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La maldición de Gilgamesh

Por: Abdul Hadi Sadoun


(Aproximación a la reciente poesía iraquí)

Desde que sembró Gilgamesh su maldición en el alma de los mesopotámicos, a raiz de su búsqueda de la planta de la inmortalidad, en la famosa epopeya sumeria que lleva su nombre, ningún iraquí desde el sexto siglo antes de Cristo y hasta el momento, podría expresarse sin el mismo motivo de la búsqueda, ni de otra manera más que descifrando las palabras sobre las tablillas de los poemas, o los versos de la sabiduría para continuar la vida al ritmo del milagro.

La poética árabe, de ayer u hoy, no puede entenderse sin esclarecer antes el papel de la poesía iraquí, siempre pionera en el cambio de reglas, renovando la estética, la forma y el espíritu del verso. En este caso y sin ir mas lejos, la revolución poética y el cambio total de la escuela clásica del verso árabe a la escuela moderna del verso libre, ha ido de la mano de los poetas iraquíes, desde mediados del siglo XX.

Como se sabe, la modernidad en la poesía árabe es inseparable del nombre de Irak. La tendencia renovadora de la producción poética árabe, que comenzó a mediados de los años cuarenta, a través de lo que se llamaría luego el verso libre, surgió con los poetas iraquíes Al-Sayab, Nazik al-Malaika y Abd al-Wahab al-Bayati. La aparición del movimiento del verso libre en Irak preparó el camino para revolucionar la poesía árabe.

Según el profesor Martínez Montávez en su libro La literatura iraquí moderna (1973): “Aquella escuela lírica ha tenido una fuerte influencia en movimientos paralelos nacidos en otros países árabes”. La sucesión de los movimientos poéticos desde esa fecha, pasando por los poetas de la generación de los 60 y 70, contó con los esfuerzos de destacados poetas iraquíes. Incluso un poeta importante como el sirio Nizar Qabani expresó en una ocasión que: “Irak es el centro del mundo poético. Si no fuera por él se hubiera desequilibrado la tierra, saliendo la poesía de su órbita. Irak es el padre de todas las descendencias poéticas... en una sola palabra, es el Adán poético, y todos nosotros somos sus hijos o bien sus nietos”.

Debo señalar que en Irak, la poesía, no se considera un complemento o un lujo sino una necesidad real y una parte esencial en la composición de cada iraquí; ya que para él no es solo un método de expresión, sino una experiencia viva y una extensión de su vida: en ella plasma su experiencia y vive lo que no le fue permitido vivir.

La mayoría de los críticos concuerdan en que el primer poema de la poesía iraquí contemporánea fue escrito por la poeta Nazik al-Malaika el 27 de noviembre de 1947, bajo el titulo de “El cólera”. Y así empezó la revolución poética, al romper parcialmente con la herencia y el método de la poesía árabe clásica, llevando a gran parte de los poetas árabes a descubrir y crear nuevas estructuras dentro del amplio campo de la poesía mundial. Asimismo esta revolución poética manifestaba un deseo de romper con las normas de la poesía clásica, sus lemas y cadencias, y una necesidad de mayor libertad de expresión en la forma y en el contenido, y por eso se denominó “verso libre”, forma que predomina en el mundo árabe hoy. Después de estos precursores vinieron generaciones que fueron clasificados por décadas: de los sesenta, los setenta, los ochenta y los del fin del siglo.

Cada generación innovaba y se rebelaba contra la anterior. No obstante, cada poeta iba haciendo su propio camino y buscaba su propia experiencia.

El tiempo de evolución de aquellas generaciones les dio la oportunidad de darse a conocer y tener un renombre en el mundo árabe, y de ser traducidas a otros idiomas, entre ellos el castellano. En un tiempo posterior, y dentro del período extendido entre las tres guerras (la guerra irano-iraquí y las dos guerras del Golfo) emergieron a la luz dos generaciones renovadas, que se llamarán más tarde la generación de los 80 y la generación de los 90 o la del fin del siglo.

