas y pintor. Sus poemas tempranos aparecieron en la revista Orígenes. Actualmente Director Artístico de la revista Unión, órgano de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Obtuvo la Distinción por la Cultura Nacional de Cuba (1995). Ha publicado, entre otros, los poemarios: El instante cernido, 1953; Estación de la hierba, 1957; Destrucción del horizonte, 1968; Apuntes para una mítica de La Habana, 1971; Suma de ecos, 1989; Umbral, 1997 y la antología personal Cifra, 2003. Además el ensayo Tiempo y poesía, 1961 y los relatos Vida secreta de la Giraldilla, 2003. En «Apuntes para una cifra», sobre la antología Cifra, Basilia Papastamatíu afirma: «...nos sorprende encontrar tanta sabiduría del lenguaje y tanto sentido de la imagen en los versos de un poeta cuando aún era un joven de apenas veinte años de edad. De modo excepcionalmente precoz, este autor alcanzó una notable madurez poética y de pensamiento, como advertimos en sus primeros poemarios, Suma de ecos y El instante cernido, porque contienen ya una cosmovisión, hacen una profunda indagación sobre los misterios de la vida y del universo. Hurgan en el espacio que lo circunda, en el paisaje, en la apariencia y transformaciones de la naturaleza para encontrar en ellos señales esclarecedoras de la inserción humana en el concierto universal con una certidumbre casi panteísta. «...arrojadamente escribe versos de imágenes díscolas o exuberantes, de riqueza verbal e imaginativa, con el preciosismo y el barroquismo que en esa época atraían a otros de sus contemporáneos, notoriamente a Lezama Lima. «...Luego el verso se hace versículo, se expande, quiere envolver al lector con su magia. Se regodea en lo excesivo, en el hedonismo, en la reconstrucción mítica de la realidad y hasta de necesidades vitales como la comida o el sueño. Después, sin abandonar su gusto por lo culterano y ampuloso, se detiene en una zona sombría de la urbe y en sus anonadadas criaturas. La poesía de Pedro de Oraá comienza a dar cuerpo, temporalidad e historia a lo que nombra. Sus poemas surgen cuando se está gestando una épica que nace en las calles y de las muchedumbres. Del hombre, hasta entonces innominado, recupera su avidez por comunicar. Incursiona decididamente en las contingencias inmediatas de la vida. Rescata la rudeza del habla cotidiana y la crudeza de la realidad ambiental. Se detiene en hacer un meticuloso retrato de personajes urbanos, pero sin embanderarse plenamente en el coloquialismo, siempre inclinado a la depuración esencialista, siempre fiel a su vocación por lo trascendente.»

Lectura de poemas en el 16° Festival Internacional de Poesía de Medellín, en el Cerro Nutibara, Teatro Carlos Vieco, en julio de 2006.

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