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Edwin Madrid (Ecuador, 1961)

Edwin Madrid (Ecuador, 1961)

Inéditos

 

Casi nunca he logrado mantener la calma con una mujer bonita, me he puesto a saltar como una cabra vieja o he roto en ataques de celos que rápidamente las alejaron de mi lecho.
La última de ellas se preocupaba por mí, me hacía mimos y creía firmemente que soy uno de los mejores poetas de estas tierras agrestes. Pero yo en vez de valorar sus sentimientos le tomaba del culo en cualquier sitio.
Ella no comprendía estos gestos míos, creía que se trataban de rezagos de mi literatura. Pero no, era yo mismo apoderándome de su trasero en todo lado. Una mujer bonita es fiesta todos los días y tomarle por el culo es como decirle: ¡Eres más rica que un pan!
Pienso que no debo reprimirme como cuando estoy junto a una fea, por eso tengo estos arranques y le abrazo y beso con fruición como si quien nos mirara fuese a decir: “se la está devorando” Y es que a una mujer así hay que comerla y no dejarla escapar. Pero ya ven ustedes que no he tenido suerte y hoy mismo camino de arriba abajo con una fea.

*

Cuando uno es joven cree que puede echar la casa por la ventana, eso pasó con la gorda. Quise conocer sus misterios; por eso, desde el primer momento empecé a cortejarla.
Donde no mentí fue al apreciar su voz. Me has hecho recordar a mi bien amada Janis Joplin, le dije, y era verdad, desde que empezó a cantar se convirtió en la atracción de la fiesta. Su voz alcanzaba registros insospechados, y era evidente que podía interpretar a cualquier reina del blues o del jazz. Pero como me dijo luego: de algo hay que vivir hijo. Y eso era cantando Bossa nova.
El sudor corría por su frente, y antes de terminar la quinta o sexta canción parecía un Buda envuelto en una túnica mojada.
Yo me había colocado frente al escenario y aplaudía rabiosamente cada interpretación. Me imaginaba a la gorda desnuda haciendo todos esos gestos. Pero cuando realmente se fijó en mi fue al ofrecerle el pañuelo para que secara su rostro. Cantaba con los ojos cerrados, y mientras con una mano sostenía el micrófono con la otra se tapaba el oído derecho; así, era un biombo humano detrás del cual se escondían la batería y el baterista. Me imaginaba subido en la inmensidad de su carne, con mi verga templada tratando de alcanzar su lujuria.
Al terminar el show se despidió de su banda y se sentó conmigo en la barra. Hablamos y brindamos por todas las causas perdidas, parecía encantada, incluso reía de mis alusiones a su figura, y pienso que desde el principio sabía lo que yo quería, por eso cuando salimos de la fiesta y buscamos un taxi me advirtió: vamos a mi casa pero nada de sexo porque hoy estoy muy loca.

*

Yo también tuve una muchacha rubia que estaba loca por mí. Cuando se casó, llamó para avisar y decirme que yo era el hombre de su vida.
Nunca pudo entender que hacer el amor en la cocina, detrás de las puertas, sobre el escritorio, en la ducha, amarrada a los barrotes de la cama, vestida como una puta o enfermera, era el fuego de la pasión, el placer de los cuerpos que no se pueden negar.
Ella empezó a asumir el papel de esposa perfecta. Entonces huí como un potro que regresa a su estado salvaje.
Cuando se cansó de esperarme con la mesa servida a media luz se casó y empezó la vida de putita que después de dos o tres tragos está lista.
Daba vergüenza mirarla interrumpir entre mis amigos, se sentaba en sus piernas y me insultaba. Tenía que tomarle del brazo y conducirla a su casa.
Un día apareció en el bar, tenía los ojos desvaídos y los labios húmedos, como las mujeres rubias de las películas, sacó de su cartera un revolver y me disparó, caí destrozado el corazón, y desde entonces no la he vuelto a ver.

 

Edwin Madrid nació en Quito, Ecuador, en noviembre de 1961. Poeta, realizó estudios de Economía en la Universidad Central del Ecuador y de Literatura en la Universidad Andina Simón Bolívar. Ha publicado, entre otros, los libros de poesía: ¡O! Muerte de Pequeños Senos de Oro (1987); Enamorado de un fantasma (1991); Celebriedad (1992), con el cual ganó el Concurso Nacional Cuento y Poesía; Caballos e iguanas (1993) y Tambor Sagrado y otros poemas (1995). En 1990 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Joven Djenana. Poemas suyos fueron seleccionados por Claude Couffon para la antología bilingüe Poesía Joven Hispanoamericana.
Última actualización: 28/06/2018