La influencia de la llamada generación de los 80-90 (generación de las guerras) en la poesía iraquí contemporánea, trasciende la búsqueda de razones para su relevancia. Aquí se puede encontrar una invitación para estudiar las voces de esta generación, que mostró una notable singularidad en prestigiosas revistas literarias, dentro y fuera del país. Lo que destaca en los poetas de esas dos generaciones es su gran nivel cultural y el conocimiento experimentado de la creación poética. Algunos de ellos obtuvieron con sus primeros poemarios importantes premios árabes. Otros tuvieron gran presencia y publicaron varios libros de poemas antes de finalizar la década.

Cabe señalar también que la mayoría de ellos no pudieron publicar sus primeras obras hasta que abandonaron su patria, en el destierro, a partir del 91. La aparición de varias poetas en estas dos generaciones, cuando publicaron sus primeras obras, devolvió al mundo femenino su presencia en el foro de la poesía, después de una larga interrupción a partir de los años 60 y 70. El surgimiento de estas dos generaciones, durante los tiempos difíciles de la guerra, no proporcionó a sus poetas el pleno derecho a la crítica ni la oportunidad de que se comprendiera su formación y su nuevo estilo. Las tendencias a expresarse sobre sus particularidades tomaron diferentes formas de un poeta a otro y constituyeron una secreta entrada para ellos, creando al mismo tiempo un tipo de soledad abstracta hacia la determinación de la trayectoria de su generación y su derecho a tener una posición singular como una voz importante de quienes vivieron en aquellos años.

Las consecuencias de la aparición de estos poetas en el período de la guerra se han prolongado hasta la actualidad y han motivado la migración y la huida de muchos de ellos en busca de la libertad en otros países occidentales. La continua destrucción del desarrollo social dotó de una dimensión existencial a los poetas, en lo que se refiere al estudio profundo, la contemplación y la penetración en un hecho con diversas señales significativas. Asimismo, el término guerra-muerte llegó a ser un símbolo aplicado en la orientación de los colores de dicha generación. Aquella pura coincidencia o bien la del destino, les concedería una sombra que acompañaría su nombre de generación de la devastación y que afectaría positiva y negativamente a la estructura oratoria poética y a toda la poesía escrita durante dicho periodo, incluso en el exilio, o bien en la larga estancia en el extranjero.

La mayoría de los poetas de este período (1980-2000) coinciden en que la creación de la semilla de la rebeldía como concepto y creación existencial de su generación, puso de relieve su construcción en la madre patria, y que la verdadera literatura iraquí está en la tierra y en las raíces. Las muchas directrices que demuestran las mismas voces han sido destacadas con un rango importante en el exilio, son las que constituyeron la llave de la verdadera percepción de su generación con sencillez. Después de la guerra, el exilio afiló e hizo madurar a estos poetas, hecho que podemos percibir tras las sucesivas lecturas de sus libros, publicados fuera de la patria. La diversidad de las tendencias expresivas de estos poetas contribuyó a revelar sus hallazgos sobre la literatura, la herencia espiritual y la poesía árabe contemporánea. También ayudó, en gran medida, a degustar las literaturas universales, sobre todo la poesía. Además de la seria contribución de esta generación al periodismo cultural, su diversidad permitió subrayar tendencias en los poetas, en su búsqueda de los diferentes elementos topológicos y temas que les motivaron a lanzarse sobre extensos campos y nuevas puertas abiertas para expresar sus peculiaridades, como ocurrió con la apreciación plena de la poesía en prosa escrita en su época. La mayoría de estos poetas encontraron que nada podía expresar mejor sus visiones que la poesía en prosa, a pesar de su gran dificultad y su contenido, para albergar los enormes cambios de la era moderna. Este tipo de poesía sencillamente les permitió eliminar una antigua barrera, para dejar la puerta abierta a la aventura y la experimentación.

Las nuevas generaciones a la vez no carecieron de la posibilidad de escribir poesía rimada y practicar todas las formas poéticas para expresar sus anhelos, mediante poemas perceptivos, existenciales, contemplativos, subjetivos e, incluso, poemas de la cotidianidad.

En la guerra, la existencia y el exilio como sus temas predilectos, como ocurrió con la Guerra Civil Española y su gran influencia en los poetas de la década de los 30 en España, lo que ha sido objeto de diversos estudios críticos importantes, encontramos el nacimiento de las dos generaciones, de los 80 y los 90. Guerras devastadoras, determinarían la identidad de estos poetas. Su éxito durante el tiempo de la guerra les exigió introducir un léxico, unas expresiones, y nuevas imágenes en el mapa de la poesía iraquí, de modo completamente diferente a las obras árabes escritas durante la etapa de la guerra árabe-israelí en 1967, conocida como la guerra de los seis días. La gran crueldad de este léxico es conocida solamente por los iraquíes de estas generaciones. Sobre la catástrofe en la época de esta generación, señala un poeta: “Nuestra generación es una de las generaciones más dispersas geográficamente y la más dolida, porque nació en tiempos de guerras, y la mayoría de sus poetas vivieron esta experiencia como soldados en las primeras líneas del frente. Luego comenzó la diáspora, el abandono y la emigración, en un intento por comprender lo que estaba pasando”.

A pesar de lo que han sufrido los iraquíes, en general, y los intelectuales en particular, por las consecuencias de las guerras, la dictadura, el embargo y todo lo que conlleva una crisis alimentaria, de medicamentos, las enfermedades o las destrucciones sucesivas, su creación poética continúa con una calidad y cantidad admirables, intentando hacer que sus voces sean escuchadas por todos los medios.

En general, se observa sobre la mayoría de la poesía iraquí hoy su cuidado por la lengua, la densidad de sus símbolos y su preocupación por los grandes temas que nos atañen. En la ultima poesía iraquí encontramos la diversidad y la persistencia de temas como la eternidad, la muerte, los nexos entre el amor y la guerra, la patria y el exilio, la memoria y los sueños eternos de la humanidad.

Todo ello aclara y señala las profundas heridas de todos los poetas de esta generación. Uno de ellos, Adnan el-Sayegh, ha llegado a publicar hasta hoy más de ocho poemarios, destacando entre ellos Cielo en un casco (1988), Espejos para su largo cabello (1994), Bajo un cielo extranjero (1994) y El Canto de Uruk (1996). También obtuvo dos premios internacionales de poesía: el premio Hellman Hammet y el de Rotterdam. En la última entrevista que le fuera realizada, señaló que su mundo poético se basa fundamentalmente en “lo portentoso de la realidad que vivimos y la extrañeza de los incidentes que vemos y que sobrepasan, a veces, el asombro del mito heredado”.

En gran medida, el vocablo guerra y sus horrores son muy notorios a lo largo de los versos de su última obra, El canto de Uruk, considerada como la más extensa en la historia de la poesía árabe moderna. En ella intervienen el tiempo, el lugar, los personajes, las incidencias, los recuerdos, las fechas marcadas, los mitos, las creencias y las historias personales, dentro de un largo y continuo marco de delirio que domina el pensamiento del poeta-hombre, recuperando el nombre mítico de Uruk para recordar la primera civilización de Irak. En algunos versos de sus poemas dice:

“No somos más que las piedras de los molinos/ dad la vuelta a nuestra tierra, piedra por piedra, encontraréis vuestra sangre llenándola,/ oh, una nación que vive sin guerra”.

En el poemario, al-Sayegh verifica su presencia como poeta glorioso, reflejando audaz y verazmente todas sus vivencias desde finales de los 80 hasta mediados de los 90, cuando escribió su poema épico. Durante mucho tiempo, esta verdad ha ido creciendo mientras se trasladaba de ciudades, fronteras y frentes de combates sangrientos:

“Colgué el abrigo de mi vida/ y fui a la guerra encogido como un huérfano/ sobre una camella... oh, qué será de una patria con la espalda carcomida por las termitas,/ una patria hecha de pieles desgarradas y pegadas una sobre otra/ para hacer resonar los tambores en la plaza de la guerra”.

Podemos observar que el planteamiento de temas delicados y el significado de la libertad empezaron a aparecer después de su obra Bajo un cielo extranjero, sobre la cual hizo referencia el gran poeta iraquí Saadi Yussef en su prólogo a la obra señalando: “Una toma más grande de libertad influyó en la forma y en la naturaleza de la materia prima, ¿será esta nuestra salvación de la pesadilla?” Al mismo tiempo encontramos que sus poemas están dominados por el sentido trágico, el amor delirante y el sollozo prolongado, desde el alba de la civilización iraquí hasta el último día del exilio forzoso. Su obra es un testimonio de la historia nacional y refleja las terribles secuelas de la guerra y las barbaridades de los tiranos a lo largo de todas las épocas y todos aquellos años que “vivieron los iraquíes sin derramamiento de sangre”. En este sentido, dice el poeta:

“Cuento nuestras guillotinas con las condecoraciones que brillan en su pecho como lágrimas de una viuda/ él arrastró el país a la terraza del palacio/ y lo dejó descolgado sobre el muro de nuestros cuellos”.

A pesar de que el dictador decide sobre nuestra vida, la de los amigos, la de los árboles, la de los libros y la de toda la historia, el poeta ruega a los dioses, aunque no recibe ninguna respuesta:

“Y a dios escribo diez cartas con papel de lágrimas/ y las envío por correo certificado,/ pero no contesta a su siervo/ oh, dios/ a quién enviamos los dolores que sufrimos” .

Y antes de que termine el poeta su largo canto, recuerda que dejó su patria lejos, y no recordará en su próximo exilio más que la voz triste de su flauta:

“Y te fuiste solo a tu destierro/ cantando, frustrado al viento como una extraña flauta/ dios guarde a la patria que no veré”.

Mohamed Madhlum, es otro poeta que publicó varios poemarios, entre los que se destacan: Cometidos (1992), El retrasado (1994) y Los que están con Mohamed (1996), en los cuales aprovecha su larga experiencia religiosa, para crear un mundo poético caracterizado por la sensación mística y el subjetivismo surrealista. La última obra intenta construir su particular visión, que se asemeja a la propia experiencia realista, sobrepasando la etapa del descubrimiento general para llegar a la indagación particular. A ésta concede el carácter rebelde para introducirse en ámbitos más transparentes, contiguos y determinados, en lo que se refiere al encuentro entre la memoria y la aceleración de la auto devastación, en el poema “El álbum de las fotografías aplazadas”, cuando ponen los ojos en evidencia el dolor de los recuerdos. Su autobiografía poética elige algunos puntos concretos de su vida en el exilio para mostrar símbolos, lugares y seres vivos que no pueden esperar otros aplazamientos:

“Gilgamesh no tuvo su afecto en el espejo/ salió vivo de todas las batallas hacia su sueño/ donde dejó a más de setenta exiguos durmiendo/ desde el principio del Eufrates hasta el este del Tigres”.

Hablar del exilio devuelve al poeta a la larga guerra a través de testimonios oculares, recuerdos y el dolor incesante, sin remedio:

“Oh, guerra, soy tu desterrado/ las mujeres son cárceles que no entierran mi mutismo/ y las ciudades deliran como calendarios a las que no interesan los combates”.

En su enfrentamiento con la realidad dolorosa, el poeta se ve necesitado de denominaciones más claras para introducirlas en su poesía realista. Palabras como el mítico Gilgamesh, guerra, viaje, refugiados, minas, tanques, cadáveres y trincheras, son muy significativas ante los ojos del lector y se aglutinan adecuadamente en el “personaje-función”.

La patria ha sido un tema persistente en la poesía de Madhlum, a pesar del paso de los años, los cambios acaecidos y la crueldad del exilio. Esa patria tiene una imagen devastadora en el corazón del poeta:

“El final de mis días sin la patria/ era como un grupo que veía todo, por última vez, y me sumergía/ sentado entrecruzando las piernas en una barca repleta de muertos/ mis ojos borrando el olvido/ y detrás de mi espalda se formaba el recuerdo del exilio” .

