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Norberto Codina (Cuba, 1951)

Norberto Codina (Cuba, 1951)


Una cáscara de cebolla puede ser…


Una cáscara de cebolla puede ser
el atlas donde mi madre quiere descubrir mi paradero,
el destino que la hace llorar de un modo manso
por mi prolongada ausencia
mientras funda con sus provisiones
la sabiduría diaria de la cocina.
Esos recipientes, carnes y legumbres tienen de antaño
su código para los amores desdichados,
los hijos perdidos, los amigos muertos.
El cuenco de la cáscara,
la cifra y el fantasma
son detalles de la penumbra,
atributos de cada una de sus franjas de silencio.
El barro único se renueva
al explorar los impulsos hondos
que se adivinan en aquellos primeros hornos,
en aquellas primeros venablos,
en los pétalos de piedra convertidos
en herramientas de venganza.
Es la ruta del miedo
que descubrimos por los sentidos
al revelar el olor de la adrenalina del enamorado,
el tacto del ciego que teme a la soledad,
el paladar del enfermo que confunde los sabores.
La sequedad del alma que murmura
sus vicios y fracasos,
las pérdidas ásperas y los objetos queridos.
Queridos y tan raros como el marfil
de esa cáscara de cebolla,
delicada película con sus capas
que la mano de mi madre va separando
como la piedra filosofal en el espacio doméstico.

 

Tiempo libre


En la puerta de madera de doble hoja,
entre estos muros ocres,
están ordenadas las palabras en raros caracteres
que celebran la acogida a este extraño paraíso:
“No preguntes”.
¿Cómo bregar con la muerte de la persona amada?
Pabellones dedicados al sueño,
a la nostalgia, al curso de las cosas elementales
que pueden desencadenar una borrasca
en el pozo del espíritu.
Noticias y rumores se dispersan sobre un papel delicado,
que flota y queda suspendido sobre el lomo del mundo,
los recodos de la lectura azarosa de los periódicos y los telegramas,
como los científicos que miden la pérdida de hielo
en millones de toneladas al año.
La devoción puede ser taciturna cuando es algo humilde y sin confusiones,
o transparente, por ser pulida y traslúcida.
Los árboles y el césped,
y las bacterias, y los ratones
y las aves acuáticas,
y los frutos podridos y el helecho pujante
declaran su cadencia particular.
Una música triste donde cada compás
es como el sonido cuando crecen las plantas
o mueren los insectos.
Una música para escuchar
en nuestro tiempo libre
aunque no tengamos mucho tiempo franco
como lo tienen el guardabosque o el torrero.
No hay frases sobre pájaros
que nos hagan felices,
ni filamento de la luz
que sea imperecedero.
Es en fin, el poco tiempo que tenemos
para todo lo que amamos.

 

A través de la filigrana del texto


En algún lugar
los prodigios de la luz en la superficie de la esfera,
fin en sí misma, sin aparente sospecha.
¿La esfera es la forma geométrica más perfecta?
Que vamos a dejar para nosotros
si el mundo no está completamente explorado.
Desde la época en la que los poetas como Casal
deslumbrados por las luces de la ciudad
de lo alto de las graderías contemplaban
la pálida y uniforme ausencia de color de sus piedras
donde surgen tonos calurosos, los tonos sepias
que usurpan sus florestas a la luz del verano
Como la resina que se encuentra
en la piel del ciervo,
recreamos  en el universo
la tensión de la superficie del agua en un ambiente sin gravedad,
en ese diálogo entre el mundo misterioso del espacio exterior
con su tierra originaria,
donde nuestra presencia se reproduce
del lado salvaje de la vejez.

