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Entre la tigritud y la presa

El Premio Nobel de literatura, Wole Soyinka en una lectura en el 15° Festival Internacional de Poesía de Medellín
Fotografía de Javier Naranjo

Por: Juan Manuel Roca

Conversación con Wole Soyinka

El poeta nigeriano y premio Nobel de Literatura Wole Soyinka tomó parte activa en el XV Festival Internacional de Poesía de Medellín, celebrado entre el 24 de junio y 2 de julio de 2005. En el curso del XV Festival leyó poemas, con una nube flotando sobre su cabeza blanca, en la Avenida La Playa, ante un público que había copado las vías y lo escuchaba sentado en el pavimento.

En ese instante, al viejo tema de Duchase, La poesía debe ser hecha por todos, se agregaba la circunstancia de que los mejores poetas del mundo leían sus poemas en las calles a las que tienen libre acceso todos.

El poeta colombiano Juan Manuel Roca y el director de la revista PROMETEO Fernando Rendón abordaron al Nobel Wole Soyinka en uno de los recesos del evento, y sostuvieron una conversación con él sobre diversos aspectos de la poesía y la contemporaneidad.

Juan Manuel Roca: Bienvenido poeta Wole Soyinka al Festival Internacional de Poesía de Medellín. Queremos establecer un pequeño diálogo, que más que una entrevista, preferiríamos pensarlo como una conversación sobre diferentes aspectos de su vida, de su obra, de sus apreciaciones sobre el hecho poético, sobre algunos aspectos de la vida política y cultural de su país y de África. La primera pregunta tiene que ver con la afirmación de que siempre en la infancia somos extranjeros. Quisiera saber cómo fue su infancia en un país colonizado, en la que debería sentirse una doble condición de extranjero: ser niño, que es una forma de vivir en la periferia, y pertenecer a un país colonizado.

Wole Soyinka: Primero que todo, durante la época de mi infancia, estuvimos confrontados terriblemente por factores coloniales, porque los que gobernaban eran blancos, con sus oficiales de distrito, con el oficial llamado Residente. Teníamos contacto con esta tradición monárquica y cuando íbamos a la escuela nos encontrábamos con lo que ya llamábamos el imperio. Algunas veces, durante el cumpleaños de los monarcas, en la escuela, teníamos que ir al campo, saludar la bandera británica sin saber lo que esto significaba, pero desde luego era una norma más en nuestra infancia.

Cuando presenciaba conversaciones entre mi padre y su círculo de amigos, mi tío, mi tía, a la cual describo en mis memorias de infancia, comencé a reconocer las relaciones entre nuestra gente y nuestro entorno político y los objetivos de los gobernantes blancos. Durante esta época fue que comencé mi educación política y quisiera mencionar una anécdota: en el momento en que fue lanzada la bomba de Hiroshima escuché una conversación telefónica entre mi tía y el oficial de distrito, en la cual se acusaba a los europeos de racismo. Yo recuerdo que ella decía: ¿por qué no la tiraron en Alemania en vez de Japón? Esos ejemplos me hicieron reflexionar. Creo que tenía nueve años en ese entonces.

Culturalmente era una experiencia muy rica porque, a pesar de la influencia del cristianismo y de la civilización europea, pude ser testigo en forma periódica de las manifestaciones de nuestra cultura. Nuestro culto era muy vibrante, teníamos procesiones de máscaras, escuchábamos nuestra propia poesía en nuestro propio idioma y teníamos la posibilidad de escuchar la forma en que nuestra gente utilizaba el lenguaje. Desde luego, la música era muy integral para la experiencia del espectador. Aún los misioneros cristianos, que querían ganar adeptos, comprendieron que una de las formas a través de las cuales ellos podían reclutar a nuestra gente para sus iglesias, era por medio de la adaptación de la música Yoruba dentro de las líricas de la liturgia cristiana. Así que había una tradición muy rica de mezclas, de culturas.

Juan Manuel Roca: A esa edad de nueve años, al mismo tiempo de la perplejidad ante un asunto político que conmovía al mundo como la bomba del imperio sobre Hiroshima, ya usted apreciaba el significado de pertenecer a la cultura Yoruba. ¿Cómo fue ese primer acercamiento a una identidad nacional en medio del colonialismo cultural y del aturdimiento ante hechos como el de la bomba atómica?

