Festival Internacional de Poesía de Medellín

Juan Manuel Roca


Defensa de la re-niñez

La animada presencia del poeta chileno Gonzalo Rojas en el reciente XIII Festival Internacional de Poesía de Medellín que organiza PROMETEO, dejó una caja de resonancias poéticas, heréticas y punzantes. Su voz sonora, vibrante. Su andadura por el mundo sin dobleces morales ni estéticas, es un testimonio de fidelidad a los demás y a sí mismo, a sus otros y a nosotros. El Cuaderno que reunimos, la entrevista filmada en la que hizo de entrevistador el poeta Juan Manuel Roca, desgrabada y luego grabada en caracteres para su impresión, el lúcido y penetrante ensayo del también poeta y también chileno Eduardo Llanos Melussa con el autor de “La Miseria del Hombre”, más una muestra de su poesía, configuran un gozoso homenaje a uno de los más notables poetas vivos de América Latina.

Juan Manuel Roca: A cada tanto la expresión de Hölderlin, para qué la poesía en tiempos sombríos, se pone de manifiesto. A mí eso me parece un tanto inocente o descontextualizado en el sentido de que si no hubiera poesía en los tiempos sombríos nunca hubiera habido poesía.  

Gonzalo Rojas: Por supuesto, muy buena conjetura, y es justa ¿no?  

Juan Manuel Roca: Y entonces recuerdo una expresión de Flaubert que dice que el arte, como el dios de los judíos, se alimenta de holocaustos, que me parece mucho más justa. ¿Qué piensas Gonzalo de esa dicotomía, de esa doble opción?  

Gonzalo Rojas: Claro, la idea de Hölderlin es estimable, una bella idea como otras que él propuso, como aquella en que habló de la palabra, ¿te acuerdas? para esto le fue dada al hombre la palabra, -dice Hölderlin- para que dé testimonio de lo que él es. Está bien, es un buen pensamiento frente al oficio mayor que es el oficio poético, pero me gusta más el segundo aserto porque de holocausto realmente se va haciendo el hombre también, la historia también, y hasta la libertad se hace de holocausto, de sacrificio. A todos los éxtasis, tal vez prefiramos el sacrificio. ¿No? Y no estoy hablando de esa suciedad de la droga. ¡No!  

Juan Manuel Roca: Coincidencialmente se emparenta con una expresión de Simone Weil que dice que hay una relación muy estrecha entre la verdad y la derrota. La poesía, que me parece que asume esas dos instancias: la de la verdad estética por un lado y la de la derrota, ¿no estaría de alguna manera cada vez navegando en la orilla de la derrota, en el sentido de que la palabra parecería no ser lo suficientemente poderosa?  

Gonzalo Rojas:…Me encanta, me encanta esa idea, porque la verdad es que no alcanzamos a decir, seamos serios, como decía Huidobro con su chispa y con su humor y con su gracia: seamos serios. la poesía es una apuesta ¿no? y como es una apuesta corre todos los riesgos y tal vez como el amor, y perdónenme que yo señale al amor junto a la poesía, puesto que no están juntos siempre. No se trata como diría Octavio Paz hablando del amor, “la dialéctica del amor” no, esa es mucha palabra. Yo más bien estoy por la peripecia del perdedor. ¿Me entiendes esa escala del amor? Porque ¿cuándo no se pierde? esa es la pregunta. Pierde la mujer, pierde el hombre, se pierde ese fulgor del instante, el relámpago del amor. También es el caso de la poesía que no alcanza. Personalmente yo estoy en ese juego, no me atrevería a decir la línea de Juan de Yepes “volé tan alto, que le di a la casa alcance”. Yo no volé tan alto, tan alto y no le di a la casa alcance. Seré un aprendiz y eso no tiene remedio.  

Juan Manuel Roca: O sea Gonzalo que ¿de alguna manera al poeta lo seduce más Ícaro cayendo que Ícaro en ascenso?  

