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Wole Soyika (Nigeria)

Wole Soyika (Nigeria)


¡Ah, Demóstenes!

Me llenaré la boca de piedritas
Demóstenes
No para ahogarme, sino mitad delfín, mitad
Pez martillo de aguas profundas
Cabalgar en las olas embestir contra los rompientes
Que erigen,
Machacar los impedimentos del poder e inundar
Sus torres corrompidas:
Me llenaré la boca de piedritas.

Pondré ortigas en mi lengua
Demóstenes
Y luego frustraré su retracción punzante. Ah,
Que me queme de los pies a la cabeza
Que en cada poro tenga sarpullidos
Para que marchite el poder del tirano
Con una descarga
Pondré ortigas en mi lengua.

¿Pero ha oído hablar del werepe
Demóstenes?
Ni siquiera toda su estoica calma puede apagar
Los abrasadores pelos de esa vaina infernal.
Hace que una reina corra desnuda por el mundo
Una comezón que le dice al mundo que su carne
Está putamente enferma:
Pondré werepe en todas las lenguas.

Pondré un poco de veneno de ratas en mi lengua
Demóstenes
Para picar a los roedores con el beso de la muerte.
Decidiré su destino en túneles oscuros y húmedos

Como habitaciones de sus rehenes
Privados de aire, privados de esa misma luz
Entre sus manos ahuecadas para sumergir su mundo
Pondré un poco de veneno de ratas en mi lengua.

Me meteré todos los dedos en la garganta
Demóstenes –
Para sacarme un chorro de bilis y ahogar al mundo.
Está petrificado, Demóstenes, puras formas
Usurpan los corazones que conocíamos, puras raspaduras.
Este tartamudeo no se convierte en el mundo,
Esta lengua de millones fugitivos de la verdad:
Me meteré todos los dedos en la garganta.

Dejaré que pase la cicuta
Demóstenes
Ah, no entre mis labios– he compartido
Su fina disolución en un sinnúmero de gargantas
De acuerdo con aquel sabio agnóstico.
No tartamudeaban como el mundo que dejaron
—Y yo sé por qué—
¡Sus vidas se consumieron con piedritas calientes
En sus lenguas, Demóstenes!

Plumas a sueldo

La pluma puede abrirle un sendero a los arados
La pluma puede forjar espadas con arados
Con palabras del arado y la espada.
Y la pluma consagra, y la pluma desenmascara las mentiras
De las vanas teologías, la pluma entroniza
Los reclamos mohosos del Poder, recomienda
Como de origen divino espacios disputados.

La pluma resulta ser poderoso oído de las espadas
Lengua que glorifica hechos sangrientos, que viste de fama
La violación, que saquea con túnicas venerables
De épicas hazañas. La pluma puede hundirse
En el tintero y salir
Goteando sangre.

Piedras preciosas adornan sus lenguas de rutina,
De hipocresía, de conjura estéril.
Muéstrenme las camas de agua en que se acuestan
Saquen el tapón y pregúntense por qué el flujo es rojo oscuro
Y espeso, y con grumos. Eternamente

En enjambres como langostas, como mentiras y moscas, consortes
Sacados de negras orgías de plumas conmemorativas
Larga es la línea de las grandes seducciones
Atracción del ocio en nuestra tribu ajedrezada – de poetas
orales ambulantes, hasta la pluma y el computador portátil.
Hemos llegado a conocer algunas. Sirvieron
Y fueron servidas a su turno. Algunas creyeron,
Y otras vendieron sus almas en un mundo de ensueños.

Pero ambas estaban inmunizadas contra el testamento
De los ojos, y los oídos, el hedor y la culpa del poder
Y la anomia de la lluvia que se vuelve roja, de plagas de langostas,
La muerte de los primogénitos, los siete años de escasez y
Otra vez de nuevo el octavo y luego la secuencia circular –
De la muerte y la carencia. Una promesa no ganada o dada
No es para que la rediman los mortales –

Pero Dios decretó que el fin multiplicará los medios –
Curtida en la espera, la pluma escribe:
Nosotras también servimos.

En la madrugada

Azul diáfano, el humo de los cigarrillos
Sinuoso sobre película húmeda y el barniz de madera,
Apaga el cromo, envuelve colgaduras de terciopelo,
Empaña la cueva de los espejos. Dedos fantasmas
Peinan cabellos de algas, golpean venas aguamarinas
De marineros abandonados, cautivos
De las notas voluptuosas de Circe. El barman
Prepara pociones ígneas–
Sonámbula, la orquesta sigue tocando.