Wole Soyinka: No quiero restringir la educación política que recibí a lo meramente externo. Porque aun dentro de la sociedad había una diferenciación entre las partes tradicionales y la gente del común. En una edad temprana yo ya podía observar la movilización de las mujeres contra el gobierno tiránico del monarca feudal, que fue muchas veces frenado por el movimiento y las organizaciones de mujeres.

El sistema monárquico en muchas partes de África es básicamente democrático, en otras palabras el monarca feudal tiene límites, y si los excede entonces el pueblo se puede levantar en contra de los excesos. Nosotros no tuvimos la noción de la monarquía como un poder absoluto de un dictador, el monarca tenía límites. Y cuando el dictador comenzó a crear impuestos excesivos, las mujeres se organizaron. Mi tía tenía un espíritu movilizador. Mi propia madre era uno de sus lugartenientes. Y yo mismo me sentía no precisamente reclutado, pero si actuando en la posición de emisario entre las diferentes mujeres activistas. Así que estaba en medio de todo esto. Aprendí a distinguir entre las diversas fuerzas de la sociedad. Pero en ese momento el mensaje no tenía una articulación. Comprendí que la sociedad no estaba dividida únicamente entre los opresores externos y los oprimidos dentro del país. También había contradicciones al interior de la sociedad, con estas bases pude construir otros aspectos políticos.

Juan Manuel Roca: Si bien entiendo, en esas luchas de los intelectuales de Nigeria contra la opresión, hubo el antecedente de las mujeres, un papel protagónico de ellas en la concientización del orden nigeriano.

Wole Soyinka: No hay duda en esto: las mujeres africanas en muchos casos son mucho más sofisticadas a nivel político de lo que la gente imagina. En la parte oriental de Nigeria, donde las mujeres se movilizaron contra las fuerzas colonialistas, la situación política era como un rompecabezas. Luego, cuando conocí movimientos feministas en Europa y en América, no fueron nuevos para mí, pero al mismo tiempo debo enfatizar que hay otras sociedades en el continente africano en las que todavía hoy se oprime a las mujeres, especialmente en las sociedades musulmanas del continente, así que no es algo que se haya acabado.

Juan Manuel Roca: Hay una apreciación del poeta colombiano Jorge Zalamea que decía que en poesía no hay países subdesarrollados. ¿Qué piensa de esa afirmación?

Wole Soyinka: Pienso que es una apreciación muy exacta y justa. Déjeme darle un ejemplo: si consideramos la poesía de la esclavitud liberada en América, Phillips Wheathley escribía sonetos en un estilo muy inglés. La calidad de su trabajo era tal que el establecimiento literario de Boston estaba convencido de que su poesía había sido escrita por sus maestros. Ese tipo de poesía no podía ser producido por una esclava africana, así que la sometieron a prueba directamente frente a un panel.

Ella provenía de una sociedad de tradición liberiana y de una tradición muy antigua, la de los Griots. Cuando por primera vez tuve conocimiento de este episodio me emocioné porque si los literatos de Boston hubiesen conocido estas tradiciones, también hubiesen comprendido que esto era un talento original y natural en ella, que traía ese genio aborigen natural a la poesía inglesa. Esto fue en el siglo XVIII, no puedo recordar exactamente el momento. Tendríamos que buscar ejemplos para conocer de lo que se preocupaba la poesía. La poesía es tan natural para las sociedades como el fabricar objetos, como la manufactura, es sólo el medio lo que cambia, la poesía utiliza las palabras.

Juan Manuel Roca: Lo que usted dice me hace pensar en Paul Valer, cuando afirmaba que el poeta es la voz de la tribu. Cuando uno lee, por ejemplo, El Decamerón Negro, de Leo Frobenius, encuentra que el papel del Griot es precisamente el de ser la voz de la tribu. Creo que esa cantera de la poesía africana se conserva en su poesía, ¿Ve claros esos nexos de los relatos de los Gritos, de los mitos, en la poesía contemporánea de África?

