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Nicolás Suescún (Colombia)

Nicolás Suescún (Colombia)


Reporte económico

(Adam Smith y Karl Marx se encuentran en un puente de Londres)
“Trabajarás con el sudor de tu frente”, así maldijo Dios a Adán.
Y es así como Adam Smith concibe el trabajo.
– Marx

Adán, no el del Edén, sino Smith,
y el viejo Carlos de las grandes barbas
se encuentran en un puente de Londres.
El judío teutón se abalanza
contra el sajón flemático,
éste lo elude y el falso teutón
cae en las aguas heladas del Támesis,
famoso por las ninfas
que otrora cantaran en sus riberas.
Un coro de alabanzas se levanta
a razón de un chelín por cada voz.
“Todo tiene su precio”, dice Adán,
y Carlos se hunde en el río de la historia,
turbio y lleno de una fauna pedestre.
Glú-glú-glú. Dios entonces
lo recibió en su seno y le dijo:
“Carlos, Carlos, esto te sucede
por llevarme la contraria,
pero Yo soy generoso y soy magnánimo,
dame todo lo que tienes en los bolsillos
y Yo te daré la mejor de mis nubes
muy cerca de la nube de Adán,
de Adán el del chelín, no el del Edén”.
“Eso sería el infierno, dijo Carlos.
“En efecto”, díjole Dios
con truenos y relámpagos,
“pues haz de saber
que todo tiene un precio,
hasta en el Cielo,
pregúntale a Adán si no es así,
al del Edén o al del chelín”.

¿Ser o no ser?

Mirar por el ojo
de una cerradura
y encontrarse uno mismo
espiándose.
Mirarse en un espejo
y descubrir un ser nuevo
que nos observa.
Ser uno y otro, y otro más
al pasar los años
y las horas
de ciertos días interminables
y los segundos de esas horas:
el tiempo,
mar de olvido
en el que nos ahogamos
como en la propia leche
de nuestros sueños.

Lo que contó sobre el pasado
cierto hombre del futuro

Y Lilith, la bestia huraña
que habitaba en el desierto
se apoderó del mundo,
hizo de todos los hombres
sus hijos,
los hizo esconderse en sus casas,
los hizo taparse las caras
y llevar una máscara sonriente,
los obligó a hacer cuentas
y a calcular su vida,
a computar su muerte,
a venderse y comprarse.
Vivirán sin su pasado, dijo,
y no volvió a pasar un solo automóvil
por las autopistas bien iluminadas
que quedaron de pronto en tinieblas
y fueron invadidas por perros
que aullaban como lobos,
mientras en sus pantallas
veían las últimas imágenes
—imágenes ellos—
los últimos hombres del pasado,
que destruyeron el mundo,
por olvidarlo.

Nicolás Suescún Bogotá, Colombia, 1937. Poeta, traductor, profesor, periodista y librero, adelantó estudios secundarios en Virginia; luego tomó cursos de Humanidades, de Historia y de Literatura en la Universidad de Columbia y, más adelante, en la escuela de Altos estudios de París. Dirigió la revista Eco dirigió durante varios años; en 1976 expuso una colección de sus collages en la Universidad de Berlín. Jefe de redacción de la revista Cromos, preparador de informes internacionales para el noticiero Noticias Uno. Traductor de Rimbaud, Flaubert, Somerset Maughan, Ambrose Pierce, W.B. Yeats, Christopher Isherwood y Stephen Crane. Obras: El retorno a casa, 1971; El último escalón, 1974; El extraño y otros cuentos, 1980; La vida es...; Los Cuadernos de N, 1994; y Oniromanía, 1996.
Última actualización: 28/06/2018