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Marcel Kemadjou Njanke, Camerún

Por: Marcel Kemadjou Njanke
Traductor: Rafael Patiño Góez

Yo soy bello

 

Como los dedos raídos
De un leproso
Como la pierna flotante
De un enfermo
Como la lengua seca
De un mudo
Como el oído infiel
De un sordo
Como el estómago plano
De un hambriento
Como el placer reducido
De un escindido
Como la hombrera
De una viuda
Como el silencio obstinado
De un cadáver
Como la espalda volteada
Del ingrato
Como las dudas desenfrenadas
Del imbécil
Como la sangre barata
Del inocente
Como la jornada feroz
De un subempleado
Como la prosa lisonjera
De un mentiroso
Como los ayes repetidos
De un gotoso
Como la fealdad
De las taras
Sobre las cuales
Yo poso mis nalgas
Y grito:

Soy bello.

 

Mentiras 

 

En nombre del pueblo...
Dar garrote a las masas
Poner su trasero a las botas
Desoxigenar el aire que respiran
En nombre del pueblo…
Tomarse las armas
Alambrar de púas las fronteras
Cavar fosas
En nombre del pueblo…
Dilapidar el tiempo
Colgar a la juventud
Darle una estocada al porvenir
En nombre del pueblo…
Escindir la paz  
Enemistar al vecino 
Estrangular la verdad
            En nombre del pueblo…
                        Mentir, mentir, mentir
                        En todos los tiempos
                        Mentirse, mentirse, mentirse
                        Mentir, mentir, mentir
                        En todas las lenguas
            En el santo nombre del pueblo.

 

Paz

Un hermoso día ha llegado
Un día tan radiante
Como el sol soberano de las mañanas
Un gran día
Un gran día cargado de oro
Un gran día
Un gran día decorado con amor.
La aversión está excluida de la tierra
Coloreada de puro goce
Y el infierno del odio está impregnado
De fraternidad.
La aflicción ya no tiene pupitres
En la gran escuela de la vida
Y la tierra juega animosamente
A la rayuela encantadora de las razas:

         Paix!

Esta palabra desapareció de los diccionarios
Y de los léxicos de los Órdenes mundiales
Y reina en los corazones
Señor de todos los instintos:

         Peace!

Tú corres con los niños
Miel de su vitalidad decuplicada
Los cielos conmovidos hasta las lágrimas
Convierten en arco iris las fronteras:

         Shanti!

De sus ciento cuarenta y cuatro mil voces
Que acuden a tu sublime cita
Millares cantan tus cánticos
E incluso las piedras se bañan en este coro:

         Amahoro!

Los cañones y su ta ra ta ta
Abanican tus nanas oh divina amante
El Vaticano beatifica al yogui
Y el mahometano cena con el incrédulo:

         Lapè!

La miseria y sus marineros naufragaron
Los vecinos se miran a los ojos
Los días son laborados en armonía
Y las manos levantan ramos de fekang *

         Kam! kam! kam!

*Fekang: hierba que simboliza la paz


Marcel Kemadjou Njanke nació en Douala, Camerún, el 6 de diciembre de 1970. Después de truncos estudios de derecho, se consagró a la reventa de artículos de mercería. Había considerado siempre la escritura como un botadero de tiempo pese a las invitaciones de su hermana menor que le encontraba cierto talento. Motivado por ella participa en un concurso y gana el Premio de la joven poesía del África Central en 1994. Es así como las publicaciones se suceden, Cris de l´âme, una selección de poemas publicada en 1997, seguida de Le mendiant bleu -novela corta- en 2000. En 2003 publica Poto-poto blues (poemas) y en 2005, La chambre de Crayonne, una colección de textos. Vive en Douala y allí anima Libro Abierto, una asociación de promoción del libro y de la lectura. Lo que llama la atención en su poesía es la estrecha unión con la música que favorece una escritura abundante en imágenes, simple, densa, viva y alegre. Es una poesía muy a menudo comprometida que desarrolla temas referidas a la pauperización de su país, a la libertad pasando por el segregacionismo de las nuevas leyes occidentales sobre la inmigración, la hipocresía política todo esto visto desde el punto de vista de la calle. Él se sirve pues de juegos de palabras, del lenguaje «universal» de la calle y a veces de lo que se llama en su país el camfranglés que es una mezcla de francés, inglés y camerunés. Sus poemas dejan evidenciar una vasta cultura siempre evitando caer en el lenguaje especializado de la erudición. Para él, la poesía debe utilizar un lenguaje tan universal como aquel de la música para que el mensaje pueda ser captado espontáneamente por aquel que lo escucha o lo lee. Se notan consecuentemente numerosas repeticiones que tienen el valor encantador de los refranes.

Última actualización: 04/10/2020