El mezclador de cocteles, pez plateado
Baila para los clientes infaltables.
Los aplausos están empapados de fatiga,
Enredados en las redes de los susurros de los amantes
Y en el pestañeo coqueto de los andróginos.
Las notas flotantes acarician a la noche
De un suavísimo azul añil –y siguen sonando.

Las partidas se demoran. Las ausencias no
Desocupan la taberna. Cuelgan sobre la neblina
Como exhalaciones de playas retiradas. Pronto
La noche recupera el silencio, pero hasta el amanecer
Las notas dominan el ambiente, epifanías
humeantes, posesivas de las horas.

La queja de esta música perdona, redime
La sordera del mundo. La noche se da vuelta
De regreso a casa, envuelta en notas de consuelo, pliega
El roto silencio del corazón.

Poemas perdidos

A veces pienso en poemas que he perdido –
Tal vez su pérdida fue lo que salvó al mundo – aún así
Se pierden, y sólo los recuerdo
Cuando un fragmento se queda levitando entre
Facturas descartadas, la esquela enmarcada en negro
Con un último adiós, un nacimiento, una invitación a un matrimonio
Y otros acontecimientos de poca monta.

Son tormentos de un momento – ¿por qué? Más allá
De la pasión de un instante, un dudoso fogonazo –
Un satori en un bar, un taxi, un restaurante, la sala de espera
De un aeropuerto– que da origen a unos garabatos
En una servilleta sucia, ¿qué forma de lo efímero
Resuena una sola vez y luego rechaza al cerebro
A la mañana siguiente? Todo lo que sobrevive

Remeda a un pétalo ajado, prensado
Entre las páginas de libros desechados hace mucho.
Una hoja que cae atrapada brevemente por el sol que pasa
Y relumbra en ella, un mero trocito de memoria
Pero lleno de melancólicas acusaciones
De abandono. Demasiado tarde,

Ya sin vida. El libro está cerrado
El júbilo o la desesperación del momento
Ahogado en ríos de vino, marchitado
Bajo soles de guerras mayores. Vuelvo
Ceniza estos libros de recortes de la verdad
De un momento, humo y volutas su maldición–
Una vez más fugitivo fuera del alcance
Del llamado del usurpador
A la mañana siguiente.

Pienso en voces que he perdido, y en toques,
El fugaz roce de los ojos que excava
En lo profundo del corazón de la necesidad, la promesa
Tácita, aquello que supera los actos de fe
Que forjan un mundo instantáneo en un pacto silencioso
Con extraños: vínculos profundos, más profundos
Que el abrazo del amor más querido.

Traducción de Nicolás Suescún.

Wole Soyinka nació en Abeokuta, Nigeria, el 13 de julio de 1934. Dramaturgo, poeta, novelista, crítico, catedrático, conferencista, actor, traductor, editor y activista político. En 1986 se convirtió en el primer escritor africano y en el primer escritor negro en recibir el Premio Nóbel de Literatura. Asistió a la Universidad de Ibadan, y a la Universidad de Leeds, en el Reino Unido. Durante su estadía en Inglaterra, fue libretista, actor y director en el Teatro de la Corte Real en Londres. En 1960 fundó la compañía de teatro Masks, con la cual presentaría su primera obra dramática mayor A Dance of the Forests. En 1964 fundó la "Compañía de Teatro Orisun". En los años 60's, durante la guerra civil en Nigeria estuvo preso dos años. Mezcla del mundo mítico africano con las tradiciones culturales europeas, su obra se inspira en las tradiciones tribales, como la Yoruba, bajo formas occidentales. Libros de poesía: Idanre y otros poemas, 1967; Poemas desde la prisión, 1969; A Shuttle in the Crypt, 1972 y Ogun Abibiman, The long poem, 1976. Entre sus novelas, se destaca, Los intérpretes, 1965. Obras filosóficas: Los Habitantes del Pantano; La Casta Fuerte, 1963; El Camino, 1965. Piezas teatrales: Death and the King´s Horseman, 1975; Kongi's Harvest, 1967; The Lion and the Jewel, 1964; The Trials of Brother Jero, 1964; The Bacchae of Euripides 1973; Opera Wonyosi, 1977; A Play of Giants, 1985; y Requiem for a Futurologist, 1985.
Última actualización: 28/06/2018