Festival Internacional de Poesía de Medellín

Miguel-Ángel López Hernández
-Vito Apshana- (Colombia, 1965)

Inéditos en español

Palabra
5

 Nosotros sabemos que el día
tiene un huequito donde se sostiene el mundo
Ahí ponemos nuestros oídos y escuchamos
los latidos de todos los corazones.

  Por eso llamamos a la vida: sereno temblor.

Palabra
6

En Alwaka los pájaros de las frutas
festejan, con pepinillo, el sabor amargo del kanyí.
En Nubiyaka, las mujeres intercambian
las yemas del palmito por las frutas del cacau.
¡Ah! En las terrazas antiguas de Moraka
los espíritus iniciales, nocturnos,
conversan entre cabos de tabaco y sorbos de café.
En Samineyi los Mamas adivinan
sobre piedras húmedas y tejen la música
desde las conchas Kuinguma.

  ¡Ea! ¡Ea! En Teyuna el Pensamiento Madre
habita entre los sueños de una serpiente bejuquera
y los gritos de un mico mochilero.
En el camino de Mackutama a Seiyua
se observan todos los rincones sagrados para el pagamento,
donde los hijos de la tierra negra tributan a la vida.
¡Kuru kuu! ¡Kuru kuu!... En Chibillongui se escucha
la canción de la luna sobre los hombres y sus sombras:
“...animalillos de luz y pensamiento
en mundo de fuego y canto.
Se les pide armonía en los pasos
y, en la muerte, renacimiento”.

Talourumana

  En Talourumana cuelgan, a mi llegada, un chinchorro de curricán
y me ofrecen agua de maíz amarillo para refrescar las palabras
Allí encuentro a mi joven primo Arietush,
hablando, desde el sueño. con los comejenes de la enramada.
Al saludarlo preparamos viaje hacia el cementerio familiar, en Epitsü.
Cuatro chivos rondan, sigilosos, nuestra conversación.
El anciano Saachon humedece a los caballos
y nos despide con dos botellas de Ishiruna.
Los niños nos gritan:
¡Van hacia las estrellas!
¡Van hacia las estrellas!

Y lanzan sus flechitas al cielo
que caen vencidas al pié de un árbol de olivo.

  Desde el camino nos reímos, pues, sólo regresaremos
cuando Iwa (las Pléyades) vuelva a iluminar.

Confesión

  Nací en los senderos del sur de Abya Yala: la serpiente y el jaguar
me recibieron del misterio suficiente...para guiarme hacia el misterio
insuficiente.

  Ayunado entre las hojas de la Ayahuasa y la Ayapana.
Destinado
para la recolección delos guijarros desde los Andes hasta las Rocosas.

  He vivido del agua fresca de mi tía cerca del Cotopaxi.

  Mi familia se extiende aún en los verdes del Vaupés, donde me ungüentan para el amor y, también, en los lares del Oayapok los cuales camino
en medio de espantos y mujeres señoritas.

  Tengo una guarida en los altos de Canaima...y siempre me esperan en las esquinas breves del Cuzco o bajo la sombra de un árbol en el Gran Chaco. Mi espíritu tiene un lugar en la Gran Casa de los Hombres de los Bororo del Amazonas.

  Una mujer negra del Baudó, de lengua Cuna, me sigue amamantando.

  La Coca y el Maíz continúan floreciendo.

Miguel Ángel López (Vito Apshana), nació en Carraipia, Población cercana a Maicao, La Guajira, Colombia, en 1965. Con el libro Encuentros en los senderos de Abya Yala, ganó el año pasado el Premio Casa de las Américas. Abya Yala significa para la comunidad indígena Kuna, asentada en Panamá, «tierra de sangre vital». En el libro da cuenta de los descubrimientos de los universos indígenas latinoamericanos que llevó a cabo durante varios años. Emergen allí el mundo mapuche (sur de Chile), la vida de los Quechua (Perú y Ecuador), los pueblos ancestrales Wayuú y Kogui de Colombia, así como el ámbito de los poetas del México Antiguo. Además de poeta, Vito Apshana es profesor de la Universidad de la Guajira y productor de televisión.

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