Festival Internacional de Poesía de Medellín

Jorge Luis Arcos (Cuba, 1956)

Hay algo podrido

Hay algo podrido en el reino de Dinamarca
Dijo Horacio al dulce príncipe (al poeta, al pobre, al forastero)
Hamlet, tú sabías muy bien que todo hombre es un pordiosero
Y tenías que matar, matar
La belleza, algo sucio... Y la noche devastándolo todo
Por eso Lezama gritaba: "¡No se puede matar, no se puede matar!"
Pero siempre el manotazo de plomo
¿Y Ofelia? Una figura danzante en el fondo del lago
No hay estancias, no hay esplendor (¡Ah las playas de oro!)
Pobre Casal, pobre Raúl, pobre hombrecito del abrigo enorme
Pobre Zenea, pobre Virgilio, pobre Friol
Y lezama gritaba, por eso
¿Dónde está mi isla, mi patria pre-natal?
¿En los bordes, en las lindes furiosas de intolerable resplandor?
Patria, ¿eres tan imposible como una profecía?
¿Dónde está la huesa, lo real?
Figuraciones en el polvo, espejismos. ¿Y el tedio?
Ah el tedio de la mano que atraviesa ese espejo de agua,
Esas lindes, esas sienes que deliran, y una alegría inexplicable
Esos labios sudando, ¡no me mires más!
¡No quiero más certidumbres, cajas de ceniza, política!
Solo el bonzo perdido, el bonzo ciego de Kwaidan
Aguardando, algo tonto, y entonando, más dulce, la eterna melodía!

1994

De los ínferos (Fragmento)

I

Madre, hay un país donde ya no se sufre
Un país transparente, de un olvido indecible
Un país donde el nombre, la memoria no existen Un país perdurable, donde ya no se sufre

II

Pobres hojitas
secas, retiradas, del clamor de las frondas
del fragor. Ahora son nuestras.
Dulces almitas. Ellas nos salven
de todo helor.

Pero ahora aquí estamos, encendiendo
pobres velitas de resurrección.
Y nos miramos, sonriendo
tristes y alegres, como en comunión.

VI

Pero dejadme aquí, en mi infierno más alto
con el alma perdida, la luz que se retira
mis sienes que deliran, en mi infierno más alto.

XII

Hay que creer, amigo, en los cielos que arden.
Y, cielo tras cielo, iremos, encendidos
como cirios vivientes, a la región del aire
donde el fuego se acuesta, donde el aire es más leve
como la luz, dormida, en la entraña de un cielo.
¡Ah qué orilla naciente, ah qué extraña frontera
la de la luz, rendida, mis sienes que deliran y la visión, radiante, del corazón inmenso como una aurora intacta, en la entraña de un cielo!

XV

Niña,
tienes el miedo del aire, de sus vientos oscuros
ráfagas cegadoras como sombras de luz.
Tienes miedo del yelo de tu propio corazón.
El helor que amenaza, la intemperie infinita.
Y todo, allá en el fondo, temblando, como un dios.

 

Jorge Luis Arcos nació en La Habana, Cuba, en 1956. Es poeta y ensayista. Ha publicado: En torno a la obra poética de Fina García Marruz (1990, Premio UNEAC de Ensayo, Premio de la Crítica); La solución unitiva. Sobre el pensamiento poético de José Lezama Lima (1990, Premio Razón de Ser); Conversación con un rostro nevado (1993, Premio de Poesía Luis Rogelio Nogueras); Orígenes. La pobreza irradiante (1994, Premio de la Crítica). Compiló el libro de María Zambrano, La Cuba secreta y otros ensayos (1997). El libro De los ínferos, obtuvo el Premio Internacional de Poesía Rafael Pocaterra, en el Ateneo Valencia, Venezuela, 1998.
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