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Mario Sampaolesi (Argentina, 1955)

Mario Sampaolesi (Argentina, 1955)

De Puntos de Colapso

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Algo se extravía de la mente: un pensamiento o apenas la sensación de haber tenido un pensamiento. Esa impresión de revivir ciertos sucesos, guardaría su conexión con el olvido (la última piedad sería el recuerdo, el recuerdo como secreto refugio contra la pérdida.) (Esta especie de acumulación que es la memoria si perdurara quebraría quiebra un orden, destruiría destruye toda organización.) ¿Cómo amar la visión del cadáver comido por los gusanos? ¿Cómo amar la visión de la enfermedad coagulando los movimientos? ¿Cómo amar la contemplación de aquello que se destruye?

Alguien besará nuestro dolor.

De Maneras carnívoras

Cada cambio de naturaleza trae consigo un proceso de destrucción; cada fuente de pasión revela en carne viva el cinismo de jugar en una noche toda la vida que nos queda:

seremos nosotros dos, heridos por la malsana verdad, entreabiertos por la desolación, por toda forma de desesperanza.

Un peso de fragancia, de caída de plumaje, modifica la historia del encuentro: el alba de una ciudad, la llegada de su atardecer y por qué no, la muerte.

*

En el living se extiende esa alfombra sobre la cual adoramos nuestro amor; pende la barroca iluminación de un velador chino; suena una susurrante música alemana; resplandecen el jarrón transparente y los tallos tan verdes y rectos de las calas, sus erguidos sexos amarillos envueltos por esa claridad, por esa carnadura blanca de su flor: al menos una amortiguación de nieve para tanto esplendor, para tanto deseo.

En el dormitorio se aprecia una gran cama matrimonial, también dos mesitas de luz; sobre una de ellas libros, sobre la otra una cinta de seda roja y varias fotografías; dos spots reemplazan a los consabidos veladores; sobre una cómoda reciclada algunos ramilletes de lavanda dejan una perfumada herida violeta entre tanta madera; una silla con un jean y dos remeras colgadas de cualquier manera, debajo una pequeña alfombra en color crudo tejida a mano comprada en unas vacaciones pasadas en Brasil; unas cortinas azules para amortiguar el resplandor de la luz que se abalanza por la ventana; un placard de pared a pared con las puertas pintadas de blanco, cerrado; la televisión encendida, su ruido característico golpea contra las paredes vacías, contra la falta de tapices, de cuadros, de portarretratos; un par de pantuflas; la cama deshecha; la almohada arrugada deja entrever apenas la impresión ausente de la forma de una cabeza y unos centímetros más abajo una blusa roja como un deforme splash de sangre sobre las sábanas blancas.

*

Contornos, cautela en un perímetro perforado; vagido de luces sobre las ruinas, sobre los restos de estiércol y de espuma: cada átomo en proceso de descomposición imprime sobre la carne minúsculas partículas de angustia.

Nos reconocemos en los vicios de una sociedad voluptuosa de aparatos, de clics, de momentos artificiales, de incesto: latas carcomidas, grasa, cartones manchados por orines, por excrementos lascivos; vulvas sangrantes de una decadencia, de una belleza económica, furtiva en el instante y que exhibe, proporcional al abandono, su imposibilidad de plenitud.

Video: La vida me es ajena

Mario Sampaolesi nació en Argentina en junio de 1955. Poeta, editor y traductor. Libros publicados: Cielo primitivo (1981), Primer Premio Nuevas Promociones SADE; La belleza de lo lejano (1986); La lluvia sin sombra (1992), Premio Fundación Antorchas; El honor es mío (1992) y Puntos de colapso (1999), Segundo Premio Fondo Nacional de las Artes. Con su libro inédito Maneras Carnívoras, obtuvo la Beca del Fondo Nacional de las Artes (2000). Tradujo El cementerio marino de Paul Valery y El monje loco está de regreso, selección de poemas de Ryokan. Actualmente es el director de la revista Barataria.

Última actualización: 28/06/2018