Wole Soyinka: El mito continúa jugando un papel central en la poesía de muchos africanos, yo mismo soy un compositor de mitologías, porque la mitología contiene los arquetipos y desde los arquetipos se encuentra la sensibilidad de las sociedades. Hubo una época en la que algunos poetas africanos que estaban bajo la influencia de la ideología de izquierda y estaban utilizando expresiones por primera vez como «materialismo dialéctico», «falsa conciencia»… hubo un período en el que ellos dieron la espalda a la mitología. Esto fue algo sin duda reaccionario, lo que yo llamo el período tonto del marxismo africano y la incapacidad de reconocer que nuestras raíces podían ser utilizadas como herramientas para las políticas progresistas, porque dentro del arquetipo de nuestro mundo teníamos por un lado los representantes de lo reaccionario, de los que no tenían poder, y por el otro, los que estaban cercanos a la mitología de la política progresista y sólo había que escoger. En el período posterior de la independencia, el período poscolonial, muchos escritores pensaron que tenían que desarrollar un lenguaje completamente nuevo. Afortunadamente esa etapa pasó y muchos volvieron a utilizar las imágenes, metáforas y sensibilidad que están contenida en la cultura tradicional.

Hay algo que quisiera aclarar y es que no hago una clara distinción entre poesía y otros medios de creación, como la música y especialmente la escultura, lo que quiero decir es que todas éstas son manifestaciones de la totalidad de la cultura. En la medida en que todas estas manifestaciones existen, la poesía debe ampliarse en estos matices.

Juan Manuel Roca: Esa era una pregunta que yo quería hacerle, pero usted se adelantó. Hay un carácter orgánico en la cultura africana, en el cual se podría tomar lo poético como un hecho general para todas las artes y mostrar esos vasos comunicantes tan fuertes entre la plástica, la música y la poesía. En un continente multicultural, ¡cuál podría ser el epicentro, si lo hubiera, en la poesía de las diferentes naciones africanas?

Wole Soyinka: Yo no buscaría un epicentro, cuando tomamos de ejemplo un país como Brasil, donde las tradiciones africanas, especialmente la Yoruba, son muy fuertes y la poesía y el teatro han sido producidos con esa influencia, ¿dónde vas a ubicar un epicentro entonces?

Juan Manuel Roca: Hay una cosa que ha sido bastante debatida, pero que no estaría de más intentar clarificar para los lectores colombianos, y tiene que ver con el tópico de la negritud. René Depestre decía que el tema de la negritud es de alguna manera una forma de racismo negro, y usted en particular tiene una frase que ha hecho carrera. Afirmaba usted que el tigre no tiene porque ir proclamando su tigritud. Al contrario, piensa uno en Aime Cesaire, por ejemplo, que transgrede ese límite programático de la negritud…

Wole Soyinka: Ese, desde luego, es un tema muy amplio y necesitaría mucho tiempo. Pero voy a tratar de resumir un poco los parámetros. Tomemos a René Depestre. Él fue un radical, dentro de una actitud de izquierda. Tomó la misma posición acerca de la negritud del cineasta de Senegal Sanbene Eusman, quien utilizó la expresión «la negritud no nutre», eso quiere decir que la negritud no alimentará a los africanos. No significa que Sanbene repudiase a los negros. Lo que él y un número de nosotros estábamos haciendo era decir: no permitamos que la retórica romántica permee las realidades sociales africanas.

En el caso de mi frase, el tigre no está proclamando su tigritud, esto está en comillas en la versión de Show Time. La frase completa es que el tigre no proclama su tigritud cuando él salta sobre su presa. Decíamos que la filosofía de la negritud necesitaba ser fortalecida por la acción de la negritud, lo que iba a permear la cultura, la política, los programas económicos, de manera total el renacimiento de las naciones africanas. Esto fue por lo que personas como Cesáire y Depestre se rebelaron, porque a pesar de que Cesáire fue uno de los fundadores de la negritud, se distanció de Leopold Sedar Senghor en ciertos aspectos y a partir de un momento no utilizó más la expresión negritud. Para resumir, lo que nosotros entendimos fue que la negritud era un fenómeno histórico, un instrumento de acepción de la identidad que necesitaban los negros francófonos como respuesta a esa necesidad de convertirse en negros franceses, porque el colonialismo francés fue diferente al colonialismo británico. Los franceses querían convertir a los africanos en francesitos y francesitas, así que la negritud fue un instrumento histórico inevitable y en la medida en que comprendimos esto, comenzamos a unir los extremos, los de la negritud, la tigritud y lo que estaba en medio empezó a desaparecer.