Gonzalo Rojas: Sí, porque el Ícaro en ascenso no funciona. El gran Ícaro es el otro, el que se rompe la nariz y a la vez la salva. Es que ese es el juego, ese es el juego de estas bravas apuestas que son la poesía y el amor y la imaginación misma.  

Juan Manuel Roca: Podría decirse un poco que el poeta es una especie de Sísifo, en la medida en que asciende y vuelve a descender con la piedra para verla caer nuevamente.

Gonzalo Rojas: Y somos una metamorfosis. El ejercicio poético, para mí es una metamorfosis, pero de lo mismo, aunque parezca irrisorio. Hasta anda por ahí un libro mío que se publicó en España, con ese designio genérico Metamorfosis de lo mismo, porque es una mudanza, la metamorfosis implica una mudanza porque es una muda, se transforma todo eso, pero se muda en una especie de...  

Juan Manuel Roca: Sísifo, ¿no?  

Gonzalo Rojas: Sí, sí, sí. Y no es cosa de que sea un pesimista, un desamparado, un desollado siempre, ¿no? Porque hay plazos en los que uno es un desollado y otros plazos en los que no es tan desollado, eso funciona. Hay, ¿como se diría...?, el encantamiento y el desollamiento. A mí me pasa, no sé si a ti.  

Juan Manuel Roca: Otra cosa Gonzalo de la que quería que habláramos un poco es, digamos que tú no te prodigas en libros, hay libros muy espaciados, entre uno y otro hay unos grandes silencios, unos paréntesis de silencios que sin duda inquietan a quienes leen esos datos, porque la pregunta siempre lo ronda a uno: ¿por qué esos silencios?

Gonzalo Rojas: Sí, es cierto, yo fui sigiloso, con silencio, sobre todo los primeros plazos de mi tarea poética, que nunca hice tan mía. Realmente yo viví poéticamente, pero no escribí tanto. El primer libro por ejemplo se registra el año 46 del siglo anterior, imagínate y pasaron dos años en los que ni siquiera se editó, pese a que me había ganado el premio y consistía en la edición, pero no me lo dieron, entonces yo pagué unas humildes letras, te quería decir que cada mes yo iba pagando $140 pesos, no me acuerdo cuánto y costeé mi propia primera edición del libro, La Miseria del Hombre y es una especie de cantera de mi poesía, a la que estoy volviendo siempre.  

Bueno, entonces en el 48 se publica el libro; 16 años después, eso quiere decir en el 64, viene a publicarse el segundo libro que se llama Contra la muerte; 13 años después en Caracas viene a publicarse el tercer libro, que se llama Oscuro y después, espaciadamente pero no tanto, se fueron publicando otros libros. En España, por ahí empezaron los españoles a considerar un poco más mi trabajo y empezaron a publicar papeles míos, editoriales primero pequeñas y después el Fondo de Cultura, ya en el 77 entiendo, Jaime García Terrés, que era gerente del Fondo y buen poeta él mismo, me publicó y podría decirse que me lanzó al espacio mayor, pero entonces los españoles y los mexicanos me dieron la opción de salir más al aire, o le dieron a mi ejercicio esa opción y claro después se han ido publicando. No creas, hay 28 ya en el papel, se han ido juntando.  

Ahora el modo como yo trabajo si es raro, es curioso y es ¿cómo se dirá? objetable porque como no le creo mucho, o casi nada a la linealidad de un libro, tras un libro, tras un libro. En cambio creo que la visión del mundo sí la he registrado desde muchacho, ¿no? y tal vez el lenguaje no ha variado gran cosa, algo habrá mejorado en cuanto a poda sobre todo, que es tan decisivo en poesía, uno tiende al derramamiento, a cierta elocuencia, a cierto énfasis en los primeros papeles y después va abreviando, cortando.  

