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Juan Bautista Velasco (Colombia, 1947)

Juan Bautista Velasco (Colombia, 1947)

(Inéditos)

En el embarcadero

Risas:
Inventos de luz.
Manos que trazan
nítidos surcos
en el aire radiante del medio día.
Tumultos de cuerpos cimbreantes
que llevan con gracia
en sus cabezas
bateas de frutos vivos del trópico.
Rotundas caderas,
perfectas redondeces,
sólo presentidas
bajo las suaves faldas
con las que juega la brisa.
Corrillos de amigas reencontradas
-vecinas de diferentes orillas-
que en voz baja se cuentan
las hazañas de sus hombres.
Carnosos labios
que juegan con las palabras
sorna graciosa de los gestos.
Ojos que todo lo miran

y todo lo descifran
y todo lo invaden
y todo lo penetran
negros ojos de las noches
más negras de la selva.
Y la piel:
jagua donde la luz
se refugió para siempre
hasta perderse,
lustroso espejo del agua,
manto purificador de
carnes sangrantes.
Barullo feliz de mujeres negras,
en el embarcadero.
Y al final de la tarde
cuando todas ellas
hayan partido,
amazonas en sus celosos potrillos,
renovando con sus remos
las eternas aguas del río,
el hombre, que se quedó
en la orilla
ciego y equivocado
seguirá insistiendo,
torpemente,
en busca de motivos
para escribir un poema.

Juan Bautista Velasco Mosquera nació en Quibdó, Chocó, en 1947. Fue el fundador de la Tertulia Literaria Sueños de la manigua, en su ciudad natal. Se ha desempeñado como periodista cultural. Ha sido incluido en diversas muestras de poesía chocoana. Entre sus libros inéditos, se encuentran: La piel del recuerdo; Canciones para María Conga –En el embarcadero para Paimadó-; y, Orillas y Ritos.

En el embarcadero

Risas:
Inventos de luz.
Manos que trazan
nítidos surcos
en el aire radiante del medio día.
Tumultos de cuerpos cimbreantes
que llevan con gracia
en sus cabezas
bateas de frutos vivos del trópico.
Rotundas caderas,
perfectas redondeces,
sólo presentidas
bajo las suaves faldas
con las que juega la brisa.
Corrillos de amigas reencontradas
-vecinas de diferentes orillas-
que en voz baja se cuentan
las hazañas de sus hombres.
Carnosos labios
que juegan con las palabras
sorna graciosa de los gestos.
Ojos que todo lo miran

y todo lo descifran
y todo lo invaden
y todo lo penetran
negros ojos de las noches
más negras de la selva.
Y la piel:
jagua donde la luz
se refugió para siempre
hasta perderse,
lustroso espejo del agua,
manto purificador de
carnes sangrantes.
Barullo feliz de mujeres negras,
en el embarcadero.
Y al final de la tarde
cuando todas ellas
hayan partido,
amazonas en sus celosos potrillos,
renovando con sus remos
las eternas aguas del río,
el hombre, que se quedó
en la orilla
ciego y equivocado
seguirá insistiendo,
torpemente,
en busca de motivos
para escribir un poema.

Zona salvaje

Habituados a pasar de estepa a aurora boreal
de sextante a brújula
los bordes dentados de la locura
sometían a su engranaje de hueso pulido
un agua dura venida de la noche
donde
unos dedos afilan los sonoros alfileres de una voz
que esparce un rock de relámpagos

XXII

Oye la voz, recuerda
el eco,
reconoce
aquella G inventada,
sabe
que nunca llegará,
que es torpe
su andar
en el desierto.

Lleno de G,
debilitado y solo,
abierto en dos sobre la arena,
oye Gudrum,
Gudrum,
busca los restos,
el olor amarillo de su templo,
sus desgarbadas piernas
la cintura celeste,
el ojo pálido de dios
burlándose,
el cielorraso azul
de sus caderas,
su mirada burlona,
la impudicia
de su errar,
la huella ahí,
el testimonio
de su paso.

Todo perecerá,
después de todo,
siente
la desgarradura,
jura,
se promete que nunca
pronunciará
esa letra desolada.

Se duerme entonces
con suavidad y sueña
en G,
ve que regresa,
habla
sin rodeos,
le dice
que despierte,
que no cuente con ella,
que es inútil,
que ponga los pies sobre la tierra.
Gudrum, Gudrum
dice la sal
en la Chocolatera,
en los revolcaderos de Mar Bravo,
en el celeste intenso
que lo ahoga.
Calla por eso el hombre y sigue atento
a cada señal de su esplendor,
las huellas lejanas de su olvido,
la conciencia atroz de que la inventa.

Miguel Donoso Pareja nació en 1931, en Guayaquil, Ecuador. Ha publicado, entre otros, los libros de Poesía: Los invencibles (1961); Primera canción del exiliado (1964); y, Cantos para celebrar una muerte (1977). Como cuentista, destacamos sus libros: Krelko (1962); Lo mismo que el olvido (1986); y, El otro lado del espejo (Antología personal de cuentos, 1996). En su amplia trayectoria de escritor, se ha destacado también por sus novelas, ensayos y artículos periodísticos.

XXII

Oye la voz, recuerda
el eco,
reconoce
aquella G inventada,
sabe
que nunca llegará,
que es torpe
su andar
en el desierto.

Lleno de G,
debilitado y solo,
abierto en dos sobre la arena,
oye Gudrum,
Gudrum,
busca los restos,
el olor amarillo de su templo,
sus desgarbadas piernas
la cintura celeste,
el ojo pálido de dios
burlándose,
el cielorraso azul
de sus caderas,
su mirada burlona,
la impudicia
de su errar,
la huella ahí,
el testimonio
de su paso.

Todo perecerá,
después de todo,
siente
la desgarradura,
jura,
se promete que nunca
pronunciará
esa letra desolada.

Se duerme entonces
con suavidad y sueña
en G,
ve que regresa,
habla
sin rodeos,
le dice
que despierte,
que no cuente con ella,
que es inútil,
que ponga los pies sobre la tierra.
Gudrum, Gudrum
dice la sal
en la Chocolatera,
en los revolcaderos de Mar Bravo,
en el celeste intenso
que lo ahoga.
Calla por eso el hombre y sigue atento
a cada señal de su esplendor,
las huellas lejanas de su olvido,
la conciencia atroz de que la inventa.

Miguel Donoso Pareja nació en 1931, en Guayaquil, Ecuador. Ha publicado, entre otros, los libros de Poesía: Los invencibles (1961); Primera canción del exiliado (1964); y, Cantos para celebrar una muerte (1977). Como cuentista, destacamos sus libros: Krelko (1962); Lo mismo que el olvido (1986); y, El otro lado del espejo (Antología personal de cuentos, 1996). En su amplia trayectoria de escritor, se ha destacado también por sus novelas, ensayos y artículos periodísticos.
Última actualización: 28/06/2018