  

Cuando dobla un oro tenue la hoja de la tarde
                                                         Ángel Gaztelu

Es peligroso asomarse al interior, como cavilaron Buñuel y Dalí,
en esas contramarchas y periferias del alma
luminosas y ausentes como la corona boreal.
Solo nos asomamos a una mínima parte
de nuestra substancia interior,
pero basta ese breve atisbo,
íntimo y ligero
como la presencia de un pájaro.
El sonido de su nombre se escucha multiplicado,
suave y húmedo se desliza
en oraciones disonantes,
en letanías que se encadenan
en el cotidiano lidiar de la ciudad,
el ómnibus lejano con su ruido
como de bestia en celo.
Es un santuario fabricado con tus deseos,
leves e inciertos, traicioneros, como son los recuerdos.
Esta noche te sientes sencillamente triste,
con esa tristeza particular te confías
sobre la cama que compartimos
pero que tu respiración puede convertir en
jardín o páramo
donde tu tristeza me reconcilia en parte de ti.
La verdad se reconoce en su naturaleza,
más allá del detritus y las infidelidades,
cuando dobla un oro tenue la hoja de la tarde

 

La voz devuelta


La voz devuelta
que se quiebra en el eco,
pájaros imaginarios que cruzan la noche
con el silencio frágil de todo lo que parte.
A veces con la incertidumbre del regreso,
a veces con la interrogante del que aguarda,
pájaros imaginarios y fatales
que cruzan la luna y la luz de su sombra
da sentido y cuerpo a la palabra Nadie.

 

Algunas pequeñas historias

               Para Jimena y los cubanos de su generación.

Algunas pequeñas historias
se desarrollan en las estancias, las lenguas,
las escenas domésticas
de culturas contemplativas por su sencillez
o sus enigmas
en su naturaleza que se descompone en el trazo de un insecto.
Secretos bajo la mesa donde se reúne
una familia
para compartir el caldo de legumbres
y el presente de la nación.
Es la tentativa de cada generación
de sentirse protagonista, aunque
por breve tiempo
Ya sea en la estancia de los cuatro grandes ríos
el Sena, el Ganges, el Amazona o el Almendares, en las lenguas sumerias, escandinavas o pontificias,
o en el claro acento del solar Pan con timba,
en las escenas cotidianas de la sobre vivencia, el tibiritábara,
el luchar y el resolver,
culturas insurrectas como el enigma y el riesgo
de la comida de cada día,
legumbres y cocidos
como el húmedo y rasante presente de la nación.


El concepto de la vida 

                                        Para María y Félix Masud, hermanos.                        

                                         horas de tigre, de zorra, y de cerdo
                                                    José Martí

 

Cómo diferenciar el resplandor pasajero
de la luz perdurable,
los frutos maduros de la naturaleza muerta,
de aquellos que se pudren en el campo.
Y el cuerpo atravesado de alambres
los ojos vacíos,
las piernas rotas
que puede ser una víctima o un espantapájaros,
como el joven gay linchado en un descampado
del Wyoming rural, que se confunde en el vapor del amanecer
mientras que yo, en el distante Illinois
en la calle Paulina Norte
de la lejana ciudad de Chicago
desayunaba cándidamente con mis amigos.
¿Qué sentido pueden tener en esas circunstancias exactas
la charla trivial, la hogaza deliciosa, 
la lectura de ficciones maravillosas y sublimes?
¿Podemos amar o incluso jugar y especular
con los guarismos y con las estrofas al mismo tiempo
que la familia y los amigos desconocen su paradero?
Desde las entrañas del concepto de la vida
que repercute, supuestamente, en las distintas formas
de la matemática y la poesía,
de lo infinito del ser humano
hay escalofríos y golpes vallejianos
para el espíritu y la razón,
razonamiento severo y agónico para nosotros,
los románticos de siempre.
Misterios regresan como preguntas.
Necias y casi incompatibles con la sustancia humana,
cifras de la sinrazón y el alma
son las horas de tigre, de zorra, y de cerdo.


*

Poemas inéditos para PROMETEO


Certidumbre


El mendigo ha regresado
vértigo ajeno
con ese extraño melindre que lo descubre todo
con esa mitad de explorar para humillarnos
desconociendo nuestro desamparo
ignorando con su aristocrática siniestra
que purga en los residuos de la madrugada
frente a su gesto oculto.
La línea del mendigo ha retornado
muerde la calle
armándose con las partículas del destierro
más real que antes.
¿Es un signo, una cabeza desnuda
un amigo o un ladrón
en mala racha?
¿Qué gloria o que sombra
salta de sus cuencas
penetrando la inocencia?
El protagonista y el círculo
son cómplices
frente a los imperativos del tedio
viniendo de atrás
recogiendo talento, materia, abandono
simulando ser mendigo y ser parábola.