Entonces, eso te cuento pues, que es cierto que he escrito pero he escrito poco. Te cuento esto para que te rías algo, o se rían quienes nos van a leer. Años 60. Yo estoy en un hotel de un pueblo de Chile, porque había tenido que hacer una faena literaria junto con muchos compañeros y está también Neruda, que ya entonces era un pequeño dios como diría Huidobro, y había un abogado muy agudo y muy gracioso que quería tirarnos la lengua a Neruda y a mí, pero lo hizo con gracia, con la gracia semi-campesina y le dice a Pablo: “¿Oye y quien es ese Gonzalo Rojas, es un poeta por fin, porque por ahí anda con unos papeles y unos libros?.” “Sí”, dice Neruda con su voz gangosa “es poeta, pero escribe poquito. Y no es malo, pero escribe poquito”. Neruda sabía que ese amigo me iría a contar esto, llega y me lo dice así el amigo abogado: “Mira lo que dice Neruda de ti: que escribes poquito”. “Dile a Pablo” le respondí yo “que él es un genio, pero que escribe demasiadito”.  

Juan Manuel Roca: Pero por ejemplo uno advierte, como bien lo señalas en la respuesta anterior, Gonzalo, que en “La Miseria del Hombre” hay una impronta, digamos una huella que resulta rastreable en los libros posteriores…  

Gonzalo Rojas: ¡Ah, claro!  

Juan Manuel Roca: Es decir, que hay una evolución permanente, pero también una involución...  

Gonzalo Rojas: ¡Una involución! Eso es así, hijo.  

Juan Manuel Roca: Eso me parece que le da un carácter muy orgánico.  

Gonzalo Rojas: Yo creo que en mí opera una coherencia dentro de una aparente dispersión. No le tengo miedo a la dispersión, pero siempre las bridas están en las puntas de los dedos, entonces aparezco como un gran disperso y un tipo que habla de esto y de lo otro, del amor y del desamor, de las locuras, de las visiones, así y asá, pero si se mira con cuidado, supongo que se advierte que en ese lenguaje inconexo no hay disipación.

Juan Manuel Roca: Pero también hay una cosa que me parece bien atractiva y quisiera que nos hablaras de eso, por un lado el carácter eufónico, musical que hay en tu poesía y que de hecho es inherente al poema, pero también la gran plasticidad, es decir la aproximación al mundo visual y al mundo de la imagen plástica, inclusive en temas como el poema sobre Chagall, hay esas dos instancias, la musical y la pictórica. ¿Cuál relevarías más en tu obra?  

Gonzalo Rojas: Preciosísima pregunta, muy estimulante pregunta para mí. Desde luego todo se fundará supongo a escala teórica, en la correlación de las artes en que funciona en todo poeta, supongo que funciona eso en un grado más, en otros menos, en algunos casos. En mí opera la visualidad, pero opera más la oreja, soy animal de oreja.¿Por qué soy animal de oreja? Bueno, porque así se me dio la palabra, desde la vibración, desde la vivacidad tal vez del viento. Yo viví y nací en un paraje de las grandes ventoleras, con el océano abierto, desencadenado, y más que el sonido, funcionó en mí de chico, desde muchacho, el zumbido. A mi me parece que el zumbido convoca o unifica, o ata, o teje una urdimbre entre todas las cosas.  

Valery que era tan sabio decía que la poesía es una vacilación entre el sentido y el sonido, yo relevo el vocablo sonido y prefiero zumbido. Tanto es que ahora va a venir un libro mío, extenso, que se va a llamar Del zumbido, justamente. Bueno, entonces lo que te quiero decir, para responderte a ver si puedo, y funciona, es que tanto el lado de la imagen, el lado plástico como el cinematográfico operan en mí de manera determinante. Hay poemas filmables, se me ocurre...  

Juan Manuel Roca: Hay una sintaxis cinematográfica.  

