Festival Internacional de Poesía de Medellín

Fernando Rendón


Delfos

Habito una zona de rayos y de revelaciones. El oráculo aún habla. Yo por mi parte no lo escucho. No sigo sus admoniciones.

Me negué a ser iniciado. No repetí jamás en voz alta aquello
que escuché de la boca de la tormenta. Luché contra el ángel. Porque ellas encadenaron al espíritu humano al abismo, desdeñé las religiones. Por las asoladoras matanzas que derribaron sin tregua la desnuda certeza en la vida, me puse en guardia contra la naturaleza de los estados. Porque vi caer a miles, supe que triunfaba provisoriamente el pacto del desamor humano.

Sin duda es el tiempo del fin, se pregona, algo tan formidable como su surgimiento: el hundimiento de los continentes.

Sufro la presión de las tinieblas forjadas por la imaginación humana en el rapto de una edad ya sin cielo. Sé ya que seré invisible. Y aunque hace poco un rayo descargó su ira de raíces blancas, poblando mi cabaña de troncos de densas energías, yo no cejaré en desoír al oráculo, pues aún amaré a los hombres que sufren y a los pueblos que resisten, oiré las dulces voces de las piedras y los árboles que nos llaman al retorno, el lenguaje secreto de los pájaros del primer día para quienes los estados y los dioses son sordos ya hace siglos.

Von Kleist

Estás sólo, quién lo niega, y huyes sin sosiego, marioneta de nada.

Vas de un cuarto a otro, pero no es esta tu casa: para tu reposo no hay estancia. Cambias de suburbio, de país, de carruaje, sin que nadie se aperciba. Viajas de un tiempo a otro, pero ningún lugar te aguarda. Y tornas.

Eres otro, pero continúas siendo el mismo.

Bebes hasta el ácido en la sangre de la luz. Amas sin saber a quién. La respuesta que no llega termina por anular la pregunta.

Entonces tu loca ansiedad te alcanza: es hora de quedarte quieto, Heinrich, hasta morir o saberlo todo. Siéntate en medio de la llanura de la angustia y reconoce qué es lo que ha sido creado por todos para aniquilarnos a todos.

Canción Ártica

Sueño que habito una región glaciar, donde mora un pueblo semidesnudo.

Aprendo a caminar, tanteando paredes heladas, sobre un frágil mar de pequeños témpanos, que eternamente se mueven.

Si me detengo, se hunde el hielo bajo mis pies, debo entonces desplazarme sin parar.

Es en la fugacidad de cada paso donde puedo descubrir la duración.

De repente, pasa una mujer en su trineo de azul, repleto de niños.
Y canta.

TRES POEMAS SOBRE EL PAPA

No cree en dios

 

¡Qué escándalo!
El Papa no cree en Dios.
Un reportero lo ha entrevistado.
Confirmada la noticia.
Una basílica se derrumbó.
El Papa no cree en Dios.
No entregará el oro del Vaticano
a los pobres de la tierra.
No hará una huelga de hambre
para que los pueblos se acerquen al cielo
ni para que haya justicia.
El Papa no cree en Dios.
No es una novela de Jardiel Poncela.
No es una noticia sensacionalista.
No cree en Dios.
Vive entre lujos y guardaespaldas.
Encerrado con una llave de oro en su palacio.
Sólo se queja de tener 84.
De resto le va bien, le va bien.
Lo ha confirmado un reportero
Y no cree en Dios.
No cree en Dios.
No cree en Dios.

Siglo XXI

 

Entre dos comerciales el mundo ha cambiado  

el Papa editó un CD y recibirá su Grammy
mirándonos como siempre desde fuera del mundo   

cantad todos en coro el nuevo CD
porque el amor ha muerto
y el mundo se ha hecho pedazos  

la línea dura de los generales
bombardea a fondo la resistencia de la vida  

la guerra es su fiesta largamente preparada  

en un descanso de la orquesta
celebran la cifra de muertos enemigos  

el bueno devino en malo
y el malo que se volvió bueno
es cada vez más asesino  

la muerte tiene el control de los canales

El Papa pide perdón para Pinochet

Si nadie podía conocer la naturaleza de su enfermedad incontenible, si el acusado vomitaba y convulsionaba, sudando en un día frío, si sentía dolores punzantes en la región del corazón y sus arterias latían en el cuello, el acusado era declarado brujo y quemado en la hoguera a la vista del pueblo, que desembocaba desde estrechos callejones de piedra para escuchar los alaridos de la plaza y oler la carne quemada.  

Escucho de la radio noticias del juicio final: A las 10:14 el Vaticano se arrepiente. Pedirá perdón por los crímenes de la Santa Inquisición, y declara abiertos sus expurgados archivos. “Las armas se emplearon al servicio de la verdad. La brutalidad era la usanza de la época”, se disculpa el papa.  

Interminables niebla y noches han corrido desde que algunos papas aceptaron ser representantes del diablo en la tierra.  

La esposa del general Pinochet ruega misericordia. El dictador desfallece acusado de genocidio por fiscales europeos. No come, no responde a las preguntas.  

La derecha reconoce que “se cometieron algunos errores” y espera del general un «gesto de grandeza»: pedir perdón y retirarse de la política antes que ir a la cárcel.  

Pero los militares no lloran ni piden perdón excepto si son derrotados en combate ya que “las armas se emplean al servicio de la verdad y la brutalidad es la usanza de la época”.

Fernando Rendón Nació en Medellín en 1951. Ha publicado los libros de poemas Contrahistoria (1986), Bajo otros soles (1989), Canción en los campos de Marte (1993) y Los motivos del salmón (1998). Fundó y dirige la revista de poesía PROMETEO con 67 ediciones desde 1982. Fundó y dirige el Festival Internacional de Poesía, con trece versiones desde 1991. Poemas suyos han sido incluidos en selecciones de poesía colombiana editadas en México, Brasil, Estados Unidos, Argentina y Colombia, así como en Una anthologie inmmédiate (París, 1996) y en Dialogue des littératures (Mondorf, 1997) y en las revistas de poesía: Nagy Vilag (Hungría), Europski Glasnit (Croacia), Park y Das Gedichte (Alemania), Lyrikvännen (Suecia), Mississippi Review y Dactylus (Estados Unidos), El Jabalí (Argentina), y Alforja (México), entre otras. Desde octubre de 2002 ha realizado una serie documentales que recogen parte de la historia del Festival Internacional de Poesía de Medellín.
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