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Peter Boyle (Australia, 1951)

Por: Peter Boyle

Poemas inéditos para PROMETEO

César Vallejo

Muerto estos sesenta años en París
donde la lluvia y la nieve una vez más
sepultan los hambrientos bulevares,
te detienes con la cabeza inclinada,
sobre lo que parece ser una lápida,
el amplio sombrero de un ranchero en tu mano
y con la mueca de un hombre que todo lo pierde en una riña de gallos.
Amigo,
escucho la aguda canción que flota bajo tu aliento.
En la más oscura pesadilla convocando los nombres de todos los colores,
tú murmuras tan silenciosamente
la dicción salvaje de un químico cerebral.

O te encuentro en el hospital
donde las brilladoras zumban
enormes círculos sobre el piso iluminado por la luna.
Los rayos x clavados sobre la pared,
sus negros garabatos
ensartando el dolor de la tierra al dolor de las estrellas.
Un blanco pájaro te visita diciendo «Abre esta puerta».
La cortina de tu cama de enfermo espera para moverse
como la vela de un barco.
En Perú el caballo de tu infancia
todavía mastica su hierba, sacude sus crines
en la última sequedad del verano.
Un poema o una vida
ondea entre este tan trivial como portentoso asunto,
incorpora el sarcasmo,
reparte su propio apretón de manos.

Y si después de tantas palabras
ni una sola palabra
y si entre tantas respiraciones
ni un solo suspiro
cruza el vacío.

En un sueño despertaste para encontrar el antepecho opuesto a tu cama
cubierto de dinero,
pequeñas monedas de oro y plata que brillan ante ti.
Lo mismo en el cuarto próximo
y en la puerta del frente.

Tales son los desconcertantes regalos entre las cabezas vendadas.
Flor de putrefacción sobre la piel
de uno que guarda el crepúsculo.
Privilegiado siempre con la opulencia del aire,
César Vallejo,
bajo la lluvia de París
buscando el gesto correcto y final,
dando a estas estéticas cosas del más allá
su nombre humano.

Paul Celan

Caminó fuera de Bucarest.
Dejó Viena.
Caminó lejos de sus piernas
de la infancia
del pesado flotar del manzano en flor
del soliloquio de la ceniza.
Salió de sus ropas
de su nombre familiar, de su primera voz.
Dejó Sarajevo, Praga, a Venecia atrás.
Dejó su reloj su brazo derecho
su tráquea
y la mejor parte
de sus impacientes dedos hablantes.
Limpio del tiempo y las puertas
avanzó más allá de sus zapatos, sus interiores, su muerte
y despidiéndose de los cabellos de la orilla del río
de la tersa piel de las conscriptas moléculas
penetró en las aguas del Sena
donde construyó su hogar
-un espacio que brilla con palabras perdidas,
boca que se bebe el cielo,
árbol otoñal floreciendo en su muerte,
savia agonizando desde las flores.

Kinderszenen

1

Tú eres mi amiga.
Me hablas desde un cielo gris y una sopa delgada.
Penetras en mi muñeca con palabras de amor.
Rozas los dedos de mis pies como trigo
para esparcir mi soledad entre los pájaros.
Usas mis ojos
para que yo resplandezca en la oscuridad.

En la sala colectiva de pacientes
la risa está llorando.
El tren sobre la pared
se alarga de marzo a octubre.
Trece, los carros que él tira
lucen como perros salchichas rayados.
El azúcar, manchada de rosado,
viaja desde su garganta hasta sus ojos
y se eleva
como una nube azul de llanto.

2

De nueve, tal vez siete años,
ella tenía un hueco en la cabeza del tamaño de un pulgar.
Caminaba en el abierto mirador del hospital
con la levantadora manchada.
Su rostro ladeado como un hacha mondada,
todas las oscuras constelaciones sobre ella
vaciándose sobre dos ojos ausentes.

Rostros como peras arrancadas de la infancia
- sabios ojos arrugados como pasas -
mi cómplice en la sala de sufrimiento infantil,
resplandece ahora en el cielo nocturno,
fantasma luminoso
que quemas los dedos de la luz del día.

3

Tres de la mañana.
Descansas la cabeza doblada,
aplastada como una tortuga.
Tus pequeñas manos encogidas
dentro del sueño
excavando puñados de remansado calor húmedo,
mientras la boca se mueve constantemente
como si transformara esta extraña inundación
en un suave ronroneo de la voz.
Desde el pasillo te vigilo
pequeño gnomo rey de frialdad alargado otra vez, forcejeando
desde las sábanas,
hacia un cielo nocturno de frágiles años.
Retorciendo los brazos y piernas
nadas contra la embestida de los elementos
mientras la tierra se inclina contra mí.
 

Traducción de Guillermo Martínez González

*

Peter Boyle nació en Melbourne y obtuvo un master en Español y estudios sobre América Latina. Ha publicado cuentos y poemas en varias revistas y en el año 1992 ganó el Premio de Poesía Wesley Michel Wright de la Universidad de Melbourne. Es considerado como uno de los más originales e interesantes entre los nuevos poetas australianos. Con Coming home from the world (Regresando a casa desde el mundo). Boyle fue ganador en 1995 del National Book Council, Banjo Award. En este libro puede apreciarse la capacidad de Boyle para transitar por diferentes lenguajes.

Última actualización: 13/09/2018