Festival Internacional de Poesía de Medellín

Milo de Angelis (Italia, 1951)

Reencuentro una sintaxis

Reencuentro una sintaxis en los siglos ya estudiados
que aleja por igual oriente y nubes.
Gran cosa es plasmar el sueño con lo que abarca la idea.
Nadie violará un sueño heredado.

Ahora se hielan en el tórax las altas carreras
que él estimuló. A veces sé fijar
la vista en los señalamientos del camino, en la
exacta fuerza del choque, que restituye
a ese teatro su miedo de morir.

Biografía sumaria

El principio que nos apretó las sienes
y nos condujo en fila india
se asemejaba a la vida
y ahora sentimos esta herida
en el tráfico común: versos
para decir sueño, meses para decir sopa
o salón de baile.

Demasiado pronto acudió la materia
que no juzga y no clama,
demasiadas veces de nuestra almohada
hemos quitado la suciedad: era
la idea o el cisma de la idea,
algo no hablado de clavos en el suelo,
pidiendo no el agua sino la sed,
cuatro manos para sostener un periódico
era nuestro acto de justicia.

Mapa mudo

Entramos ahora en el último día, en la farmacia
donde su rostro blanco y sin paz ya no responde al saludo
del sereno: rostro hambriento, no puedo franquearlo,
es el mismo que una vez llamé amor, aquí
en la niebla de la Comasina.
Caminamos aún hacia un cristal. Luego ella arroja
a la papelera el horario y las gafas,
se quita el jersey azul, me lo entrega silenciosa.
"¿Por qué haces eso?"
"Porque yo soy así", responde con cierta forma de dureza en la voz,
un dolor que se asemeja a sí mismo.
"Porque yo... ni tomar ni dejar". Ocurren
palabras, en la sangre, ojos que chocan contra el neón,
helados, inteligentes e inconsolables,
manos que dibujan en el cristal al ángel de la guarda
y al ángel imparcial, cinco dedos atados a un bramante,
la idea que rige la nada, la garganta todavía caliente.
Interrumpimos la antología y las canciones de la repatriación.
Referimos exactamente los hechos y las palabras.
Esto me es posible. A las cuatro
de la mañana se detuvo en un quiosco, pidió dos
vasos de vino tinto. Quiso pagar ella. Luego me pidió
que la acompañara a su casa, en la calle Vallaze.
Las palabras se entendían y su boca no estaba ya pastosa.
"Ahora tengo que dejarte... hasta pronto..."
Milán se vuelve mudo y desaparece junto a ella, en un sitio
oscuro y húmedo, que derrite hasta su nombre. Pero llegaremos a ser,
juntos llegaremos a ser aquel llanto
que en poesía no he sabido decir... ahora lo sé... y lo sabrás...
tú también... sí... lo sabremos ahora... lo sabremos todos... ahora...
ahora que estamos a punto de renacer.

Palacio de justicia

Pero el principio por el que preguntas
llegará de más cerca, del arco

descolorido de un solo baptisterio,
cúmulo de piedras, clara desnudez
que te llama a juicio
y ya no entra en los dados esparcidos,
en las tres cartas
jugadas por los moribundos. Tú también pasarás
por la aguja de la vuelta
al caer todas las vendas, y serás
el mismo estupor que tú fuiste,

aquel alfiler de luz donde se enciende
tu rostro y el nuestro, serenados.

Traducciones de Emilio Coco Milo de Angelis nació en Milán, Italia, en 1951. Ha publicado los libros de poemas: Somiglianze (Guanda, Milán, 1976); Millimetri (Einaudi, Turín, 1983); Terra del viso (Mondadori, Milán, 1985); Distante un padre (Mondadori, Milán, 1989) y Biografía sommaria (Mondadori, Milán, 1999). Otros de sus libros: La corsa dei mantelli (Guanda, 1979); y Poesia e destino (Capelli, 1982). Ejerce la enseñanza. Ha traducido del francés a Blanchot, Baudelaire, Maeterlink, De Vigny, Drieu la Rochelle, y del latín a Ovidio, Virgilio, Lucrecio y Claudiano. Fundó y dirigió entre 1977 y 1979 la revista de literatura Niebo.

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