Festival Internacional de Poesía de Medellín

DIANA BERRÍO (Colombia, 1985)


Nada más

¿Por qué mis ojos tan gastados?
Apenas han observado la realidad
y despabilan
se agrietan
se oscurecen, no quieren saber más.

¿Para qué esta sucesión de colores?
La mano extendida para un nuevo rostro,
las respuestas precisas
y luego…
la misma nada
y el cuarto con sombras
sin ninguno de esos rostros,
todos resumidos en constantes
reflejos en el espejo.

Sensación de presenciar
el espectáculo
e ir apagando las luces.

Nadie puede espantar repentinamente
las sombras que lo habitan;
despojos de tanto,
sobre eso que somos
solos…
sin nosotros.

* * *

Nada puede calmar esta sed,
ni el silencio
ni la soledad
ni sus contrarios.

En falta estaré hasta encontrar qué hacer con mis huesos,
sin que comiencen a dolerme
o exijan cuidado mis vísceras.

Todo pasa de largo,
y yo,
muda,
como sonámbula en su sueño preferido
muchas veces habitado,
cuido de mis cosas,
alimento mis angustias,
recorro calles,
reconozco fantasmas de variados colores
de otros tiempos
abandonándome.

Y nuevamente
me presento ante todos,
esos otros
que se extrañan
al ver cada sonrisa
enjugada luego sin motivo.

Construyo formas para alegrar mis días de ocio
entre palabras, canciones y gritos.

Cuidadosamente hablo conmigo
sobre desprevenidas sombras.

Perpleja contemplo
cómo pasan las noches
               traen, llevan
dejando de nuevo ambigüedad
               sinsabor
de tanta derrota o victoria
aceptada,
muy a mi pesar de no elegir la batalla.

Distantes

Cuánto dolor se halla entre nosotros
Cuánto dolor entre tú y yo

Miles de rostros pasan como en festival
Máscaras absurdas,
Personificaciones del primer hombre sobre un asfalto sucio,
Aire pesado, monedas bajo los brazos,
Damas titubeantes
En medio de aceras empañadas por el agua
Niños con el rostro curtido
Por las piedras arrojadas a diario
Desde ventanas oscuras
O desde balcones habitados por conocidas gentes
Muriendo de cáncer y de risas sordas.

Llueve terriblemente en esta mañana Carentes de todo sentido,
Se levantan ancianos a tomar el café
Y a cumplir con el prometido tiempo de angustia,
Por la miseria de respirar seguros bajo un cielo tan gris
Como azul
O rojo

Mujeres hermosas,
Hombres de trabajo,
Hacia el transporte a un nuevo día,
Una carrera continúa al lugar del que salen con afán.

Cuánto dolor hombre de piedra
                              Y mujer de cera

Hay entre nosotros

Y un día igual                (Aunque probablemente sin lluvia)
Se abrirá sobre nuestras cabezas

Nuestras miradas se cruzan
Reconociéndose,

Entre miles de formas

Y siguen hacia otros puntos tan distantes.

Diana Milena Berrío nació en Medellín el 9 de septiembre de 1985. Se desempeñó como una de las organizadoras de la tertulia «Noches de luna llena y poesía» en la Biblioteca Fabricato - Comfama de Bello durante el año 2002 y desde ese mismo año participa del taller de literatura «Sala del agua» de Comfenalco. Actualmente se desempeña como tallerista en el Proyecto Gulliver, de la Corporación de Arte y Poesía Prometeo y la ONG francesa France Liberté. Al decir de Pedro Arturo Estrada, «en Diana Berrío el lenguaje se deslinda de sus derroteros anecdóticos y se repliega tensa, pero cálida, en la profundidad, la intimidad, el secreto de su propio misterio. Repliegue a ratos dolido y tocado por la luz ávida de un mundo áspero y frenético ante el cual las palabras sólo pueden asumirse entonces, como una defensa, una fortaleza y a veces como un arma. Pero también, y es lo que ocurre en sus poemas, como una piel, la más profunda y sensible, la más viva y desnuda: Frío en la piel, labios morados, ojos cerrados / Esperando que caiga el tiempo, / El interminable castigo (...) Lecciones inacabadas, / para la piel desecha por la angustia / de tantas memorias (…) Puesto que el cuerpo es la última frontera del silencio, la palabra sabe bien hacerlo visible y ocultarlo cuando es preciso. La realidad lo acecha y aun, lo invadiría completamente sino está la palabra de por medio como un límite, pero también, como una conciencia y una condensación de energía que a su vez la interroga, la cataliza en corrientes, choques de fulgor y delectación: Mi cuerpo/ Tal como lo amaba,/ Pende en el aire, éste sólo circula,/ Acaricia mis cabellos/ hace temblar mi piel. (…) Palabra que se hace marca, que registra el impacto de esos momentos: Instantes invisibles se marcan en la piel, /Nueva línea en la palma,/ Un oscurecimiento nuevo / Vasto en profundidad en los ojos / (…) Palabra arriesgada y extrema la que Diana Berrío explora en sus poemas. Una palabra que busca y afina nexos nuevos de sentido con lo real, con lo vivido, lo inconsciente, lo soñado, la memoria y el olvido. Palabra que se desnuda y se abre a otras miradas con la franqueza y la ufanía que tiene la belleza siempre joven, donde el tiempo es sólo una sombra al fondo.»
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