Festival Internacional de Poesía de Medellín

Igual muere la huella


El viento esculpe rostros
y tú que vigilas la hierba
desconoces ahora los indicios
de toda eternidad
Fuera de ti
no hay raíces posibles.
¿Cómo nombrarte
sin que crezca la muerte?

 

Apocalíptica

¡Miente la eternidad!
Todo se hunde.
La tarde que se deshace en llanto
La clepsidra.
Las fatales barajas y el oráculo.
Mienten dioses
complejas geometrías
por extraños espejos inventados...
Todo miente.
La luna de otros ojos
el tibio sol prestado.
La noche y su fugaz fosforescencia,
la titilante estrella,
el día amurallado,
el día quieto
el impensable día
¡por otros señalado!
y hasta la huella misma que nos borra
sabe que el tiempo miente
y sólo somos
ese sueño inventado
en los prismas de un cosmos
que olvidó nuestro nombre.

 

Oscura música


El eco tañe su glacial estrella
cuando ya nada
ni un puñado de viento
pregunta por las manos.
Mas he aquí
que ante mi noche
la ceniza anticipa nacimientos;
que he visto aún
al hechicero limo
mezclarse entre la sangre
y bajar por la cuesta
a un perro triste
cuyos ojos buscaron en los míos.
¿Qué pasó entonces?
Una rosa
salpicada de nieve.
¡Y el astro muerto de la Infancia!

Igual muere la huella


El viento esculpe rostros
y tú que vigilas la hierba
desconoces ahora los indicios
de toda eternidad.

Fuera de ti

no hay raíces posibles.

¿Cómo nombrarte

sin que crezca la muerte?

Génesis


Cuando partir
conjugue
los nombres de la hiedra,
y la sombra
así quebrada en dos
mitad ceniza
mitad milagro...

¿dónde Tú el imposible?

Brebaje incierto


Tiendo el alba
y las horas no lo saben.
Niño que fue mi corazón
alumbra otros pavores.
Más allá del relámpago
¿quién habló del sosiego?

Tiendo el alba

¡la gran desconocida!

Tal vez el tiempo

sea mi sombra mayor.

Tal vez mis pasos

desde siempre perdidos
me busquen en errantes ciudades
y tierra a tierra
tengan miedo de hallarme.

Tal vez mi ojo y su estupor

se evadan.
Pánico de encontrarnos
-porque no hay noche
para la ciega estrella
ni memoria que asista
sin desvelarse en luna.

Alma febril que entonces

viste pasar la dignidad de un muerto
con su rostro inefable.

Tiendo el alba

y me signo de amapolas.

Como si fuera un dios

que confundido
busca en mí su dolor,
pasa el silencio.
Cae la lluvia lenta.

La noche y yo

tendremos que encontrarnos
para la fiesta del eclipse.

La noche y yo,

junto al espejo roto,
como si el mismo dios
despavorido
nos midiera en su nada.

Amparo Osorio. Fotografía de SAra Marín. Amparo Osorio  Es de Bogotá, Colombia, donde nació en 1951. Poeta, narradora y ensayista. Ha publicado los libros de poesía: Huracanes de sueños, 1983; Gota ebria, 1987; Territorio de máscaras, 1990; Migración de la ceniza, 1998; Antología esencial, 2001; Memoria absuelta, 2004; Estación profética (Antología personal), 2010. Es Editora General de la Revista Literaria Común Presencia y Codirectora de la Colección Internacional de literatura Los Conjurados, en la que han aparecido 78 títulos en los géneros de Poesía (Juarroz, Adonis, Trakl, Ungaretti...); Cuento, Novela y Testimonio (entre ellos los discursos de los Premios Nobel de Literatura, compilados en tres tomos). Es co-fundadora y Editora general del semanario virtual Con-Fabulación. Obtuvo la primera Mención del Concurso Plural de México (1989), la beca nacional de poesía del Ministerio de Cultura (1994), y el Premio Literaturas del Bicentenario, Ministerio de Cultura de Colombia 2010.


Actualizado en agosto de 2013

Mapa del Sitio
Gulliver: