Festival Internacional de Poesía de Medellín

Medellín en el poema

Edoardo Sanguineti (Italia, 1930)

hubiera dado un tesoro, por esa minitarjeta agotada (la número 16, en la vitrina especial de la droguería) que decía, en clave, este enigma: T.Q.M.P.T.L.V (hubiera sido un derroche insensato): (pues aprendí, poco después, en el primer piso de ese Gran Hotel, del coro de las queridas muchachitas (dirigido, obviamente, por Isabel Amalia): la última noche le escribí una esquela: de puño y letra, le dije: eres la niña más linda de Medellín, la más hermosa de Colombia, la más magnifica del mundo entero) que esa sigla la conocen todos (y todas): ( la solución, en todo caso, para quien no la supiera, es, precisamente, como siempre: te quiero mucho): y el resto, lo oculto): me explicaron asimismo el sentido mamado (adj) y de chiste (s.m.), en la misma ocasión, y todo ocurría según las vueltas las vueltas de mi elocución casualmente, en círculo, poniendo en neutro, dejando ir): ahora que pienso, y que te pienso: y me pienso, y me arrepiento): (no te niego el resultado pleno, te revelo el misterio inexistente: será en efecto, por lo poco, lo nada que me queda, que es para toda la vida, que te quiero):

Traducción de Martha Canfield

*

Paul Dakeyo (Camerún, 1948)

Quisiera revisitar la historia
y dejarme invadir para pensar que Medellín
es mi otra ciudad una ladera del país
que llevo en mi corazón
como un techo de cielos y soles
mi otra ciudad tallada en la piedra
montañas como un inmenso escudo
con sus calles paralelas secretas y altas
donde deambulan entremezclados
hombres y mujeres y niños de este país profundo
donde el hombre enfrenta la vida
digo hola
a los que trabajan la tierra
a los que andan con su tarro vacío
en la ciudad o su plato lleno
los pobres los ricos los carretilleros
los emboladores los policías
los ambulantes de todo y estos
que venden el alcohol del olvido
digo hola a los mendigos a los conductores de buses
toreros en la arena de la calle
digo hola a las monjas a los curas
paseando su majestad celestial
digo hola a Simón Bolívar
a los obreros de la palabra que son los poetas
a los niños de la calle que son mis soles
a las putas pálidas
aquí está la ciudad con sus discotecas y sus moteles
su metro aéreo y lleno de vida
tráeme un mango maduro que voy a mamar
como un pecho suculento
tráeme una guanábana jugosa
como la leche de mi infancia
tráeme la piña y las arepas con miel espesa
y el aguardiente de estas montañas sagradas
tráeme aguacates y una mazorca olorosa
asada al fuego de la leña
Pero ¿dónde están los poetas para celebrar conmigo?
Medellín la bella
miradla desde lo alto de la montaña
mirad sus calles con vuestros ojos de sílex puros
para urgir el canto de mañana
escuchad sus campanas de bronce
y sus trompetas nocturnas
y las señoritas os traerán
una vela encendida un ramo de flores puesto en el pecho
y una flor en el bolsillo
para escribir en fin un gran poema para el pueblo
y la ciudad de Medellín Medellín Medellín
con sus sílabas densas

Traducción del francés de Bénédicte Dakeyo.

*

José Mena Abrantes (Angola, 1955)

Sin título

A Medellín, un día después

los mil ojos de Medellín
brillan espantados en el valle
como un volcán derramado
como una herida
de luz

en el jardín de piedra
y muerte
contrariando
su curso
gotas de lluvia
y de sangre
explotan de la tierra hacia el cielo

la noche se detiene
lejos
se encienden
relámpagos
apenas para confirmar
de las nubes
el frío llanto

los mil ojos de Medellín
brillan espantados en el valle
como un volcán derramado
como una herida
de luz

Medellín, 11/6/95.

*

Rosa Alice Branco (Portugal)

La montaña sagrada

Era de noche cuando llegué a Medellín.
La luz sagrada de la poesía
descendió de los cerros
como semillas cayendo en mi cuerpo
y yo me sentí fértil
con el aliento purísimo de los animales
y la sonrisa verde de la tierra
Las luces venían del santuario del silencio
donde el hilo del mundo
se teje en la mano de las mujeres
y las manos de los hombres son como
platos de balanza
que sostienen el equilibrio del mundo
en torno de su nada.

Si puedo ser yo la ofrenda
me yergo en ti, montaña vertical,
para que aprenda a seguir tu hilo
y me acuesto en ti, tierra horizontal,
para que yo sea una de las semillas del poema.

Medellín, junio de 1997.

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