Festival Internacional de Poesía de Medellín

Aly Pérez (Venezuela, 1955)

Canción lejana

Pasa por mi corazón
la vieja casa materna
cubiertas de malangas
y matices vino tinto
de sus desaparecidos almendrones.
Un olor a granos cocidos
se pierde más allá de la cocina y del peltre azul cobalto
de las ollas y cafetera
la casa de mi madre
es un pájaro
que canta en su nido de helechos
a la sal de los alimentos
la concordia y los olores.
Pequeño hogar
que ahora pasas por mi corazón
silbando trinos lejanos
sólo mi perro blanco
lo entiende.
Madre recorro la casa
pero no la veo
de día un humo gris
tuerce las calles
de noche nubes negras
cubren la luna
al amanecer
ya no está
el cerro de la cruz
todo el piedemonte
es una horrible cortina
de latón y aluminio
derritiendo el verde quemado
que las clama en la distancia.
Madre
ya no está la montaña
se ha perdido como mi perro
junto aquel cachorro de venado
tal real como estas colinas
que me mostraste
a mis cinco siete
u ocho años

¿Recuerdas madre recuerdas?

Jardín oculto

–Fragmento–

Permanecemos tras la calma de la página
en la quietud del amanecer
o del atardecer en el jardín
fluido microcosmos vegetal
en él se confunden
hojas blancas con ocres brillantes
se abren a la levedad del negro invernal
almendronadas y amarillas guardan
secretos de los discursos epicúreos.

Los brotes escarban la calma
en el ojo y el pico de perico
el amargo rito del tejido vascular
se derrama sobre pupilas
que exploran verdes penumbras
alrededor de una mesa de madera.

En la voz arcillosa del jardín
Horacio plantó sus odas
pétalos armónicos
que protegen la herencia de la palabra
ante invasiones de malezas negras
apestadas de miserias.
En sus callejones verbales
crecen berberías capachos crotos
lenguas de helechos atraviesan
el ulular del verano

plumas de perdices levitas
en el vacío del aire.
El grito de las isoras se alarga
como una composición de Jackson Pollock
pudriéndose en matices ocres
y quebradizas melodías
que nadie ve o escucha
cuando la luz agujerea
la gestualidad del chorreado
armando y desarmado tallos
nervaduras florestas pistilos
estambres y polen
se enroscan en las lombrices de tierra.
En la inclemente realidad de la memoria
florece aquella rosa de Mesopotamia
que soñó Georges Schehadé
en el jardín oculto
de un trozo del país
donde la angustia no fuera un muro de guerras
sino un camino de infinita paz
en el que se entrega
la rosa del poema
al desaliento de la distancia.

Cuántas veces Tibisay
recorren los jardines del mundo
el primer día del solsticio invernal
a recoger caléndulas flor escondida
acaricias el estremecimiento de las espinas
con la flor del ceibo en la palabra
quedas como Dafne convertida en laurel por la mirada de Apolo
dios solar que detiene la mañana
para encontrarnos con Esculapio
Higia Minerva y Paracelso
quienes enlazan el viento de los campos
a herbolarios medicinales
que curan el vuelo de las palomas
símbolos del espíritu santo
por llevar en sus picos ramas de laurel
que sanan al planeta del cáncer
haciendo sonreír los ácidos celestes

 

Aly Pérez nació en Venezuela en 1955. Poeta, escritor, pintor. Escribe poesía, ensayo, crónicas de libros y crónicas sobre la región en la que vive. Durante 21 años trabajó en la Universidad de Carabobo como docente en artes plásticas y literatura, en esa Institución creó en el año 1990 la Cátedra de Poesía. Ha publicado: Según la casa, Cuerpo N° 5 y Nochevieja, Premio Nacional de Literatura Augusto Padrón.
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