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Pedro Arturo Estrada (Colombia)

Pedro Arturo Estrada (Colombia)


Se llama poesía

Homenaje a Aldo Pellegrini

Se llama poesía todo aquello que cierra la puerta a los imbéciles, sí.
Todo aquello que abre, en cambio,
la visión y el secreto del mundo a los inocentes,
a aquellos que lo apuestan todo a nada,
los que no guardan, no se cuidan, no esperan, no acechan,
no calculan y sin embargo, están siempre a punto de encontrar
como por casualidad incluso el amor, la muerte, la vida misma.

Se llama poesía todo aquello que tira los pies
tras lo imposible. Lo que revela el otro lado de las cosas,
lo que canta al final del desastre sin motivo alguno.
Lo que te avienta inclemente fuera de tu ser
o invade en silencio –marea extraña–
el interior hasta ahogarte los ojos.

Se llama poesía todo aquello que estalla de golpe en la palabra
sin aviso y sin lógica. Lo que no puede explicarse
propiamente a los listos, a los que siempre tienen la razón.

Se llama poesía todo aquello que vuelve luego del exilio,
la derrota, los miedos. La luz que un día retorna a los cuartos cerrados
de la vieja memoria; la antigua, recuperada simplicidad de los días.
El viento que reaviva una llama en la noche. Lo que nos sobrevive,
lo que siempre nos queda más acá de la herida, la pérdida más honda
como una última, callada, –oculta fortaleza.

Otra fiesta

Dónde entonces la verdadera fiesta
si estos sones groseros no son la música amada,
si el estruendo y los gritos rompiendo la noche
sólo remedan en vano cierta alegría perdida para siempre.
En qué pequeño rincón del mundo y entre cuáles gentes
se esconde, danza y ríe el espléndido dios de los felices.
Porque ahora, sólo calles abarrotadas,
tumulto y baratijas, disfrazan el vacío
y hacen aún más sucia la vida.
Muertos rituales, abobadas palabras de ocasión
reavivan la terrible nostalgia de lo que un día fue la gran fiesta del mundo,
la plenitud del goce, del amor y de la vida.
Exiliados del reino de la dicha
—que oscuramente recordamos—
sus lejanos brillos, sus ecos, sus vestigios nos obseden,
y entre fanfarrias huecas y chillidos simiescos,
intentamos recobrar esa luz primigenia,
esa danza ebria y el fuego original ya extintos.
Dónde entonces la fiesta
si hoy nada más soportamos este furioso bataneo,
esta insomne algazara de idiotas destrozando sin pausa
los últimos reductos del silencio.

No hay lugar

El silencio nos despierta zumbando con sus grillos subatómicos
y en la hora más honda de los cuerpos su implacable presencia
hace evidente que no hay lugar:
estamos demasiado llenos de nosotros mismos.

Pedro Arturo Estrada Girardota, Antioquia, Colombia, 1956. Poeta, narrador y ensayista, ha sido tallerista literario y miembro del equipo de la Casa de poesía Porfirio Barba Jacob de Medellín. Sus textos han sido incluidos en diferentes antologías, revistas y periódicos del país y del exterior. Premio nacional de poesía Ciro Mendía en 2004. Cofundador de la revista Fuegos. Ha publicado los libros: Poemas en blanco y negro, 1994; Fatum, 2000; y Oscura Edad y otros poemas, 2005.
Última actualización: 28/06/2018