Preludio

¿Es la muerte?
Puede confundirse el monólogo
con el balance de las apuestas perdidas
el fraude de los sueños
la hora de imposibles amistades.
Y esa conciencia taciturna
alimenta mi resistencia frente al horror
del ateo desnudo
que como el tiempo
duda.
Estoy largamente
para redescubrir que la gota,
el río, el mar,
son más antiguos que la casa,
el puente, el barco,
más antiguos que mi madre incluso
y tienen de la muerte al invierno o al ciego
pero no se destruyen.
¿Qué es el rey?
Un pálpito de poder,
pero el amigo es la suma,
la voz es la suma,
la vertiginosa razón de mis vigilias
que cuenta cada mañana, y duda.

El viajero invisible

¿Qué otro ciudadano puede ser,
qué otro patriota, puente, o animal?
Un otro
incapaz de compartir su silencio,
devorando la realidad como quien
multiplica sus angustias
y practica la amistad sin concesiones.
Existe el lobo solitario,
o el páramo invisible
o el largo segundo
de los desencuentros.
Existe la vergüenza del viajero
o el niño o el cáncer,
trágica es la imagen
de la mujer final,
como el desamparo de la tierra
o la bestia sollozante.
Hay profesiones inventadas por la soledad
como el maratonista, el gladiador,
el centerfield, el mago,
el jugador de solitarios,
y todos bajo el acecho de la sociedad.
Pero ni aún así,
ni por solemnes, ni por suicidas,
ni por huérfanos,
ni por lucero absoluto.
Cuando su luz nos anuncia
buscando al último testigo.
Sólo de eternidad me encuentro
a pesar de la música de mis órganos,
de mi mujer y mi hija,
sin documento, profesión o leyenda
que ampare mi escritura
y libre mi demonio.
Sólo de eternidad
porque no ceso de pelear, y sueño.

*

La mano rutilante
es la quimera
del hombre en su primera edad
es la semilla de su sabiduría.
Y es el barco de papel
la estrella
la piedra en el placer.
Parábola y homenaje
todos a una
como el bastimento de la travesía
cuya proclama inicial
es ese tentar
mi mano con mi mano
en el vacío.

  *

Norberto Codina   nació en Caracas, Venezuela, en 1951. Poeta y editor cubano-venezolano. Desde hace veintisiete años dirige la revista de arte y literatura La Gaceta de Cuba.
Ha publicado los libros de poesía: A este tiempo llamarán antiguo (Premio David 1974. Unión, 1975); Un poema de amor según datos demográficos (plaquette, Extramuros, 1976); Árbol de la vida (Colección Foro, 1984); Los ruidos humanos (mención Premio de la Ciudad de La Habana, Extramuros, 1986); Lugares comunes (finalista del Premio de la Crítica. Letras Cubanas, 1987); Poesía V (UNEAC-Ministerio de Cultura, 1988); Cuaderno de travesía (antología, Unión, 2003); Los ruidos humanos (antología, Mucuglifo, Mérida, Venezuela, 2004); Convexa pesadumbre (Letras Cubanas, 2006 y Monte Ávila, Venezuela, 2006); El leve viaje de la sangre (Isla de libros, Bogotá, Colombia, 2013; segunda edición ampliada Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2014); En el año del conejo (Ediciones Doblefondo, Bogotá, 2014).

Mereció en 1996 la Distinción por la Cultura Nacional otorgada por el Ministerio de Cultura de la República de Cuba; en 1997 la Medalla Raúl Gómez García, por más de veinticinco años de labor en el sector cultural; y en el 2006 la Medalla XX Aniversario de la Asociación Hermanos Saíz. En el 2002 fue merecedor del Premio Nacional de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro. Ha recibido igualmente, en su país natal, la Orden Batalla de Carabobo en su tercera clase, y el Botón de Honor de la ciudad de Mérida.

Es miembro de Latin American Studies Associaton (LASA), y miembro de las asociaciones de escritores de Cuba y Venezuela. Colaborador de la Fundación Nicolás Guillén. 

Poemas y recusos sobre Norberto Codina Ecured
Publicaciones de Norberto Codina La Jiribilla
Articulo sobre Gustavo Pereira Cinereverso.org
Poema Ebooks Google
Rodrigo Moya: La imagen insurrecta Por Norberto Codina
Última actualización: 28/06/2018