Gonzalo Rojas: Sí señor. Y también funciona la oreja, y esa oreja, tal vez tenga que ver con mis lecturas de la clasicidad áurea, griegos, romanos, porque en mis tiempos se estudiaban esos idiomas y yo aprendí temprano a oír a los griegos con mi oreja y a los romanos y a los clásicos de la clasicidad española, me refiero a esos 150 años que se llaman “Siglo de oro”. Si tú miras eso ves a Garcilazo, por ahí anda Quevedo.  

Juan Manuel Roca: Eso es muy interesante porque de pronto sea una yunta entre esa cosa clásica y de pronto también cierto carácter surreal que uno encuentra común a tus coetáneos de Mandrágora, por ejemplo.  

Gonzalo Rojas: Claro, solo que la Mandrágora o mis oficiantes, mis amigos de la Mandrágora de los cuales tengo buen recuerdo en algún sentido, en otro no, ellos no eran atentos al lenguaje. La poesía, tú lo sabes de sobra como poeta, se hace de visiones y con lenguaje, y ellos descuidaban el lenguaje, entonces montaban los vocablos así y asá, sacrificándolo todo al predominio de la imagen, pero no operaba en ellos la ritmicidad que es una operación fisiológica de fundamento, yo no soy un poeta metafísico, soy un poeta fisiológico, a mí me funciona eso del respiro, el corte del aire. ¡Eso!  

Juan Manuel Roca: Y ahora que hablas del lenguaje, me venía a la memoria una frase de ese viejo anarquista Henry David Thoreau. Thoreau decía una cosa muy bella a mi entender y es que la poesía es la salud del lenguaje.  

Gonzalo Rojas: ¡Qué bonito! es una maravilla, qué bien dicho está eso. ¿Eh?  

Juan Manuel Roca: De alguna manera, ¿la reciente poesía latinoamericana gozará de buena salud del lenguaje?  

Gonzalo Rojas: No, no, esa es la inoperancia. En mi país, y en buena medida yo puedo responderte del estado de cosas de la poesía de mi país, que tiene una parca y estricta tradición y firme y bella. En mi país hay un descuido del lenguaje, no hay un desvelo por la palabra, ese es el déficit. Entonces ellos dicen “hay que escribir como se habla”. Cuidado que cuando se habla, también opera allí la vibración, llamada ritmo o ritmicidad. Sino léete al Rulfo que no escribió ni un verso y sin embargo ahí anda todo el murmullo, el lenguaje insondable del murmullo, ¿Mm?  

Juan Manuel Roca: Uno encuentra ese lenguaje de cosa hablada y además escuchada por él ¿no? Cuando Dennis Levertov dice que escribir es escuchar, de alguna manera uno sabe que el gran escucha es Rulfo.  

Gonzalo Rojas: ¡El gran escucha! Él se quedó oyendo a sus paisanos de Jalisco, y por ahí descubrió el gran juego de la escritura mayor y de la palabra.  

Juan Manuel Roca: Para continuar encabalgando con esta pregunta, dentro de esa tradición de narradores líricos, de narradores poetas que hay en América Latina, piensa uno en Guimarâes Rosa, en Rulfo. ¿Tú crees que ese voltaje poético que tienen esos narradores sea lo que los haga quizá más consistentes en sus obras?  

Gonzalo Rojas: En cuanto al relato, yo creo. Estoy de acuerdo con esa conjetura o alcance tuyo, me parece muy pertinente y es así. Porque uno se queda oyendo a su Rulfo, hay un eco rulfiano. De uno u otro modo, todos somos rulfianos en esta América, así como se decía antes que todos éramos darianos.  

Juan Manuel Roca: Hay una cosa que quería preguntarte y es cómo al unísono con la historia ocurren algunos poemas tuyos, el poema aquel del helicóptero, esa zozobra que hay alrededor de hechos tan terribles como los de Chile del año 73, y elementos posteriores de nuestra historia. ¿Cómo hace el poeta para que esa cosa historicista o sociologizante no impida que la materia poética se haga real, es decir esa vigilancia que hay en tu poesía Gonzalo para que lo histórico, lo social, no tenga una carga tan fuerte que elimine la poesía?  

Gonzalo Rojas: Te entiendo. Creo que te entiendo porque el riesgo se da en ese trato con lo histórico, con el proceso de los hechos inmediatos y no tan inmediatos a veces, que se llama lo histórico. Eso podría llevarlo a uno a hacer una literatura, cómo se dirá, absurdamente esquemática, sectaria también, que es un riesgo muy grande.  

Juan Manuel Roca: Esa cosa ideologizante...  

Gonzalo Rojas: Ay, qué fastidio. Por ejemplo, pusiste ese textico, llamado El helicóptero. Claro, el helicóptero aparece pero zumbando también, zumbando dentro del episodio sangriento de esos pobres muchachos destrozados, reventados. Y yo creo y no sé si me excedo, en mi propia valoración, al decir esa palabra difícil, no soy un poeta... se me va la palabra...  

Juan Manuel Roca: Panfletario.  

Gonzalo Rojas: ¡Voilá! No me funciona el panfleto porque me parece que es el desvalimiento máximo, es un esquema, en ese caso me leo un periódico, me leo un informe clínico.

Juan Manuel Roca: ¿O sea que de alguna manera pensarías que una verdad mal dicha se vuelve fácilmente mentira?

Gonzalo Rojas: Muy fácilmente mentira, mentira en cuanto al oficio poético que sin duda tiene como referencia lo llamado real, pero es transreal y no es, ¿cómo se diría? sí, creo que esa es la palabra, existe, se puede usar transreal. ¡Transfiguración! No es una figuración, es una transfiguración de la realidad. Hermoso lo que tú me preguntas y tiene sus conjeturas, ¿no? porque si una poesía es esquemática, vuelta panfleto, sin duda la muestra es de poca gracia, es inconsistente, es un dato, lo que pasará seguro. Lo esencial de la poesía es que ella perdura y no tiene impaciencia en señalar un hecho que se demora, ahora que te digo y excúsame que me tome la palabra sin pregunta tuya, yo estoy por la demora, por la mora y la demora, me fastidia la prisa, tal vez sea impaciente por fuera, pero soy infinitamente paciente por dentro.  

Juan Manuel Roca: Digamos que en la poesía chilena, que es una poética tan rica y que desde Ercilla hasta nuestros días ha mostrado tantos matices...  

Gonzalo Rojas: Qué bonito lo que me vienes diciendo, me conmueve eso.  

Juan Manuel Roca: Hay varias vertientes en esa poesía tan enriquecedora de nuestra lengua, ¿Tú te insertarías en alguna tradición de la poesía chilena, o te ves anómalo, que no encajas en el mapa de la poesía chilena, o tienes tus hombres de Cromagnon, por decir, del lenguaje?  

Gonzalo Rojas: Yo creo en lo que decía Apollinaire en la larga disputa entre la tradición y la invención, eso opera, no tiene remedio, y estoy por la tradición. Y lo que me duele muchas veces, es que los jóvenes, o las gentes de estas últimas décadas, olviden que hay una tradición que debemos proseguir y que nació como un proyecto de auténtica autonomía cultural de nuestro pueblos iberoamericanos allá por la mitad del siglo XIX. Por ejemplo en 1842 cuando Bello concurre a Santiago, se encuentra con Sarmiento y otros jóvenes que son los que ponen en marcha un proyecto de pensar y de decir distinto. No te olvides que Bello escribe su gramática desafiantemente con una gracia única en el año 1827 y la Academia tiene que inclinarse ante ese muchacho, capaz de proponer otras claves hasta para lo ortográfico. Es muy divertido.  

A mí me gusta pensar hacia atrás y hacia delante al mismo tiempo, compañero, eso es lo que tiene que hacer un poeta, pienso yo.  

Juan Manuel Roca: Hay otra cosa que quisiera que nos contaras y es el momento de tu salida forzosa de Chile hacia el exilio venezolano. En Venezuela ¿hubo un cambio, digamos de preocupaciones temáticas, estilísticas en tu obra, o no se produjo al contacto con otra geografía, no se modificó tu obra?

Gonzalo Rojas: Te voy a decir que el sol en el cual yo había soñado, voy a hablar del sol, se me dio, se me mostró en esos amaneceres fenomenales del trópico de los cuales nosotros no tenemos experiencia allá abajo, nosotros no tenemos experiencia en el sur de Sudamérica. Ese crepúsculo matinal por ejemplo, que hay en otros países, el tuyo también, ese crepúsculo matinal, antes de que aparezca el sol, es un crepúsculo preciosísimo, y divertidamente yo le puse a ese libro Oscuro. No, le dio un vuelo, ¿cómo se dirá?, a mi imaginación, ese plazo hermosísimo. Nos habían dicho muchas veces por allá abajo, con un descaro y una falta de respeto muy grandes, que el trópico era una suma de qué sé yo, desórdenes, caos, no!, no! De estos trópicos sale nada menos que un Bolívar, un Bello, un Martí, cuántos, cuántos, cuántos. Operó mucho en mí eso, yo diría que gané en contención. Fíjate lo que respondo en ese libro Oscuro, yo gané en contención.  

Juan Manuel Roca: Es un libro de un lenguaje más ascético.  

Gonzalo Rojas: Más ascético, sí, sí. Ahí aprendí o se me dio más eso que los clásicos o no sé quiénes más, han llamado la parquedad, la poda fundamental. Es muy bonito el abolengo de la palabra poda que viene del latín putare que es pensar en latín, de ahí vino disputar, imputar, bueno, pero entonces cuando la t se dulcifica en la evolución de la lengua, de putare sale podar, y ese podar es una operación preciosa que no se da por desventura hoy entre los jóvenes que no saben ni silabear el mundo. Perdóname.  

Juan Manuel Roca: Y Gonzalo, uno encuentra esa vigilancia en el lenguaje, no encuentra uno en tu poesía una externa verbosidad en un momento y quizás tiende a eso que estamos hablando, quizás sea para ti más importante la mano que borra que la mano que escribe.  

Gonzalo Rojas: Sin duda, yo creo en eso, y por eso creo en lo que no alcanzo a decir, y no es que sea un metafísico, pero el enigma funciona, el no alcanzar. Hay una línea muy hermosa de Goethe por ahí: “que no puedas llegar nunca, eso es lo que te hace grande”  

Juan Manuel Roca: Qué maravilla, qué bueno Gonzalo, es cierto. De alguna manera, entonces uno entiende que el silencio es una cosa muy importante en el poema y el misterio, la cosa elusiva. ¿Qué pensarías de poetas como Nicanor Parra que tiene unos segmentos de su obra donde lo elusivo no aparece, sino que más bien es un lenguaje tan directo y tan coloquial que uno, particularmente yo, extrañaría el misterio. No que sea imposible hacer una gran poesía con sus creencias estéticas.

Gonzalo Rojas: Él hizo una poesía de fuerte injerto inglés, ¿no? Fue uno de esos poetas, lo mismo que Cardenal. Ellos leyeron en inglés, importó mucho tal vez las poesías americana e inglesa, aquellas que se fundaban en un proyecto de oralidad, pero, vuelvo a decírtelo, la oralidad registra el ritmo igual. Es falso que haya que escribir como se habla, porque de repente uno puede hablar muy parcamente.

Hoy trabaja conmigo un campesino, Panchito, yo soy un viejo que estoy en una casa larga y tengo a ese trabajador conmigo, él cuida los jardines y unas cosas en casa. Y veníamos hace poco tiempo de lo alto de la cordillera donde tengo otro rincón mío y yo tenía que venir a España rápidamente. El venía manejando el carro y las nubes casi asediándonos ahí y yo venía entredormido porque tenía que ir a Concepción de Chile a tomar un avión hacia Santiago y de Santiago hacia Europa. Entonces Panchito que tiene una voz, no estropeada, sino muy de los campesinos de allá que no saben respirar bien, pregunta: “¿Don Gonzalo, usted va a eso de la poesía?”, “Sí Panchito, voy a eso de la poesía”. “Bueno y ¿qué es la poesía?. “Esa es la parte que no sé pues Panchito, no sé lo que es la poesía”. Él irónico, habilísimo, me dice: “bueno, cuando lo sepa, me informa pues”. Esos son los tipos que saben, esos saben descifrar el juego difícil.

Juan Manuel Roca: Entre una poesía de ideas y una poesía de sentimientos que son a veces aparentemente antípodas, ¿tú te inclinarías por qué tipo de poética?  

Gonzalo Rojas: Ahí sí que hago el vaivén pendular ¿no? casi de lo abstracto, si tú quieres, en el campo no del concepto, el concepto ya es otra cosa, pero desde una conciencia crítica, me paso a un estallido, casi como el que tengo, porque el otro día el médico me dijo que tenía no se qué arteria mala, de verdad, entonces en el ejercicio poético mío, se da ese vaivén pendular entre lo claro y lo oscuro, si cabe hablar, entre lo enigmático, lo secreto, lo que no alcanza y lo otro que dice relación con la circunstancia inmediata. Eso me gusta, y eso sin duda tuvo relación, o tiene relación con mi plazo de lector verdadero del surrealismo.  

Juan Manuel Roca: A eso me iba a referir, al paso adelante en relación con el surrealismo que hay en tu obra, muy al contrario del espíritu privativamente surrealizante del grupo Mandrágora. Me parece que tiene que ver el rapto poético, la intuición, el automatismo si se quiere, pero que pasa por una especie de aduana del pensamiento, de reflexión posterior. ¿Cree en el poeta no sólo intuitivo, sino reflexivo?  

Gonzalo Rojas: En el reflexivo, en eso soy como los romanos, me acuerdo de una líneas de Horacio que se murió apenas a los 49 años creo: “jugaste bastante, comiste bastante y también bebiste, es tiempo de que te vayas”. Mira qué bonito, claro, porque este es un juego, un juego grave, ya se sabe, ¿no?

Juan Manuel Roca: Hay una cosa que dice Huizinga: que el juego es anterior a la cultura. ¿Tú crees que en la poesía ese elemento del juego es una cosa importante?

Gonzalo Rojas: Sin duda, es básico, por eso la niñez y la re-niñez de la que yo hablo, ¿no? Hace muchos años en Berlín me preguntaban sobre cómo crecí y de dónde venía, y hablé en defensa de la re-niñez que empezó a operar en mí encima de los 60 años. Arbitrario, pero así es.  

Juan Manuel Roca: Yo sé que es muy difícil buscar la aguja en el pajar del lenguaje, más o menos para preguntarte, cuál sería una palabra que te seduzca más allá de su belleza y de su significado. ¿Y cuál poema de tu obra sería el que te parezca una divisa de tu poesía, no necesariamente un arte poética, sino con el que te sientes más, si cabe la pobre palabra, identificado.  

Gonzalo Rojas: ¡Qué bella pregunta! Un vocablo sobre el cual alguna vez he hecho mención, tal vez demasiada mención es el vocablo relámpago. Ese trisílabo esdrújulo que yo le oí a un hermanito mío cuando estábamos jugando en una casa, muerto ya el padre, mi padre había desaparecido, éramos ocho los chicos y estábamos jugando en la galería y entraban los rayos, los truenos, todo allí, yo tenía cinco años, y de repente uno de mis hermanitos dice relámpago, ese esdrújulo y te lo digo porque yo mismo soy un poeta esdrujulero si te fijas, hay mucho esdrújulo en lo mío, tal vez sincopado, quiere captar arrebatadamente, con una urgencia especial, el llamado sentido, o el llamado sin sentido, ¿no?. Entonces ese vocablo, esa palabra me funciona. Habrá otras palabras sin duda, pero esa singularmente, no es la única, no es que sea un obseso del relámpago, pero me apasiona. Y en cuanto al texto todavía me quedo con mi breve poema de once líneas que se llama Al silencio, si Al silencio.

Juan Manuel Roca: ¿Quisieras leerlo?

Gonzalo Rojas: Bueno, la poesía se hace con palabras, pero tambien se hace con silencio. No lo digo, por favor, como una objeción a estas tareas de nuestros compañeros que han llevado adelante estas maravillas que son las sesiones de los festivales. A veces hay demasiado estruendo, ¿me entendiste?, mucho estruendo y... ¿cómo se dirá?, hay otra palabra para designar eso que tú ya me captaste. Entonces falta una contención que no debe ser tan intencionada tampoco, pero falta ese rigor, ese desvelo. Aquí encontré el poema:

Al silencio  

Oh voz, única voz, única voz: todo el hueco del mar,
todo el hueco del mar no bastaría,
todo el hueco del cielo,
oda la cavidad dela hermosura
no bastaría para contenerte,
y aunque el hombre callara y este mundo se hundiera
oh majestad, tú nunca,
tú nunca te cansarías de estar en todas partes,
porque te sobra el tiempo y el ser, única voz,
porque estás y no estás, y casi eres mi Dios,
y casi eres mi padre cuando estoy más oscuro.
 

Ahí juegan los elementos que me importan, la contención, lo inabarcable y sin embargo abarcable, porque piensa tú que aquí se está usando el vocablo hueco, no el vocablo vacío que es muy de la mística budista o taoísta. No, no, es el hueco, tal como habla el pueblo de nuestra América hermosa: ¡estoy en lo hueco! Cuando uno tiene sus 15 años entra en un gran hueco, ¿no?, y está a los pies, a los costados, arriba y abajo hueco, ¿no?, aquí se dice Oh voz, única voz, al silencio se le llama única voz, mucho Oh voz, única voz todo el hueco del mar, y te fijas que entra de golpe todo el hueco del mar. ¿Por qué el hueco del mar?. Bueno, porque el agua, las aguas de los mares son inmensas, parece que vinimos de allí todos los hijos de los hombres, todos, entonces imagínate por un instante que los mares, y todo el mar se queda hueco, es la oquedad mayor, máxima, entonces ¿qué se hace?, y entonces no solo el mar puede quedar hueco en esa mirada, puede quedar también hueco el cielo, con todo su sistema galáctico, con todas las galaxias que tanto ama Stephen Hawking del cual hablé ayer ¿no? Puede quedar hueco todo aquello que llamamos hermosura, sea a escala de la hermosura de las muchachas o a la escala de los paisajes, lo que fuere. Entonces este oyente, o este poeta absorto que escribe esto, dice: Oh voz, única voz, única voz: todo el hueco del mar,/todo el hueco del mar no bastaría,/ todo el hueco del cielo,/toda la cavidad de la hermosura/ no bastaría para contenerte,/ y en fin sigue y aunque el hombre callara y este mundo se hundiera...

Juan Manuel Roca: Muy hermoso poema. Una pregunta relacionada con el poema y con el silencio. Si el silencio es la única voz, ¿habría una especie de esperanto de silencios para la poesía? Con eso quiero decir ¿sería lo mismo el silencio de la poesía de Eliot, que el silencio de la poesía de Paul Celan, por decir dos nombres?

Gonzalo Rojas: Yo estoy no por la moda ni por nada, pero estoy más cerca del silencio de Celan, no del otro silencio que da para la metafísica. Este otro silencio es pavorosamente silencio y no más. Hueco. Resuena la oquedad.


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