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Mohammed Afifi (Egipto, 1935)

Mohammed Afifi (Egipto, 1935)

Esta noche comienza

¿Una eternidad de sombra o una noche cosechando
La negrura de pestañina y nicotina de la arena de las calamidades del Tiempo?
Tus ojos bajo una venda atados, su nudo zozobrando
Entre tu cráneo, y tú apaleado
—Oh último de los cautivos mas no redentor
Tu país tormentoso, su viento y arena puestos en cautiverio-
Y esta noche comienza...
En medio de tus párpados el país amontonado:
dos esferas de amentosa sal
La noche comienza...
El sol, astillas de relámpago, desciende sobre tus ojos
Desde Su sublime reino. Tú gritas
No serás rescatado hasta que tu cara se descomponga de modo repugnante
Sabes entonces que esta noche comienza...
En sus minutos tú cuentas solamente llamadas de rescate por el perdido amanecer
El viento sublevando sus resonancias hasta las lágrimas de Alá en los horizontes
Esta noche comienza...
Dispón una muerte para tu sueño y crea un sueño para tu muerte
Oh paciente cuerpo
No dijiste tú: “¿El miedo es tu peor miedo?”
Devela la llegada del terror
Tamiza tus cenizas, manifiéstate tu mismo
Elige entre los horizontes creados por la atrevida ave Roc.

Mawwâl desde los Jardines de una Mujer

Ya layl, ya ‘ayn, ya layl, ya ‘ayn, *
Yo soy los pasos,
En mi sangre está el sendero,
Soy el sembrado por las inscripciones
En el viento, o el goteado sobre pellejos,
Apagado, precipitado en si mismo,
Frente golpeando en la roca,
Haciendo que el desconocido abra el muro
Entre su cara y la tumba
En el reino de las cosas.
Ya layl, ya ‘ayn, ya layl, ya ‘ayn,
Yo soy el que lleva
Desde las ciudades del horror
Las llaves del tesoro -
Así que levántate: un abismo ondulado
Erguido en mi sendero
Y, a mi vez, yo inicio
La primera de mis encarnaciones
Cayendo entre símbolos.
Ya layl, ya ‘ayn, ya layl, ya ‘ayn,
En mí esencias rezagadas
De musgo acuático y chispas
Y la pasión
Por tejer en telares de nombres;
Llevo en mis dedos argollas
De tu suelo que se fermenta
Con prístino misterio.
Si yo digo ¡Oh árboles!
Verdes capullos estallan en el cuerpo
Y frutas caen en mi boca.
Si digo ¡Oh cielo!
En las esferas de los ojos
Las estrellas de la oscuridad y del día
Se redondean.
Si digo ¡Oh creación!
Flores del pecho y soleada pelusa
Encarnan el estremecer de las ciudades
Nacidas de la unión
De estirpes de sangre e inscripciones.
Ya layl, ya ‘ayn, ya layl, ya ‘ayn,
El delirio me desborda,
Estaciones de cosecha yacen pesadamente
En mi memoria,
Mi cabeza, densificada por el poder y la poesía,
Cayó adelante, yo dormitaba...
Mi cuerpo: la tierra excavada;
Creación: un puño de mi arcilla;
El pueblo: mis niños;
¡Ya layl!

* Oh noche, oh ojo

Mawwâl de la Mirada Distante

Oh tú que escuchas mi voz,
Cuando quiera que negros cuervos graznen
A la hora de la mañana alta,
Cuando quiera que entonen oscuridad las emociones
O un búho cante en la decrépita percha,
Respondiendo a las modulaciones de mis estados

En los escombros del alma.
Oh tú que me escuchas,
Mi voz es un tatuaje de gacela;
Serpientes enrolladas en sus mapas,
Cuerdas a través de cuerdas,
Una telaraña tejida laboriosamente
Por un conjunto de tempestades.
La camorra es la última cosa
Mi morada en ruinas preservada para mi:
Ascuas del corazón quemadas entre su arena,
Amor: el espejismo de una silla de elefante en su desolación,
Corriendo e irradiando siempre que me mueva o permanezca,
¡Ya layl!

Mawwâl del Bardo

Hago el llamado
Sólo si se me escucha,

O éste alcanza a alguien...

El desovillar del río
Sobre el suelo del discurso:

Nada sino una tierra con sangre de arcilla;

La tierra cabeceaba bajo el vidrio de la oscuridad,

Fundiéndose en él,

Cuando la joven yegua del arghûl soltó
La tensa brida;

El bardo,

Ante la dispersión de los invitados y la fiesta de bodas,

Lloró su amor, año tras año.
Ya layl, ya ‘ayn, ya layl, ya ‘ayn, ah
El rostro misterioso del país
Trazado por la visión:
Laberintos de pájaros en nubes de tormenta,
Y el río creciendo, sus riberas
Una suerte de profundo sueño.
Las ruedas hídricas sólo sueñan
En la herida y la sangre
Alojada en la arcilla
Y en el alimento del destete mawwâl,
Ya layl, ya ‘ayn, ya layl, ya ‘ayn, ah
Se me escucha,
Solamente si llego a alguien...
Fantasmas sobre el río fanfarronean
Y nidos de paloma decorados con sangre
Entre los pasos y el cieno,
Una aurora de sangre flotó sobre el río
Arremolinando sus brazos y atuendos
Y una cara desde las envolturas de la muerte miraba a hurtadillas,
Ya layl, ya ‘ayn, ya layl, ya ‘ayn, ah
El bardo flotando sobre el agua,
Con pasos pesados el río lo arrastra
De pueblo en pueblo, año tras año.
Yo llegaré a alguien... sólo si
La cara del país misteriosamente
Moldeada
¡Llegase a brotar súbitamente de la arcilla de palabras!
Ya layl, ya ‘ayn, ya layl, ya ‘ayn, ah.
 

Traducciones de Rafael Patiño

Mohammed Afifi nació en Ramlat al-Aniab, provincia de Manufiya, Egipto, en 1935. Poeta y filósofo (especialista en el pensamiento presocrático, misticismo medieval y filosofía post-hegeliana). También es editor y periodista literario. En Bagdad editó la revista literaria Al-Aqlam. Su obra, enraizada profundamente en la herencia cultural egipcia, ha sido considerada uno de las más fecundas y complejas de la actualidad. Algunos de sus libros de poesía: From The Notebook of Silence (1968); Features of the Empedocesian Face (1969); Engravings on Nocturnal Crust (1972); y The Silt Speaks (1977). Por sus objeciones en contra de la Guerra del Golfo, fue prisionero de conciencia durante setenta días en la primavera de 1991.
Última actualización: 28/06/2018