Festival Internacional de Poesía de Medellín

Agua


Qué hondo viaje tortuoso habrás hecho haces agua, rostro puro del universo. Cuánta tierra de ignominia, odios, minas, cuántos bosques, oleajes distantes, perdidos acantilados, ignoradas profundidades, ecos que ninguna grabación del mundo atesora, habitaciones de soledad de espanto, parques de aullidos solitarios, cantos de rebeldes sinfonías que tal vez provoquen sismos todavía. Dónde habrás andado, qué transeúntes vientos susurran salmodias de futuro en tu vientre guerrero, generoso, antes de esta cita matutina, solitaria, casi a ciegas, agua pacífica que llegas a bañarte con la primera luz hogareña -este halo de bondad nunca superado por otro azar humano- en mis ojos, en mi piel, en mi ser, desnuda en mi corazón, tatuada con tu voz de tantos viajes en mi cuerpo colmado de viejas cicatrices, odios de largo aliento de negro rencor que tú, agua con murmullo de nueva sacerdotisa, de ballena terca venida desde lejos, desde muy lejos, apaciguas. Habrás visto dichosa, jugueteando cerca de su falda, a su leve temblor de piel, a su alborozo secreto, una muchacha leyendo risueña a Don Quijote, y tomada por esa loca alegría que aun agitará al mundo vienes, díscola, a lavar mi costado, a preparar mi armadura contra el día. O en algún lugar distante del hombre y sus sobrevaluadas conquistas te habrás topado con la Guerra del Fin del Mundo del inmenso Llosa y gustosa has venido vienes a darme noticias de sufrientes que por fin triunfan, mientras limpias mis extremidades nunca caminantes del afuera en verdad.
¿De dónde vienes agua? -Insistes en hablar-conocemos el horror de tus inundaciones, tu claro gorjeo voraz hasta aullido indetenible- de la suciedad que gobierna los seres, el planeta entero, y fluyes entreteniendo mis átomos, exonerándoos del lodo y sus hoscos lenguajes con tus brazos suaves. ¿Por qué?

 

Muchacha que cruza


Muchacha que cruzas ante mi ventana, impasible con el universo. No adviertes la desmesura de los ojos atrapados de inmediato en la enredadera de tu piel, un nuevo ser que mirándote desde sus negras rejas es una vieja oruga impaciente en un reino que de pronto deja de pertenecerle -contigo la majestad, la hermosura de la juventud, toda la belleza en ti, extraordinaria, selecta palmo a palmo en tu cuerpo,¡Dios, nadie volverá a verte así!-. Mis tránsitos futuros inundados por el bautizo poético de tu ser que nunca cesará de pasar, los veo.

Ninguna impaciencia afea tu ajuar, la canción que dictas al día es un metal multiplicado de alegría de dolor y los radares delatan la sinfonía de tu paso, en la intimidad. Cruzas y rompes mis nubes seguras tanto tiempo, inmodificable bastión de una existencia sin traumas ni delirium tremens hasta hoy porque tu aurora mágica desordena mi cuarto para siempre. Cruzas, única, risueña y es como si un destino no cumplido hubiese llegado a instalarse en mis rodillas. Una vez más la desolación instaura sus carpas de fracaso en mi patio, un inmisericorde pasar que entreveo y se augura sin abrigo ya, sin aurora. Se astillarán los días en fulgentes momentos aventurándote un nombre, bastará sólo recordarte. Se respirará cada instante como el último, lo sé en esta fugacidad de vida regalo de tu rostro encendido bajo el sol. ¿Cómo hablar con tu mundo en tus cornisas de deleite, cómo mirar, en adelante? ¿Cómo respirar, cómo alargar la mano para detener tu viento, sin temblar? ¿Cómo encender la cerilla de un encuentro entre las densas sombras de tu futura lejanía?
Por volver a mirarte se inclinará la vida -este canto de erizados lamentos-, el tiempo tal vez traduzca en oleajes para otros encuentros, otros bailes esperados, el viento que besa tu cuerpo y te aleja impiadoso de mis manos.

¿Comprender ahora la absoluta soledad, esta terrible mismidad sin aura en que nos sume tu presencia; saber que el tiempo, sus goznes de prematura vejez traen de golpe a mis alforjas de existente el mal sabor de los deseos no satisfechos, deberá serte agradecido?

Inédito


Quien arde más allá de lo que dice


Más allá de la palabra
en la morada dolorosa o feliz
del corazón que entrega su aliento
cuando habla sin bozal
y cada delicado gesto de su red
significa una intensa fiesta de vida

eso que vibra
más allá...,
gritando por decirse
a quien quiera comprender
a quien pueda comprender :
Aquel que hurga en el cuaderno de los sueños
para hallar su propia hondura y su esperanza
-el rostro visible de su propia escritura-
en el vivo lamento de ceniza
de una voz que aspira hacer sentir y ver,
debe saber y deberá saber
-si puede conocer y quiere conocer-
que allí
en el sencillo y cálido centro de la palabra
donde habita el ser que busca entregarse
arde la llama de Alguien presente
ese que dice su fiesta o su dolor
un Quién que ya no quiere más
permanecer desconocido,
un Quién que ha puesto su llamada en vuelo.

Edgar Trejos. Fotografía de Sara MarínEdgar Trejos Nació en Riosucio, Caldas, Colombia, en 1956. Ha publicado los libros de poesía: La Casa del Frío, 1983; Alas para la Noche, 1994 y el libro de poemas para niños Fogatas para una infancia feliz. También publicó el libro de cuentos Sueño para olvidar. Gestor cultural en proyecciones literarias comunitarias y promotor de lectura. En la actualidad, docente de talleres de creación literaria en la Universidad Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid, la Casa de la Cultura de Envigado y la Casa de la Cultura de San Antonio de Prado. Integrante de la Casa de Poesía Porfirio Barba Jacob; codirector de la revista Poética; miembro del comité de redacción de la revista literaria Árcades de San Antonio de Prado; editor de El Son del Viento, publicación de escritores colombianos; miembro activo de la Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa -Relata, a través del Taller Pluma Encendida, de Envigado, del que es el director.

Actualizado en agosto de 2013

Mapa del Sitio
Gulliver: