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Conceiçao Lima (Sao Tome y Príncipe)

Por: Conceiçao Lima
Traductor: Elkin Obregón

Innegable

Por dote te recibí al nacer
Y conozco en mi voz tu palabra.
En tu esencia, como la simiente en la fruta
El verso en el poema, existo.

¡Casa marina, fuente no elegida!
A ti pertenezco y te llamo mía
Como la madre que no escogí
Y sin embargo amo.

 

 

Los héroes

 

En la raíz de la plaza
Bajo el mástil
Huesos visibles, severos, palpitan.
Pájaros asustados derriban cornetas
Retroceden en silencio las estatuas
Hacia lejanos paisajes
Los muertos que murieron sin preguntas
Regresan lentos con los ojos abiertos
Indagando por sus alas crucificadas.

 

 

Raúl Kwata

 

Los alegres pantalones, de payaso, no eran suyos.
No era suya la camisa.
El castaño y el negro
En los pies izquierdo y derecho
Eran de otro.
Largo, de buen cuero
El cinturón no concordaba, lucía.
La propia flacura, de huesos menudos
No le pertenecía, flotaba.
Tosía mucho, tropezaba.
Arrastraba con él dos ojos
Astutos, burlones, de pícaro.
Y era dueño de una risita irónica,
Su escudo.
En los pasos cargaba un arsenal
De Historias vivas, antiguas
Y tenía el poder de lanzar carcajadas.
Sabía los nombres de todos los parajes,
En ninguno quedaba su aldea.
Murió paria en la excolonia.
Está enterrado en la isla.
No reparó en la nueva bandera.

 

 

En la playa de San Juan

 

Hace siglos que su frente taciturna
Desafía la premonición de las estrellas, los firme movimientos
El solitario remo, la heredada sapiencia
De presentir el olor de la calima
Y la mandíbula del tiburón

Él que cree en Dios y en los dioses
En la bondad de los amuletos, en la ciencia de los astros
En la falible destreza de sus brazos
Hace siglos que parte con la alborada
Sin que nadie lo vea

Todos los días esperamos no obstante su regreso
La blancura de la sal en sus músculos tensos
El impulso final
Y el triunfo sembrado en el regazo de la playa.

Tras su rastro escrutamos al caer del día
Los límites del mar
A su presencia ganan nuevo impulso
Los pasos de las mujeres
El tintineo de las monedas, el pregón de las vendedoras
Y se llenan de palabras las ferias al atardecer.

De este lado, la otra orilla de lo infinito
Donde le crepúsculo saluda el regreso
Del más allá del horizonte, del hemisferio de la espuma
De la línea oculta en el azul espeso
Del lugar donde el agua sólo conoce la voz del agua.

Nosotros te esperamos
Mercader lunar, inadvertido guerrero
Y al brillo de las escamas que revelas
Pues sin ti la playa sería apenas la playa,
El perfil del mar, la queja del viento
Y la desnudez de las algas aferradas a la arena.

 

 

El vendedor

 

Los ojos brillan como luciérnagas
En procura de los clientes.

Del hilo que es la mano
Flotan sacos de plástico
Precarios, multicolores globos.

La Feria de Ponto es su escenario.

Al final del día, parsimonioso
Entrega la bolsa de las monedas a un adulto
Y recupera la edad.

 

 

La leyenda e la bruja

 

La señora Malanzo era vieja, muy vieja.
La señora Malanzo era pobre, muy pobre.
No tenía hijos, no tenía nietos
No tenía sobrinos, no tenía ahijados
Ni primos tenía, ni entenados.
Era muy pobre y muy vieja
Muy vieja y muy pobre era
Era vieja, era pobre la señora Malanzo
Pobre y muy vieja
Vieja y muy pobre
Era vieja y pobre
Era pobre y vieja
Vieja pobre
Pobre vieja
Vieja
Pobre
Hechicera.

 

 

El otro paisaje

De la lisa extensión de los arenales
De la altiva ondulación de los coqueros
Del infinito aroma del huerto
Del azul tan azul del mar
Del cintilar de la luz en el poniente
Del ágil sueño de la simiente
De todo esto y de lo demás
La redonda luna, orquídeas mil, los cañaverales
De maravillas tales
Os hablaré.
Y diré de los coágulos que socavan
la fibra del paisaje
de los ayes que sustentan los pilares de la Ciudad
y de las palabras muertas, asesinadas
que sin cesar no obstante renacen
en la impura voz de mi pueblo.

 

 

Jenin

Los buldozers parten sin fanfarrias.
Arrastran por el polvo las cintas de las sandalias
Y el pavor en las alas de las gallinas.
En su rastro agonizan las palabras
Y el bíblico rostro de los olivares.

El fémur que horada los escombros
Está muerto, no tiene nombre
Es una estaca de marfil
Que brilla amargamente en la tierra de Jenin.

Amanece en Berlín, en otro sitio
No en Liberia o en los fields de Freetown
No en el refugio de Jenin o alrededor de mí.

 

Innegable

Por dote te recibí al nacer
Y conozco en mi voz tu palabra.
En tu esencia, como la simiente en la fruta
El verso en el poema, existo.

¡Casa marina, fuente no elegida!
A ti pertenezco y te llamo mía
Como la madre que no escogí
Y sin embargo amo.
 


Conceiçao Lima nació en la ciudad de São Tomé, São Tomé y Príncipe, en diciembre de 1962. Poeta y periodista, ejerció cargos directivos en la televisión, la radio y la prensa escrita. Fue productora de servicios en lengua portuguesa de la BBC de Londres. Licenciada en estudios luso-afro-brasileros, por el King's College de Londres, le fue otorgada una maestría en estudios africanos por la Escuela de Estudios Africanos y Orientales de Londres, con especialización en gobiernos y políticas del África sub-Sahariana. Sus poemas se encuentran dispersos en diferentes publicaciones, entre ellas: Coro de poetas y prosistas de São Tomé y Príncipe, 1992; Voces poéticas de la Lusofonía, Sintra, 1999; Antología del Mar en la Poesía Africana de Lengua Portuguesa, Río de Janeiro, 1999; Sterz (Revista austriaca) y Bendenxa -25 poemas de São Tomé e príncipe para los 25 años de Independencia, Lisboa, 2000. Su primer libro de poesía O Útero da Casa se publicó en la Editorial Caminho de Lisboa. Una antología poética suya está siendo compilada por el centro de estudios afro brasileros de la Pontificia Universidad Católica de Minas Gerais, Brasil, país donde se ha difundido parte de su trabajo poético.

Última actualización: 14/05/2021