En las tres obras, no se aleja el poeta de las sucesivas imágenes y referencias, ni de la similitud de los diferentes estilos poéticos. Aún si llega a sobrepasar el límite de la aventura, en la actitud del poeta impresionado que confía en sí mismo y en sus habilidades poéticas. En su obra Los que están con Mohamed, dice:

“Mis frases no terminan cuando hablo/ porque yo salto entre diversos comienzos/ y no alcanzo el significado final/ no llego hasta el final de la mañana,/ cuando las heridas finales son otro suplemento con su boca abierta” .

Antes de finales de los 80, dos poetas conseguirían un destacado éxito en el mundo árabe, atrayendo las miradas sobre ellos, permitiendo así hacer llegar la voz de su generación a lo largo de los años siguientes con toda confianza y claridad. Estos poetas, Bassin al-Miriby, con su poemario El privado de la rosa, y Jaber Yousef con En busca del soplo del viento, merecieron ambos el primer lugar de un prestigioso premio actual de la poesía árabe. La concesión del premio a estos dos poetas fue una prueba de la capacidad de la generación de la guerra, de su singularidad e importancia, y de su intento de crear una poesía experimental rica, y sirvió, además, para poner fin a las dudas sembradas por la crítica, sobre la necesidad de nombrar a los poetas de esta época como la generación de la nueva modernidad. Al-Miriby señala en su obra premiada: “Antes de recuperar/ mi corazón para gritar con Hamzatof: /Oh, poesía, si no fuera por ti estaría huérfano”. También le encontramos haciendo referencia a las angustias y la absurdidad de la existencia de toda una generación. En la misma obra ofrece algunas imágenes de los dos pintores españoles más innovadores de la modernidad, cuando dice:

“Esconde soles que luchan en las vastas llanuras de tus ojos/ cuelga el tiempo de Miró en el olor del túnel/ y deja el camino libre para la pesadilla del señor Dalí/ no hay terciopelo para probar en mis pies/ no hay perfumes para bordar la camisa de tu fuga”. Cuando recuerda los túneles de los tiempos devastadores, vemos que sus versos revelan con profundidad la expresión descubierta en los ojos del lector:

“Caen las sillas de montar y las riendas/ dibujando el destino de pueblos que vienen sobre la arena/ el Eufrates es un odre atravesado por las flechas y la esperanza es un diálogo interrumpido/ relinchan las virutas en mi caballo de madera delante del acueducto de fuego/ los compañeros montan las colas de sus camisas largas y holgadas/ pero no hay relinchos/ no hay forraje ni agua/ y las ciudades sin campos abiertos en el fondo para el relincho del corazón” .

En cuanto al yo en la obra poética de J. Yousuf, que comparte el premio, encontramos muchas referencias al mismo a través de las manifestaciones de los diversos personajes que intervienen entre sí y de manera conjunta, esperando el fin que les aguarda. Así lo manifiesta en su poemario:

“Las muchachas campesinas adolescentes vírgenes y virtuosas/ hacen señales con las puntas de sus avergonzados dedos/ entre las vacas y los búfalos/ hacia las filas de los soldados,/ sus caras reflejan la juventud y el deseo/ sus pasos por estrechos caminos alquitranados/ van hacia lo desconocido” .

Al describir la guerra y la destrucción, el poeta hace referencia a las secuelas que dominan su imaginación:

“Caídos desde muchos espacios,/ nosotros nos vamos con la arena/ hemos soñado con la alegría y con la lanza para cazar el animal/ ¿qué ocurrirá después del resplandor de nuestra muerte?/ han sido dispersadas de nuestro alrededor las imágenes de las tribus y las elegantes estatuas/ cuando hemos gritado a nuestra frontera penetrada por la devastación:/ devuélvenos nuestro orgullo/ ¿quién devolverá la campana de la naturaleza a la resonancia de la creación?”.

En su primera obra, Wisam Hashim intenta reordenar el mundo y todo lo que le rodea con un lenguaje carente de temáticas para que las cosas adquieran, y concedan al mismo tiempo, nuevos nombres con un sentido extraño. En esta ocasión el poeta pretende sacar a la luz dichas novedades con una sensación propia y trágica. Dice en un poema de su libro Llanuras en una jaula:

“Nacíamos como si fuéramos tomando el pulso de la comadrona/ y preguntamos sobre el deseo de la piedra en la tierra,/ y luego abandonamos los nacimientos sobre una almohada pálida,/ contando los muertos por la mañana,/ para anotarlos al final de la lista” .