Juan Manuel Roca: Creo bastante irónica la imagen de la tigritud, que de todas maneras es una condición más alta que la de la gacelitud, y lo digo porque creo que aun en sus poemas más políticos, el humor aparece como una constante, lo mismo que en su dramaturgia ¿Qué lugar le da al humor en la poesía africana o en la nigeriana particularmente?

Wole Soyinka: Una de las fortalezas de la creación africana, y bien podría ser Ibuu o Yoruba o también en el oriente de África, es el reconocimiento de los aspectos duales de la existencia, que se expresan aún en el panteón de la cultura Yoruba. Por ejemplo, en una diosa como Ishu, que existía para criticar, para punzar el sentido de la excesiva solemnidad de los seres humanos. Ishu existía para recordarnos que hasta los reyes se pueden resbalar en una cáscara de banano, y esto es algo que he absorbido concientemente en mi obra.

La poesía tradicional está llena de esta condición, el teatro también lo está, como podemos observar por ejemplo en las mascaradas, que son un medio solemne del teatro. Pero también están las máscaras que son figuras satíricas que existen para dramatizar las debilidades de la existencia. Algunas veces he dicho que la comedia italiana del arte, con todas sus figuras de arlequín, fueron robadas de las máscaras africanas. La mezcla de la solemnidad de lo divino con lo banal, es una característica de la creatividad africana.

Juan Manuel Roca: ¿Cuáles son las pequeñas piedras que habría que ponerse bajo la lengua como Demóstenes, tema de uno de sus poemas, para buscar un canto auténtico en la poesía que no excluya lo político pero que no se quede en lo puramente ideológico?

Wole Soyinka: La cuestión con Demóstenes viene de un cuento con varias interpretaciones, políticas y también retóricas como arte y desde luego señala las responsabilidades de un artista en la sociedad, que para mí es el aspecto más importante. El trabajo que debemos hacer es quemar nuestra lengua en el proceso de articulación de la verdad, no tenemos otra opción. Y por eso es que considero el poema Demóstenes como la cara opuesta del poema Pens for Hire.

Juan Manuel Roca: ¿Cómo es el trabajo suyo en el Parlamento Internacional de Escritores? ¿Qué función puede cumplir un poeta como usted, en temas tan puntuales como los que dependen de ese Parlamento? Para nosotros es importante conocer esto, como ejemplo de la función social del escritor en su entorno.

Wole Soyinka: Se pone mucha atención al trabajo escrito, a los académicos que están haciendo un doctorado, los escritores que asisten a conferencias, otros aspectos de la literatura, el estructuralismo, postestructuralismo, el deconstruccionismo, postmodernismo y muchas otras expresiones cuyos significados son muy confusos, no significan nada. Pero se pone muy poca atención a los productores reales de esos materiales. ¿Qué pasa con ellos? ¿Cuáles son los problemas que encuentran en el proceso de producir este material para que otros lo acepten o simplemente lo disfruten, es esto un bien de consumo?

Yo escojo un poema, he olvidado quién lo escribió, aunque lo leí, esto se integró a mi humanidad, conservé una frase de él y esto estuvo dando vueltas en mi cabeza por mucho tiempo, y estas palabras a veces son producidas por los escritores en las condiciones más críticas. Así que todas estas consideraciones a veces requieren que se unan los esfuerzos y brazos de otros escritores internacionales para crear una red que enlace a estos escritores aislados para protegerlos en momentos de peligro. En otras palabras, al proteger al escritor, también protegemos al mundo. Así que ahora tenemos una red mundial que constantemente se está expandiendo, dependiendo del presupuesto, tenemos algunas localidades donde los gobiernos han prometido ayuda, pero no hemos tenido la posibilidad de ejecutar acciones y hacer que empiecen a funcionar nuevas residencias.

