Festival Internacional de Poesía de Medellín

Ron Riddell (Nueva Zelanda)

Poema inédito en español
De Love Songs for the Dead

Canción para Dylan Thomas

I

¡La página, la página, la sagrada página!
¡Todo loor, todo loor, la tábula rasa!
¡llena las fisuras, llena los espacios!

Tierra, mar, aldea, cielo
sostienen el homenaje:
devoción y amor... son

el soporte de una raza serena,
amamantada y orientada por la lenta furia del sol

¡Suenen las campanas! ¡Resuene el tambor!
en aldeas, ciudades y países

por este poeta del pueblo
por toda su inspiración y su sueño en espiral a la deriva.

II

¡Tan sólo míralo ahora!
Inclinado ante la página,

Con inestimable cuidado,
Con paciente sutileza,

Haciendo sus labores cotidianas;
dando forma a sus cantos de alabanza...

¡Escucha la música inmortal
escapando de su boca dadora de gracia!

Siéntate con él a la mesa:
toma la hogaza, parte el pan

¡Y has una cena memorable!

III

Una casa-bote flotando
sobre el mar –
un país idílico
sobre el estuario...

un lugar, un espacio
al final de un sendero,
abierto hacia el cielo
el reflejo de la marea de luz acuosa

abre la puerta de un camarote
una mesa, una silla,
manchas de café, viejas velas de cera
trozos de papel sobre el suelo...

un lugar, un espacio, vasto como la gracia,
para místicas citas de medianoche,
con paredes cubiertas
de oraciones; formadas por
el amor ofrendado allí
por su redentor todo poderoso...

Y el verdadero precio incierto...
pues al comienzo el don fue simple,
una cierta alegría y sostén

¡No obstante al final del día
la necesidad continuaba al mismo precio!

los secretos frutos del corazón
bien pueden diferenciar a un hombre de otro.

IV

¡Yo, por medio de esta acción, doy gracias a Dylan Thomas!
por el aliento de su palabra;

por los monumentos que erigió,
esculpidos libremente en granito galés:

piedras de amor, carencia y sacrificio,
erguidos firmemente contra la opresión del Atlántico-
el deterioro del viento y la humedad...
Por medio de esta acción, alabo sus labios,
azul azabache y bronquiales,

Ofrendando, ofrendando
una libación de amor
un credo de compasión.

¡Que retumbe la banda!
Has que todos los valles se estremezcan
con un jubiloso himno galés
Oh, déjanos hablar abiertamente;

puesto que el espíritu del poeta
se mueve entre nosotros
¡Plenamente nos conmueve!

V

Mira las señales en el corazón de Dylan
las cicatrices de amor, pena y pasión;
de días inmemoriales;
de anhelo, juventud y gracia.

El corazón se agranda; ya no es
abarcado por su cuerpo.

Aún en su plenitud,
pueden percibirse las voces
de la poesía: de la gente,
riendo, llorando, cantando,
suspirando

VI

En Laugherne dobla una campana:
un lamento de gaviota se desliza
a través del mar batiente, donde
ondulan botes marinos y gorras blancas.

Sendero abajo, en un instante de quietud
la mirada atónita del peregrino recorre su camino:

abre la puerta, desciende
rumbo al cobertizo y a la casa,
hacia la puerta, hacia la ventana,

y en un instante sublime deja
que el poeta lo arrebate

goza del sagrado encuentro entre
los vivos y los muertos...

VII

¡Oh belleza que palideces
ante la ráfaga de la fortuna!
¿Qué queda del soñador?

¿Qué queda de su abrigo harapiento;
del pueril encanto, de los
encantamientos délficos?

¿Qué permanece de la alquimia;
el híbrido, el artificio, las artes secretas?
¿Las líneas de la canción atravesando el océano y la tierra?

Qué queda del “Dylan’s Walk”;
de su peregrinaje de la palabra,
y los renovados gongs matinales;

La canción reinstaurada
del cielo y la tierra
y las brillantes luces danzantes...

Qué queda, qué queda...

Has repicar la campana alta y clara.
 

Traducción de Carlos Bedoya

Ron Riddell nació en Auckland, Nueva Zelanda. Es poeta, pintor y percusionista. Actualmente dirige una librería especializada en poesía internacional que organiza recitales de poesía en Auckland. Su obra poética incluye once libros, entre ellos, Michelangelos Dreams y Breathing Space. Participó en el Festival de Poesía de Tokyo, en el año 2000.
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