La búsqueda de la verdad humana es más importante que la habilidad en las técnicas lingüísticas o estilísticas para el poeta, por ello le encontramos de manera frecuente acudiendo a la presión de su vida para reflejarla en la poesía, cerrándola en la jaula de su prosa poética:

“Oh, hermanas mías, la partida hacia la tumba es la más cruel estancia/ la lluvia recia es un mero deseo/ las llanuras nos dejaron atrás, solo dejábamos atrás el puño del juez/ nosotros con los sueños blancos/ caminábamos de prisa dentro de una jaula.”

Razaq al-Rubayi es otro poeta importante que comenzó escribiendo poesía para los niños y se destacó especialmente por sus libros Con referencia a la anterior muerte (1986) y En luto de lo que quedó (1989). Es preciso señalar que pudo emplear con éxito su potencia poética para realizar una producción literaria cercana a su vocación: el teatro. Quizás sea un ejemplo singular entre los de su generación, al escribir obras teatrales que no salen del marco de los horrores de la destrucción humana, y que se asemejan tanto al teatro del poeta español García Lorca.

El poeta escribió más de cinco obras de teatro, que obtuvieron mucho éxito y se estrenaron en divesos festivales. En su último poemario, Funerales colgados, invoca en uno de sus poemas titulado “Los dedos de Fátima” los pormenores de la estancia en el extranjero y el asombro de los recuerdos de la infancia. El autor aglutina todos estos factores conjuntamente en el personaje real-irreal de Fátima, que simboliza popularmente la madre, la infancia, la patria y también el desafío en un tiempo crítico. Dice el poeta:

“Se fueron.../ y Fátima dejó sus dedos derramados sobre la ceniza de mis dedos/ en la nostalgia de los nombres/ donde el viento grita/ en la vida oscura” .

Sobre la diversidad de las civilizaciones de su país, contempla una imagen de la voz triste del individuo en su exilio, esparciendo las cenizas de sus palabras sobre los papeles:

“En Uruk/ donde está la planta baja/ vi a su reyezuelo modelado por la anarquía de la creación,/ de pie, llorando/ sobre tambores que rodaron en los surcos de la oscuridad/ con lamentaciones fúnebres.../ ¿quién refinará el exilio si caen las palabras?”.

En el poemario El andante de los días (1992), del poeta M. Turky al-Nassar, los vocablos muerte-existencia, forman un círculo cerrado que no da lugar al color blanco en su poesía. En el poema “Máscaras” dice:

“La muerte se lo lleva todo/ y la vida nos abandona/ ¿desde cuándo nos hemos olvidado de la roza/ y comenzamos a recordar las máscaras/ que maduran por la muerte?”.

En el poema “Raíces” se repite la mención del color negro, símbolo de la pérdida de la generación:

“Las raíces son negras/ como los dedos de los muertos/ ¿qué hacemos cuando se apodera la tempestad de estas raíces/ y anula nuestra frente/ y nos perdemos sin dedos/ en medio de una tempestad sin raíces?”.

En el poemario Soñando cruzar el canto (1993), de Fadhil J. Jaber, el vocablo emigración y su complementario, la nostalgia hacia la patria y las raíces, dominan a lo largo de sus poemas. Dice en uno de ellos:

“Después de convertir la mañana en un pasado/ lo recordaremos como cualquier cosa monumental/ en aquel día/ será inútil quien se interese por tu reino/ más que mis huidos pies/ mientras te saludan a ti, destierro” .

El poeta plantea este monólogo para hacer posible la búsqueda de otro náufrago semejante a él, dice:

“Te lo pido/ no desnudes la rosa de su perfume/ ni escuches demasiado las canciones colgadas/ en las paredes del recuerdo/ por supuesto puedes remediar la ansiedad.../ si tomas un hilo grueso como un cielo cuadrado/ y lo atas al ala de una mañana terrestre/ te curarás de la enfermedad de la ansiedad” .

