Festival Internacional de Poesía de Medellín

Veroniki Dalakoura (Grecia, 1952)

El desespero de amor

Oh luz de mis ojos, esta noche no dormiré a tu lado, la sombra de tu pelo me oprime. Estoy cansada de analizar el color; tus pinturas fueron descolgadas y, como por un milagro, entraron al museo de la tristeza. Tu ternura no me hace falta- tú eres un hombre y comprendes. Cuandoquiera que tu viajas sobre las nubes de los mares, busco el más potente narcótico para mi espíritu. Azur no eres, pero tú mismo te fastidias con mis lágrimas hasta no hablar más claramente. ¿Por qué necesitas amor? Queriendo vivir, lejos te escondo. Si temes significa que no has comprendido el ilimitado poder de tus ancestros y que de hecho he visto el infierno de los hombres. Ahora no te atormentes tú mismo. La noche se ha alzado, ocultando a la luna.

¿Oh vida de mi vida, qué quedó de nuestro dolor?
¿Por qué no quieres irte lejos, tú que siempre te estas yendo
a caminar? Eres líquido, pero morir en tus brazos sería demasiado. Te reclamo por todas tus malas acciones porque en tu presencia, ser malvado, dejas mi goce al desnudo - un goce hecho de brillo de cristales. ¿Y si escribo y hago una Oda Para Todos Los Hombres Que No Tuve? Debiera, y por entonces tu habrías de esfumarte, incapaz como eres de percibir cuánto desespero se esconde en mis besos. Dentro del asombroso soleado de los días, mi rabia, entre tu inmovilidad, se hace árida. Así que no te quedes. La muerte no es suficiente y tu pecho, mi amor, yermo como el mío, hallará la tempestad de colores.
El amor vendrá, y tendrá tu fuerza.
Purgatorio Me enseñan en el corazón del invierno. Encargándome el transporte de lo celestial, encuentro la inocencia con la vestimenta simple de los que se dedican al amor y el rostro gastado por las alegrías.V ¡Oh!, su lengua fina, los estantes de las librerías que ordenaban el destino de las mujeres. Nada faltaba, entonces. Yo creía que alguna medicina desterraría la desesperanza. ¡Tonterías! En la última casa -pocos quedaban allí- conozco al que me convirtió en sabio tocando una música a la que llamó peso terrenal de la Virgen.
Me acerqué para mirar de cerca su rostro.
Me fui.

Nacimiento patético

Copio al poeta Heigs: No me hables más de aguas. Hoy regresé de la granja de mi padre. Di de beber a las vacas. Ayudé a una yegua a parir, castré al cerdo. Me siento lleno de tierra paterna, diría pleno, de gallinas de oro.
"No estudié en todo éste tiempo. Ni pensé en el amor bajo el cielo azul. Regreso a mi trabajo. Cuento mi dolor a Elizabet que disparaba a las nubes. Mucho me gustaría que estuvieses a mi lado, pensé en ti mientras preparaba solo el desayuno.

De una virgen ingenua que finalmente ha sido violada para seguir menos pura a la muerte, ha sido concebida la esencia de dios. Lo consubstancial de una tan concreta desunión espolea el dolor de la idea. Como un mítico río el Aos, el Acheloos y el Sperjios atraviesan los valles, inundan las calles de la desierta ciudad en vísperas del Nacimiento Patético.
Las siembras se doblegan por el agua, luego se yerguen de nuevo y los edificios se llenan de agua.Traducciones desde el griego por Nina Anghelidis

 

Veroniki Dalakoura nació en Atenas, Grecia, en 1952. Estudió Derecho en la Universidad de Atenas y Sociología en Montpellier (Francia). Ha publicado los libros de poesía: Poesía 67-72 (1972); La decadencia del amor (1976); El sueño (1982); Días de placer (1990); Salvaje, angelical Fuego (1997); y los libros de narrativa: El juego del fin (1998) y El cuadro Hodler (2001). Ha traducido, entre otros, a Flaubert, Sthendal, Rimbaud, Baudelaire, Desnos, y Dalí. Su obra ha sido incluida en varias antologías en inglés, francés, español, rumano y búlgaro. Trabaja en la Educación Media.
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