Festival Internacional de Poesía de Medellín

Juan Diego Tamayo (Colombia, 1968)

XVI

Vi derramar mucha sangre.
Los sueños quedaron tendidos en el campo.
Nadie consoló las estrellas ni imploró el perdón.
Sólo una boca decía: “Muerte, Muerte”. Su escudo era su cobardía.
Mas llegaron las palabras. Venidas de todas partes.
En la plaza avivaron el sueño, la alegría, la hermandad.
Vi un hombre levantarse de entre los muertos:
“Mereces lo que sueñas”. Dijo.
Y las estrellas cocieron la boca de aquel que decía: “Muerte, Muerte”.

VI

No vi nada. El fuego lo lamió todo. Barcas, caseríos, palmeras.
Todos dejaron sus caseríos. Todos, me decía el viento, dejaron su ser en la arena que recogía su llanto.

Llegaron vencedores y vencidos. Ascendieron como la bruma golpeada; bajaron triunfantes como la lluvia.

En el valle las lágrimas florecieron.

Flor de odio es lo que ahora queda.

No vi nada. Todo fue muy rápido. Tan rápido como un nacimiento.

Apenas recordaba el agua.

IX

Así fue que nos olvidamos.

El caballo bajó desde la colina. Estaba lleno de luciérnagas.

Terminaste de deshojar la flor de la noche.

¿Cómo fue posible?

La columna de humo cubrió los campos.

¡Virtud la sombra! ¡Claridad nuestro nombre!

¡La noche pule la piedra de pedernal con la estrella de los muertos!

*

De nuevo tus huesos
Despojados del olvido
Ver sangrar una palabra
Como la belleza propia de los geranios
Arrancas una sílaba
Del espejo negro de tus alondras
Columnas son tus huesos 
Para tu sangre de corona luminosa
Frente al tiempo de la calma
La roja estepa de la carne y del agua
Se despoja del alba
Sin descanso hemos de sentir
La noche púrpura y su amanecer

*

Lenta es la lluvia
Y lento fue el regreso
Palabra de origen, de ceniza y viento
Llegaron con sus vuelos amarillos
Con su estampa de cardo
Y alimentaron fiestas y encantos
De júbilo fue el eco
De dulzura el espejismo
El signo en la piedra
Inicia otro canto

*


Tú eras el lugar imposible 
Del grito y de la espuma
Sólo importaba una música de carne y recuerdo
Nombres, murallas, huesos
Todo esto la voz de una verdad
De espinas inexplicables
Pienso en tus ojos púrpura de escarnio
En tus dedos sonámbulos recorriendo el arpa
En la sed ígnea de tus lagrimas
También mi voz es un pájaro de cielo y soledad
En tus manos dejo una joya
Para que cultives mi silencio

*


Mientras cortabas estrellas para el agua
Las pavesas de mis ojos te hacían cercana
Te abracé como a un invierno triste
Como a la muerte cuando se llora
Y temblé en la estación más lejana de tu ser
Tu casa era palabra de la rosa
Silencio de una playa
Y de un mar que me contó sus historias
Escondí en mis venas tus olas y tu delirio

*

Tú eras el acorde de una estrella
Viajando por sueños de vino
Sobre los suaves cielos de la memoria
Tu mano acarició una y otra vez
Los árboles centenarios
Yo escuché tus canciones de júbilo
Y todo volvía a su temblor 
De piedra antigua
Toda palabra fue una huella de flor
Una sombra de sonido futuro
Un rostro mirando el horizonte
Tú eras el sonido y la palabra 
Que fecundaba la tierra

*


Tú sabes soñar
Y perderte en el aire de los geranios
Así dormía en tu boca un grito
Al filo de las hojas
El rocío cae y revienta en palomas
“Necesito un silencio vacío”
Una piedra de ceniza
Para fundar la casa de los mensajes
Encender la antorcha
En este país de brizna 
Y huesos enterrados
Ahora que tú sabes soñar
Y nombrar la tierra

*

Juan Diego Tamayo nació en Medellín, en 1968. Cofundador del Festival Internacional de Poesía de Medellín. Poemas suyos han sido publicados en las revistas Prometeo, Imago, Punto Seguido, Misterio Eleusino, Isla de Barataria (Argentina). Participó en el tercero y séptimo Festival Internacional de Poesía de Medellín. Obtuvo el Tercer lugar en el concurso de poesía Castro Saavedra (1994). Ha dictado numerosos talleres de apreciación poética y de poesía contemporánea. Tiene como libros inéditos: Los Elementos Perdidos y A una Ciudad.

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