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Carmen Matute (Guatemala)

Fotografía tomada del diario Prensa Libre

Por: Carmen Matute

 

(Inéditos)

Post Coitum

En las noches quietas
pobladas por cuerpos
de levedad salvaje
por el olor de grávidos ciruelos
y espejismos en que el deseo
como un puñal mohoso duele
tu placer me aniquila
-irredimible amor-
entre heladas caracolas
y corolas lívidas

Luego
un cántico se inclina
bajo el peso del deleite oscuro
y la pregunta triste

 

Autorretrato

Mentira:
el perfume
la voz
el encaje
la mujer de plástico
flor y ángel.

Verdad:
esqueleto y piel
angustia
pensamiento
eterna herida
inacabada.

 

Carta al amante

Por recorrer tu piel a pedacitos
olvidé la piel agrietada
de la patria,
dejé de andar por sus caminos,
no llegué hasta sus aldeas,
ignoré el hambre y la violencia,
sumergida en un orgasmo inacabable.
Así me fui volviendo caracol.
Me fui volviendo tortuga,
oculta en las profundidades de su casa.
Vivía inútil, cantando
como la cigarra de la fábula.
Mi casa no tenía puertas ni ventanas.
Monumental, ¡el egoísmo me envolvía
en su crisálida!
Sin embargo, nuestro amor crecía.
Nuestro amor, que ha sido
un diálogo de años.
Un amarnos a besos,
a golpes a mordiscos.

 

Deseo

Aún deseo
mis antiguos tiempos
fetales,
en que fui pez
opalescente y ciego.
Mis tiempos de transparencias
líquidas
cuando la premonición
no se aglutinaba en mi garganta,
y el dolor
imponente me olvidaba.
Aún poseo
el dulce anhelo
del retorno al líquen,
al húmedo,
indefinible origen.

 

Magia erótica

Me disuelvo
en la magia
giro
en medio del fruto
pulposo
oigo
el suave ruido
de la brasa encendida
el lenguaje húmedo
anclado en la boca.

Un tambor anuncia
tu pulso
tu obscuro río.

Cerrados los ojos
te miro
me miro
honda ceniza soy
ahora.

 

Presagio

Tras las ventanas que tamizan
la luz del sol que muere
aguardaba
el amor de un joven fauno,
su ternura despiadada,
su plenitud un poco melancólica,
el abismo
y la certeza del pecado
que me acechaban en el fondo
de la noche
fogosa de su boca.

Tras los párpados
guardaba ya
el dolor
de su mirada en sombra,
su proclamado
corazón infiel
de su olvido
la ciega certidumbre.

 

Yo admiraba tus manos

Yo miraba tus manos
e inventaba historias
de aleteos
sobre mis pechos,
de roces suavísimos
entre mis muslos.
Al instante
pétalos y plumas acudían
en una lluvia inesperada
a mojarme los sentidos.
Aprendí así a estar
eternamente
sedienta de panales,
mientras
miraba yo tus manos.
Encabritado
mi deseo se enredaba
entre tus dedos
mientras un mar tibio
me bañaba
en un amanecer sin viento.


Carmen Matute Guatemala, 1944. Licenciada en lengua y literatura hispanoamericana de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Ha publicado los libros de poesía Círculo Vulnerable (1981), Poeta Solo (1986), Ecos de casa vacía (1990);  Los designios de Eros (1994); Abalorios y espejismos (antología, 1997); Casa de Piedra y Sueño (1997), En el filo del gozo (2002), y Vida insobornable (2004). Todos estos libros fueron reunidos en Memoria intemporal del fuego, libro publicado en 2013 por la Editorial Cultura del Ministerio de Cultura y Deportes. En narrativa ha publicado, en coautoría con Elizabeth Andrade, El Cristo del secuestro (2006). Ha sido galardonada y reconocida con el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias (2015), la Medalla de la Orden Vicenta Laparra de la Cerda, otorgada por la Asociación Cultural Vicenta Laparra de la Cerda (2007), y el premio único en la rama de cuento de los Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango (2006). Parte de su trabajo ha sido publicado al inglés, italiano, y francés. Ha sido representante de Guatemala en el 7º Congreso de Poetas y Escritores de Latinoamérica, Estados Unidos y España.

Última actualización: 17/11/2021