En los recuerdos de esta generación queda aún un conjunto de influencias tradicionales y espirituales. Las lecturas coránicas, en particular, dejaron su huella en la poesía de esta generación, que según el citado Razaq al-Rubaiy son “sombras que otorgan imaginación al texto poético”. También existen las lecturas bíblicas como factor renovador, como en la poesía de la poeta Dunia Michael, sobre todo en su libro La hemorragia del mar. Pero todos estos indicios se incluyen siempre dentro de un círculo particular que podemos ver con claridad en el poemario El libro del shin (1994), de Ali al-Shilah. En la introducción de éste, el prologuista define la poesía del autor como “poesía de notas al margen del canto fúnebre”, y añade que “el poeta acude a los canturreos populares religiosos y aprovecha su resonancia, intentando construir su poema con un estilo libre que predispone al lector a estar en armonía con él. Dice al-Shilah en uno de sus poemas:

“La entrada de la casa lloró/ cuando me vio/ y gritó ¿por qué has venido?/ He perdido mi rostro/ y lo que conocía me hizo extraviar/ y reniego de mí.../ a quien vi/ y cuando me desperté en la patria/ para aliviar mi temor/ imaginé tu puerta/ como una casa”.

La diversidad y el exceso del poeta aparecen con el recuerdo y el presente como una doble dimensión. Para él, Bagdad es el símbolo de la nostalgia en todos los tiempos venidos:

“Me convertí en adicto a la hora de Bagdad,/ en mi reloj/ y luego la até a mi lazo/ y empecé a conjugar todos los tiempo/ en la hora iraquí”.

Los poetas de la ultima poesía iraquí (1980-2000) encontraron en la diversidad poética un depósito interminable de imágenes y referencias aptas para expresar su pensamiento oculto. Ésta se diferencia de las anteriores generaciones por su nueva tendencia lírica y el exclusivo subjetivismo moderno en todas sus formas, amalgamado de entendimiento contemporáneo de los recursos vivos de la tradición. Es una generación rica y discutible en el campo de la poesía moderna del mundo árabe, en lo que se refiere a sus concesiones creadoras, además de la extensa y diversa experiencia entre la patria y el exilio. Todo ello conduciría a un impacto sobre las anteriores generaciones a pesar de que completa, con un gran mérito, una parte innegable del mapa contemporáneo de la poesía iraquí, que nunca se agota, como si fuera la razón de la eternidad del pueblo iraquí. Quizás un verso de uno de estos poetas resuma con precisión lo más destacado de su generación:

“Solos lucharon desesperadamente por ser un anillo en el único dedo de Dios”.

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Abdul Hadi Sadoun nació en Bagdad, Irak, en 1968. Poeta, narrador, traductor hispanista y guionista de cine. Desde 1997 codirige la revista y publicaciones de ALWAH, única revista cultural en lengua árabe en el territorio español dedicada a las letras árabes. Es autor de los siguientes libros (En lengua árabe): El día lleva traje manchado de rojo, Damasco, 1996; Encuadrar la risa, Madrid, Alwah, 1998; No es más que viento, Madrid, Alwah, 2000 y Plagios familiares, Jordania, 2002. Algunos de textos han sido traducidos al alemán, francés, inglés, italiano, persa, kurdo y euskera. Sus textos aparecieron en dos antologías de poetas extranjeros en España y Gran Bretaña. En castellano publicó una selección de sus poemas bajo el titulo: Peces muertos, Ed. Fumarola, Madrid, 2002. Coautor de dos libros en castellano: La vuelta del viejo a su juventud, cuentos eróticos árabes (Hiperión, 2003) e Irak: un mar de mentiras ( Olivum, 2003). Traductor del castellano al árabe de los siguientes libros: Antología de cuentos hispanoamericanos, 1998; Antología de poesía española moderna, 2000; El Lazarillo de Tormes, 2001; Canciones para Altair Rafael Alberti, 2002; Corazón tan blanco, Javier Marías, 2002; Antología Poética, Vicente Aleixandre, 2003; Virtudes del pájaro solitario, Juan Goytisolo, 2003. Reside en Madrid desde 1993.

Última actualización: 17/10/2018