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Hassan Teleb

Hassan Teleb


He aquí Karbala’...1
PERO NO SOY AL-HUSEYN...

Testimonio que el principio de la luz es el fin de las tinieblas.

Testimonio que fui sacrificado por traición,
Que la bandera fue izada a media asta.

No testimonio haber descendido a la arena,
Donde se es a veces vencedor,
Y a veces vencido.

Testimonio haber testimoniado:
Mi testimonio es inacabado,
Mi pluma fue depuesta,
Las páginas falsificadas se han pasado...
El tintero está reseco...
No queda más que una mancha de sangre
Sobre el suelo de Ninawa2 , coagulada,
Viscosa. con matiz de púrpura,
De un rojo oscuro que ilumina las cenizas...

¡Qué pintoresco cuadro!
Coronándose de rojo a la negrura...

¡Loado aquel que ha coloreado!
¡Loado aquel que ha dibujado!

Testimonio que este corazón sólo tiene su sangre.
Que la desgracia más reciente
Es la más remota.
Que el inicio de los aguaceros
Es el fin de los infiernos.

En realidad, yo te miro desde aquí arriba
Y veo tus ruinas...
Miro con tristeza tus hijos
Observo tus tanques y tus aviones
Y sonrío.

Testimonio no haber participado en una guerra...
Si sólo mi adversario,
A mis ojos, se hubiera manifestado
¡Ah!... Si un verdadero ejército
Aquí, en Karkh3 , me hubiera encontrado...
¡Hacia él me habría precipitado!

¡Si fuera un hombre!
¡Un caballero honesto,
Que se mostrara ante mí para desafiarme!
¡Si fuera un héroe,
Y, cuerpo a cuerpo, me hubiera atacado!

Pero es un fuego de infierno...
Que, bajo la orden del dios de la guerra,
Se ampara en los hogares,
Y asfixia parientes y niños,
Y los devora...
Un diluvio de magma
Carbonizó los tesoros del Oriente
Derrumbó “Beyt-al-Hikma”4
Como antes se derrumbó la Torre de Babel,
Quemándose los manuscritos del Califa Al-Mu’tassim,
Los últimos, pertenecientes a su época.
El fuego se adueñó de los libros de lógica,
Devastó las epístolas del Fiqh...
Se propagó,
Devoró volúmenes de gramática,
¡Y versos que sometían al insumiso!

Testimonio no haber presenciado este terror,
El misil no me dio tiempo para abrazar a mi hija
Y recoger sus entrañas del suelo
¡No vi mi casa desplomarse!
Mi profesión de fe no fue pronunciada...
Testimonio no haber tenido el tiempo,
Ni la ocasión... ¡para beneficiarme de ello!

Sólo fue un relámpago... Insuficiente,
Para marcar ese instante
Que separaba el estallido del fuego
El sentimiento de las quemaduras
Yo sentí apenas que caía
En un pozo de ascuas,
El ardor de las flamas vaciaba mi alma...
Testimonio que el rostro de mi mujer
Es el último espectro que,
En el suspiro último,
Me saludó...
O que yo saludé
En el umbral del tumultuoso espacio del istmo
Que separa
La existencia y la nada
Pero yo no tuve el tiempo Durante ese instante fugitivo
De observar sus rasgos
De leer en su hermoso rostro
La expresión escondida
Detrás del estupor vaporoso
Tratar de comprenderla,
Comprender la razón
De sus lágrimas abundantes.

Testimonio:
Como si estuviera entre dormido y despierto,
Alrededor de mí, todo se derrumbaba
Ignoraba hacia dónde me conducía el destino
Como si, en un sueño, yo volara:
Como en un mito,
Un rocho hambriento, sobre mi alma, se ensañara.
Como si yo, súbitamente, me estuviera desvaneciendo,
Y cada vez que intentaba sobreponerme,
Fracasaba;
O como si estuviera
Adormecido... Sin dormir verdaderamente.

Testimonio que sólo pertenece al soñador
Lo que ha contado,
Y al amante lo que ha disimulado,
Que la pasión más discreta es la más manifiesta.
Testimonio haber develado mi secreto,
No tener nada para desenmascarar...
Testimonio que el fin de la avaricia es la generosidad.

En realidad, yo te miro desde aquí arriba
Sin casi reconocerte
Apenas recordando
Lo que te ha sucedido.
Todo de lo que me acuerdo,
Es que el dios de la guerra se aburrió,
De lo que queda en la tierra se cansó:
De los poemas y los versos,
De la música de olor,
Del perfume de los retoños verdes,
De la pureza de las melodías.

