Festival Internacional de Poesía de Medellín

Un día
(Antonio Porpetta, España) - 1 min. 34 seg.-

Memoria del Festival Internacional de Poesía de Medellín

Antonio Porpetta nació en Elda, Alicante, España, el 14 de febrero de 1936. Realizó estudios de Filología española y de Derecho. Su primer poemario, Por un cálido sendero, data de 1978. Desde entonces ha publicado: Meditación de los asombros; Ardieron ya los sándalos; El clavicordio ante el espejo; Los sigilos violados; Territorio del fuego; Década del insomnio; Adagio mediterráneo; Silva de extravagancias; Penúltima intemperie, etc.), y también los libros de ensayo (Escritores y Artistas Españoles y El mundo sonoro de Gabriel Miró, entre otros) y de narrativa (El benefactor y diez cuentos más, Manual de supervivencia para turistas españoles). Ha sido traducido a diez idiomas. Ha recibido, entre otros, el premio Fastenrath (de la Real Academia Española de la Lengua), y el José Hierro. Ha dictado seminarios y conferencias sobre la creación poética en Universidades y centros culturales de los cinco continentes. En el prólogo de Como un hondo silencio de campanas, afirma el poeta salvadoreño David Escobar Galindo: «La relación entre Antonio Porpetta y la poesía es muy original. De entrada, se alió antes con el silencio que con la palabra. Su primer libro es de 1978, cuando ya estaba en sus 42 años; y, según su propia confesión, no es que se tratara de una publicación tardía, sino de una escritura a la que el poeta llegó con el tiempo. Era poeta sin escribir; poeta recogido, de seguro sin concienciarlo, en la bodega de los materiales interiores. Desde aquel primer libro, Por un cálido sendero se trazó la ruta. El sendero ha ido haciendo y recreando estaciones. Las estaciones de una conciencia que revive con disciplina impecable los asombros de siempre: ante la vida, ante el tiempo, ante el amor, el destino, la nostalgia, la muerte...» y más adelante afirma el poeta salvadoreño: «En un verso limpio, blanco, fluyente y cautivador, nos va desvelando su experiencia de vida. Y la faena finísima nunca deja de ser lo que fue desde el principio: una alianza feliz entre el silencio y la palabra. «Hay un silencio azul», dice en uno de los poemas de Meditación de asombros. Y la nostalgia de la palabra se le manifiesta al poeta como anhelo de la voz mayor: la del mar vecino, pero distante. El amor hace el milagro: Pero llegaste tú, y el mar llegó contigo. El amor trajo la palabra.»

Lectura de poemas en el 16° Festival Internacional de Poesía de Medellín, en la Plazuela de San Ignacio, en julio de 2006.

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