En la red tenemos escritores que son perseguidos, de China, de la antigua Unión Soviética, Zimbabwe, los Balcanes, etcétera. Una vez durante el conflicto entre los Serbios y los Croatas musulmanes, tuvimos a un escritor de cada uno de los dos bandos ocupando la misma residencia y ellos produjeron una publicación juntos, aun a veces sin intentar contribuir al proceso de sanación de la comunidad. Se producen estos hechos, pero la esencia real de nuestra función es suministrar medios prácticos para la supervivencia de los escritores durante el período en que están en peligro, y esto a veces incluye a las familias. Hemos tenido a veces que tomar medidas para ayudarlos a escapar de los países en conflicto.

Juan Manuel Roca: ¿Qué visión, así sea muy general, tiene de la poesía latinoamericana y qué expectativas tiene frente a un Festival como el de Prometeo en Medellín, que de otra manera intenta también crear una red de defensa de los poetas y de defensa de la poesía. ¿Qué visión tiene usted de eventos como éste?

Wole Soyinka: Creo que Medellín es único por haber generado un público que literalmente come, bebe y tal vez duerme dentro de la poesía. Pienso que hay que hacer una distinción importante, por el hecho de tener esta relación casi osmótica con la poesía, uno puede observarlo en la cara de la gente. Yo ya había escuchado de este Festival de otros poetas en Europa, también de mi compatriota Odia Ofeimun, quien estuvo aquí, en Medellín. Cuando regresó me dijo: «no te vayas a perder el próximo episodio».

En Nigeria tenemos un encuentro cultural donde está la poesía, pero es muy pequeño, no tiene la estructura ni el nivel internacional del Festival de Medellín. Eso no existe y la mayor parte de sociedades desarrolladas no lo tienen. Debo decir que estuve muy plácidamente sorprendido hace unos pocos meses durante el Festival Internacional de la Palabra en Nueva York, había un entusiasmo similar durante las lecturas. Hubo una lectura con una audiencia enorme en un teatro muy grande lleno hasta la última silla, y lo que pude notar es que había una sed muy profunda, un deseo de alimentarse de la palabra poética. Lo que vemos en Medellín es la expresión internacional de la solidaridad de los seguidores de la poesía, lo que es una forma de manifestar este rapto de la audiencia. Puedo observar que ellos también escriben poemas y consideran a los poetas como una forma de comunidad, de su propia comunidad. Eso fue lo que yo noté cuando llegué ayer. Es una experiencia muy real.

Fernando Rendón: ¿Qué percepción tienes de la situación política colombiana y de qué manera crees que se le opone el hecho poético, la experiencia poética colectiva de nuestro pueblo, a esta situación de terror que se ha desencadenado contra nuestro pueblo que además padece un conflicto armado desde hace 40 años.

Wole Soyinka: Sin duda esta es una de las situaciones políticas más horrendas de toda Latinoamérica, pienso. Lo que me impresiona es este tipo de territorio que ha sido protegido por la empresa poética, tengo la impresión de que lo que está pasando está siendo respetado por todos los lados del conflicto civil y esto para mi es algo muy gratificante. Con respecto a las políticas internas de Colombia, no me voy a pronunciar porque este es mi primer viaje a este país y todas las noticias de Colombia nos llegan filtradas por la prensa extranjera. Pero sin importar cuál sea la verdad, pienso que la situación de Colombia ha alcanzado un nivel tal que debería ser ya un asunto de competencia de las Naciones Unidas, y creo que sólo de esta forma tendrá que resolverse: más allá de esto no veo una solución.

Fernando Rendón: Ahora que fue elegido un presidente de tendencia ultra conservadora en Irán hay una primera declaración del gobierno Norteamericano expresando su preocupación por este ultra conservadurismo del gobierno iraní. Pero el presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez es una de las figuras más conservadoras del actual escenario político internacional, está promoviendo la impunidad para los crímenes y masacres de los paramilitares. Aunque talvez el tema exclusivo del Parlamento Internacional de Escritores y su misión estratégica es la protección de los escritores y sus familias, ¿sería posible esperar que el Parlamento Internacional de Escritores en sus deliberaciones discutiera sobre la situación colombiana a partir de la existencia del Festival mismo, que es un hecho colectivo de los poetas colombianos y extranjeros?