Se desató como un toro
Se uniformó y, de rabia, echaba espumarajos
Se envalentonó contra los niños,
Asesinó a los hombres...
Armado con la máquina de muerte
Había venido a vengarse,
Bien abastecido,
Provisto de un ejército de cocineros,
De acompañantes... y de esclavos. Testimonio sólo dos cosas
Una, temerás su adversidad
Otra, él ataca y tú le repelerás.
Jura no temerle...
Sé fiel a tu promesa;
Si él obra como un ogro,
Abriendo su hocico para devorar,
Habrá que impedirlo.

Testimonio que el comienzo del hambre
Es el fin del apaciguamiento...
Destripa al dios de la guerra...
Apresúrate,
Antes de que él no digiera
Lo que ha comisqueado.

Testimonio haber leído en el libro de los mártires
Que, aunque prudente,
Quien tema al monstruo se hace asaltar,
Y quien lo hierra, se estigmatiza.

Testimonio:
Mi padre me dijo un día
Que su padre le dijo un día:
“Es tu suelo,
Muere como su dueño
Y no vivas como esclavo”.
Testimonio que él citó un ejemplo
Que yo retengo todavía:
Dos carneros,
En un desierto,
Se daban cuernazos...
¡El lobo era el árbitro!
Testimonio haber testimoniado:
¡Cómo un rebaño de carneros,
Solicita la asistencia del lobo!

Testimonio haber sido sacrificado por traición,
Hoy vivo allí donde no hay que hablar
De placer o de pena...

Fui sacrificado por traición
Sin saber la razón...
¿El sable rebotó?
¿Mi mano me traicionó?
O bien, ¿me dejaste,
A la muerte, mi espalda desprotegida
Para despedazarme?
¡Es posible que en el momento decisivo me hayas abandonado?
Ni tus flechas fueron certeras
Ni el caballo se fortaleció...

Fui sacrificado por traición... ¡sin saber la razón!
¿Se debe a que la seguridad
Es hoy la preferencia de los poetas?
¿O que los miembros de los dos consejos
No son más que marionetas?
¡Que los ministros,
Y consejeros de gabinete
Están todos mancillados!

Tal vez el comando terminó por debilitarse
El héroe, glorioso, nada pudo asaltar...
Ni siquiera se decidió a actuar...
En cambio, logró salvarse
Como lo hacen ciertos tiranos:
Sirviéndose del ejército para fortalecer sus tronos...
Edificando un Estado de carceleros,
De prisiones y castigo...
El día del juicio final
Le habrá bastado
Haber orado, ayunado,
Visitado los lugares santos
¡Y espera besar
El sagrado confín!

Testimonio no tener más palabras qué decir,
La extensión más amplia es la más limitada
Yo te miro desde aquí arriba
Y te veo
Tu entorpecimiento es muerte
Tu despertar, embrutecimiento
Tus pueblos adoran sus torturadores
Tu elite ignora la diferencia
¡Entre ídolo y Dios!

Testimonio que la extremidad de las montañas
Es el inicio de las cimas
En realidad, debo ahora
Dejar tu presente
Abandonar tu porvenir,
Desterrarme
Apagar esta antorcha negra
Que resplandece desde
Los Mu’llaqat
Hasta Busiri y su Burdah.

Testimonio haber testimoniado:
El principio del arrepentimiento es el fin de los remordimientos.

Testimonio que sólo pertenece al testigo lo que ha visto
Y al mudo lo que lo ha estigmatizado
Cómo puede ser borrado el estigma...
¡Cuánta humillación!

¿Cómo yo,
Que estoy en el paraíso,
Puedo renunciar a la justicia?
¡Desgraciado de mí!

Cómo regocijarme con las vírgenes...
¡Mientras que Bagdad desdichadamente es golpeada!
Y que, por los pies de los neomongoles,
Basra es hollada,
Y la honorable Nadjaf, humillada.
De Kerbela se han adueñado...
Esos rebaños, partidarios del dios de la guerra...
Lo peor de lo que la civilización occidental
¡Nos ha engendrado y aderezado!

Testimonio que sólo pertenece al ayunador
Su intención
Y al comensal lo que ha digerido.
Me cuido ahora de no acercarme
Al festín de los villanos,
Banquete de ilícitas viandas,
Donde Árabes y extranjeros se mezclan
Y los perros se convierten en lobos
¡Brindando todos por
La fiesta de la avidez!

Testimonio haber testimoniado:
El fin de la escucha es el principio de la sordera
En realidad, me taponé los oídos
Para no escuchar la alegría de los enemigos
En las “antenas” de los nómadas
De “Radio Raid”
Y del “Gran Cairo”
Que transmiten las negociaciones de Turcos y extranjeros.

