English

Weydson Barros Leal (Brasil)

Fotografía tomada de la revista continente

Por: Weydson Barros Leal
Traductor: Jairo Guzmán

                               De Antología de Poesía Brasileña, edición de Jaime B. Rosa.

 

LA SEMANA
 

Debemos amar cuando niños.
Cuando verdaderamente somos
el miedo y la soledad, la alegria y el contento
en cosas demasiado simples, como
cuadrilla en juegos de cartas, dulces, cautelas,
la contigüidad en bancas públicas. 

En la edad adulta no se debe amar. 

No sabe el amor la edad de la razón
donde en sí no cabe con el instinto animal de la pureza.
Décimos amar en un tiempo en que hay el puño de la supervivencia,
pero el amor no distingue el hambre, y una ceguera
no alimenta al mismo cuerpo que el pan royó.
Amamos por piedad, por llaneza,
amamos en agradecimiento,
amamos por pena, por cura, por limites,
por precisión.
Amamos en detrimento, en culpa y abnegación;
décimos amar por pasión
cuando amamos en número,
y ávidos permanecemos auscultando monedas y dientes
en ceremonias y periódicos. 

Amamos por paz y por guerra,
amamos por ódio, por reclusión,
por acabamiento y muerte.
Somos amantes dei companero, que es vácuo
entre el arte y la soledad de los que a solas aman.
Amamos el miedo que no nos deja estar solos,
y amamos a las personas absolutamente solas, solas por nosotros
y que no tienen a nadie más
a no ser los frutos de nuestro conocimiento.
Buscamos amar el futuro y el pasado —
perseguimos el pasado —y ambos no existen
si el amor es dónde y cuándo eternamente: amamos la vida —
la muerte es soledad desentrañada. 

Amamos siempre en 3a persona,
cuando nuestro ciego propósito es un aniquilamiento
en nombre de todas las formas verbales —
amamos cuando somos ciegos.
Y las vidas, como los amores y las muertes —
el amor y la muerte son vecinos
como el odio y la pasión —
siempre acompañadas de ritos y ceremonias ridiculas,
siguen por las calles para repartir flores
y tarjetas de seasons.
Amamos cuando estamos infinitamente dolientes
de una muerte que se recupera —el amor es caída
y levitación.
Seamos más nuevos,
envejezcamos como quijotes que generan sueños e ilusiones —
el amor es esto. 

Y no sabremos vivir otra vida sin muerte
como no se cae sin estar de pie,
como no se ve el sol sin estar de pie,
como no se debe decir cómo
acaban los poemas,
cómo terminan las penas,
cómo acaban el amor y la semana,
o cómo ambos se renuevan.

 

EL OTRO DÍA
 

          A Iván Junqueira
 

¿Qué conmemoramos?
Aún el tiempo es su antigua hambre,
único alimento de nuestra inversa construcción.
Al fin, es la misma estación, el mismo indicio: duna
que la luz mueve con los remos de los días.
Bajo el ojo íntimo de todo, brindamos la boda del señalado registro,
y cada hora es una misma cruz a la orilla del mismo camino. 

Encima de los tejados se encienden cuerpos, silencios, estruendos,
mientras la noche balancea su criba de luces.
De la boca de cada ventana escúchase el hálito
de alguna música. El mundo se inventa
en la melodía que escucha—
busca el incendio
el eterno fuego —
quiere el cuerpo ya su danza —
y todavía el tiempo se respira a sí mismo
en busca de su fin, su recomienzo.
¿Qué conmemoramos, si es ese fin
la inevitable dirección?
¿Es el fin, entonces, la fiesta?
¿El desenlace de las manos, todo lo que nos reserva?
La noche hace rígidos sus miembros, enfría sus muros,
bebe las sombras de su propio luto.
Es el tiempo en nuestra frente, la luz, el día,
y tal vez, por eso, conmemoramos.

 

Poemas inéditos para PROMETEO

Oda a la noche

II

Oh noche de fulgurante aparición
que invade con su teta
el delicado gesto
de la tarde, música de fiesta
y júbilo,
nueva como el sol
en el pescuezo del mundo,
verso de la luz
en que todo bebe,
llama en vez de flores y
melodía ungida.

Noche que cantas
en un campanario eterno,
cordero que pace
sobre la piedra del universo,
maremoto intacto
alimentando de sal
los campos de la luz,
corazón humano en consumada
tentación,
agua que duerme
para el sudor del mundo.

Noche por todos seremos sentido,
civilización por quien la tierra
se reinventa y encuentra el mar,
carabela en llamas, claraboya
de nuestro interior habitado.

Noche que se completa por el silencio que imana,
por el silencio que ahora pace
sobre el descanso de los colores, que la vida,
esta vaga,
dona al origen
cuando en la arena
el mar explota y se apaga

VI

Noche,
exuberante misterio
del idioma de la luz,
vasija donde el día
sumerge su cuerpo
y yo vengo a beber
de su taza de paz.

Haz de oscuros,
invadido de nombres,
celebración de una barca
que reposa y se
mueve
para la otra orilla,
extensión renovada
por los ojos que la buscan,
ojo que fatiga, muestra
y conserva
la suprema intimidad.

Gruta habitada
por enigmas que crecen,
urdimbre que a pocos
revela
el inusitado ingenio
que nos permite existir,
verso de un pájaro
eternamente posado,
de alas cuyo descanso
es el trabajo secreto
del tiempo.

VII

Enciende el carbón
su metáfora de luz.
Como un cielo
asfixiado por alas,
manojo de flores iluminado
por el canto de un lobo,
su hoguera lleva
una barba intocable.
Labranza nocturna
de la admonición de la madera,
oscuridad que protege
el tambor de la tierra,
confidencia inmersa
en todo lo que crece
sin ver la luz,
raíces, tubérculos, yacimientos,
saudade
de los muertos,
no revelada velocidad
de los dientes de piedra,
veleta de bruma
que la claridad sopla.

Noche que pasa
con su fanal
declarando en todo
el amor de su anhelo,
bebiendo en cada boca
la silenciosa leche del nácar.


Weydson Leal nació en Recife. Ha realizado estudios de literatura portuguesa, hispánica, francesa e inglesa. En 1985, publicó un libro de poemas titulado Agua e pedra. En 1988, recibió el Premio de Poesía Mauro Mota, con el libro O aedo. En 1989, O Aedo recibió el Premio Othon Bezerra de Melo de poesía de la Academia de Letras de Pernambuco. En 1990, con el libro O ópio e o sal, ganó el Concurso Literario del Estado de Pernambuco, recibiendo el Premio Mauro Mota. En 1991, O ópio e o sal recibió la 1ª Mención de Honor del Premio Jorge de Lima en el Concurso Literario de la União Brasileira de Escritores/ Río de Janeiro. En 1994 publicó, Os círculos imprecisos. En mayo de 1997 publicó, el libro de poemas A música da luz. También en 1997 escribió la biografía del artista Francisco Brennand, publicada por el Ministerio de Cultura de Brasil como parte del libro Brennand. En 1999 publicó, un libro de poemas Os ritmos do fogo.

Ha escrito algunos ensayos y comentarios sobre las obras de Rimbaud, Rilke, Baudelaire, Mallarmé, Derek Walcott, entre otros.

Última actualización: 05/11/2021