Wole Soyinka: Colombia no puede ser una excepción dentro del interés político del Parlamento Internacional de Escritores, no importa de dónde surja el problema, debe ser digno de la atención del Parlamento. Nosotros hemos discutido problemas que van desde la guerra de los Balcanes hasta la violencia del fundamentalismo de Argelia, que creó ríos de refugiados desde el mundo del cine, músicos, periodistas, poetas, novelistas, etc. En el intento de sentar una posición en cuanto al conflicto de Bosnia hizo que el Parlamento se dividiera, así que nunca dudamos en expresar nuestra opinión y debatir problemas sobre todo en aspectos donde están involucrados los derechos fundamentales, el derecho a la libertad de expresión, y la protección de los escritores y su obra. Por una invitación del Khalil Sakakini Cultural Centre, por parte del poeta Mahmud Darwish, tuvimos una visita colectiva, estuvieron Breytenbach, Saramago, Goytisolo y un buen número de nosotros, y allí hablamos francamente de lo que nosotros pensábamos. Esto creó problemas para el Parlamento, pero nosotros asumimos esa responsabilidad. Si el Festival Internacional de Poesía de Medellín invitase representantes del Parlamento para que vean por sí mismos la situación colombiana y hablaran a los escritores desde cualquier lado de la barrera, el Parlamento respondería de la misma manera como respondió al problema de Palestina.

Fernando Rendón: ¿Qué representa la poesía para el porvenir humano en este momento, en la coyuntura política terrible a nivel internacional? ¿Qué esperanza alberga usted en que la poesía pueda ser parte del sueño de una humanidad nueva y alimentar esa pasión y el fortalecimiento del deseo mismo de la vida y que la vida se proteja a través de un movimiento poético mundial?

Wole Soyinka: Déjeme responder esa pregunta con una experiencia directa. Cuando visitamos Ramallah, en Palestina, para un tipo de intercambio, musical y literario, en el antiguo teatro de Ramallah, en el que la gente leía en sus propios lenguajes, muchas veces sin traducción, solamente la musicalidad de las lenguas, hubo una atmósfera en el teatro, en el que la gente se colgaba del techo, se deslizaba por las ventanas, ocupaba las escaleras, los pasillos y estaba todo colmado de gente que compartía su humanidad. Esa fue otra noche mágica y pienso que fue posible tejer el sentido de la transformación, en ese teatro, con esa experiencia en particular, y desde luego todo lo que escuches de esa noche da testimonio de lo que sentimos todos. También se hizo música, pero fundamentalmente fue una noche de poesía. Mahmud Darwish es esencialmente un poeta y muchos de los que estuvimos allí éramos poetas.

Así que es muy difícil articular exactamente cómo la poesía afecta a los seres humanos, pero hay un efecto que es evidente, y cuando la gente asiste continuamente una y otra vez a las lecturas de poesía, experimenta cierto tipo de transformación interna. Yo supe lo que me pasó a mí cuando tomé un libro, tal vez era una antología, una revista y me llamó la atención una frase particular y luego leí el poema, era sólo un encuentro casual, podrían ser simplemente las páginas de una publicación cotidiana, sin necesariamente estar hablando de un volumen con una selección de tus poemas favoritos y hubo algunas líneas de estos poemas que permanecieron en mi mente, que salían a la superficie en mis momentos de sentimientos negativos, de pesimismo, y no era tanto por lo que dijeran las líneas, era por la forma en que se expresaban los sentimientos más ordinarios. De esto es de lo que trata la poesía, no es simplemente lo que dice, más que la forma en que capta niveles diferentes de la realidad que no estamos acostumbrados a ver todos los días. Aun si no es posible psicoanalizar la poesía, pienso que su rol en la transformación de la humanidad no debe ser subestimado.

Última actualización: 17/08/2018