Me aparto de los funcionarios
De la Organización de los auxilios,
De las Naciones Unidas y su misionero...
Testimonio que el principio de la humillación es el fin de la altivez...
Testimonio que sólo pertenece al testigo
Lo que ha visto
Y al dirigente su opresión
En realidad, te miro desde aquí arriba
Otorga justicia
Y precisa las acusaciones:
Te proclamo culpable...
De la cabeza a los pies.

Testimonio...
Hazlo conmigo,
Sé testigo de estas conciencias
Vendidas al precio irrisorio
Del dinar y del dólar
¡En los mercados de las conciencias!
Testimonio que, desde mis cielos, veo
Lo que tú no estás en capacidad de ver...

No soy un profeta...
No poseo aforismos y sabiduría...
Sólo soy un mártir... He aquí lo que soy,
Mi alma furiosa planea en el paraíso
Y te mira desde aquí arriba...
Enumera las acusaciones:
El tirano de Irak
No es el único tirano
Los son todos tus dirigentes,
Rodeados de sus cómplices...

Testimonio que sólo pertenece al testigo
Lo que ha visto
Y al rabioso lo que ha poseído
En realidad, veo diez mil mártires
Escupiendo de aquí arriba
Sobre el estatuto de Saddam
Sobre la faz del “León”
La barba de nuestro señor el Imam
El rostro de Kafur
Y la nariz del sirviente del Haram
(¿Dónde están tus espadas, Kafur, y el amolador?)

Testimonio que por traición, todos me sacrificaron:
Su venerable majestad;
Y, luego, su infancia, el príncipe heredero,
Su excelencia, el inspirado comandante
¡O ese líder respetado!

Testimonio que todos me sacrificaron,
Y que mañana, tú serás igualmente abandonado
Como un pedazo de carne, en la carnicería, olvidado
Me sacrificaron,
Extirparon mi vida,
Sin molestia...
Ni pudor...
La mujer que se prostituye,
Ante la gente, fingiéndose pudorosa
Mientras que ellos se exponen sin moderación...
¡Su grasa no es más que tumor!
Testimonio: sólo tienes que extirpar el tumor.

Testimonio que el principio de la convalecencia
Es el fin de la enfermedad
Y que con un poco de voluntad
Estarás curado
Desde hace tiempos ella roe tu médula
Solamente se trata
De un sí, o de un no...
Sólo se es responsable de lo que se pretende.

De tanto testimoniar, no queda nada más qué decir
La tristeza más profunda es la más singular
Es el tiempo para una llaga que no cesa de sangrar
Y de cicatrizar

Testimonio haber testimoniado
Mi testimonio termina
La bandera está ondeando
Las páginas falsificadas ya han pasado
Y el tintero está reseco
No queda más que una gota de sangre
Tinta roja oscura
Para escribir testimonios y significados,
Elucidarlos
Para la lectura de las cifras y las letras...
Testimonio haber testimoniado
La cara ha sido desenmascarada...
Déjame lanzar
Sobre tus fantasmas,
Una última mirada
Y concluir:

Sólo pertenece al mártir lo que ha testimoniado
Y al poeta lo que ha escrito

Marzo-abril de 2003

1. Huseyn b. Alí. Nieto del profeta e hijo de Alí.
2. O Nínive, capital de reino asirio, famosa por sus dimensiones, su sistema de aducción de aguas y son templo de Ishtar.
3. Barrio de Bagdad
4. “Casa de sabiduría” de Bagdad fundada por el Califa Al Ma’mum (813-833). Especie de instituto que reunía bibliotecas y sabios de diversas disciplinas.

Traducción del francés: Pablo Montoya

Hassan Teleb nació en Sohag, Egipto, en 1944. Se graduó en filosofía en la Universidad del Cairo. Ha sido profesor de estética en la carrera de filosofía en la Universidad Helwan de la misma ciudad. Coedita la revista literaria Ibdaa, de circulación mensual. Ha participado en festivales internacionales de poesía en África, Europa y también en el Festival Internacional de Poesía de Medellín. Sus poemas han sido traducidos al griego, francés, inglés y castellano. Recibió en 1995 el premio Kavafis de poesía. Ha publicado, entre muchos libros, A tattoo in a Girl’s Chest, The Violet’s Biography, FIRE immemorial Within Light Immortal, The Era of Olivine, The Holy Verse of the Arabic Setter y No Nile but the Nile. Es Corresponsal de la Revista Prometeo en Egipto. La version del poema Voici Karbela, con traducción de Pablo Montoya, que publicamos en esta edición de Prometeo, fue censurada en su país.
Última actualización: 28/06/2018