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ÁLVARO MIRANDA (Colombia, 1945)

ÁLVARO MIRANDA (Colombia, 1945)


AQUÍ PARECIÓLE AL REY SOL QUE DEBÍA GANAR OTRA BATALLA,
LA DEL VERBO Y POR ESO SE EMPEÑÓ EN REPETIR DE OTRA FORMA
LO MISMO QUE ANTES DIJO

Segunda versión para la carisma Corte

Qué umbría tiene la España
que ni cabestros ni espuelas,
sólo pellejos os cuelgan
en los bocios y en las crestas:
quintales por posaderas
y tetas por las hombrías.
Qué malandrín hizo hechizo,
qué diablos tajó las glorias:
que sólo derrotas os quedan desde Flandes a Pavía.
Vengan pues mis señores
que la cena está servida:
manatí os doy por carne
y Useñorías:
por vuestras madres
¡Qué vaina!

DECIRES QUE AL SER REZADOS SIRVEN PARA COSAS QUE NO SE PUEDEN ESCRIBIR AQUÍ Y QUE FUERON ENCONTRADOS POR LA DONCELLA ANTONIETA DE ARREDONDO EN LOS PLIEGUES DE VESTIDO DE NOVIA, POSIBLEMENTE DEPOSITADOS ALLÍ POR UNO DE SUS PRETENDIENTES. MAS DICEN OTROS QUE FUERON DEJADOS AL OLVIDO POR EL SUYO NOVIO, EL SUYO ESPOSO, PARA CONOCER DE SU INGENUIDAD Y SU INOCENCIA, CUANDO CRUZABAN LAS SELVAS DEL BRASIL, RUMBO A RÍO, RUMBO A LA LUNA DE MIEL, EN UNO DE LOS MÁS SUNTUOSOS ZEPELINES QUE SE HAYA CONOCIDO POR ESTOS LARES.

Téngote una estirpe de anguilas encantadas
    y el chapaleo de los chaparrones.
Téngote flores de nenúfares en silencio
    y una sonata bajo el légamo.
Téngote una umbría un unicornio
    y un manojo de rayos en mis ojos.
Téngote el almizcle de un caimán sobre el alumbre
    y la hiel de un tinajo bajo crótalos.
Téngote una colmena ardiendo
y el coletazo del Sol sobre el Poniente.
Téngote la mandíbula de un grito
    y las mamas lechosas de un manatí para tus labios.
Téngote el cogollo de una estrella
    y un corcel de mármol que devoró la noche.
Téngote la aventura de un beso que es simiente
    y un tálamo de plumas sobre el lomo de los cóndores.

AQUÍ SE DICE CÓMO ESTABA DOLIENTE DON SANCHO JIMENO PORQUE NADIE VENÍA DE CARTAGENA A AYUDARLO

Canta la rana, cojea la lluvia,
la mar es zozobra que salva el rocío,
preludio de nada que prende en el tiempo,
crueldad del asombro que queda en el grito,
cadáver, cadáver del día que muere perdido.
La noche se orilla,
borda el lucero la voz del arrullo,
estatua de un sueño que crece en el mármol,
piratas sin figado que viandan la historia,
malvados sin facha,
se suenan las ñatas,
se dan puntapiés,
se comen los mangos, chorrean las patillas,
el zumo es esmalte que prueba la sangre,
perfume que sube chirriando a los montes,
canción que se pierde en la boca más agria,
saliva que espesa con velos la tarde.

Alvaro Miranda nació en Santa Marta, Colombia, en 1945. Su primer libro de poemas, Indiada, aparece en 1971. En 1982, con ocasión de recibir el Premio Nacional de Poesía, la Universidad de Antioquia edita Los Escritos de don Sancho Jimeno. Su novela, La risa del cuervo, escrita en 1983, obtuvo el primer premio en Buenos Aires y fue publicada en el año siguiente por la Universidad de Belgrano. Reescrita durante varios años y editada nuevamente en Bogotá (Thomas de Quincey Editores, 1992), es galardonada por Colcultura, con el premio Pedro Gómez Valderrama. Simulación de un reino acopia su obra poética escrita entre 1965 y 1995, poemas que se hallaban dispersos en periódicos, revistas y libros colectivos. (Tropicomaquia, Indiada, Cuatro de Lebrija, Los Escritos de Sancho Jimeno y su más reciente obra, Simulación de un reino). Enrique Molina, poeta argentino, dijo: «La poesía de Miranda tiene un gran valor de originalidad. Toma el acento de un español de crónica antigua. El poeta maneja un idioma paródico, con humor, con fuerza expresiva y con gran contenido vital, al mismo tiempo que interpola elementos actuales, lo cual da un clima especial al libro. Es una expresión, diría, muy rotunda, muy fuerte, que hace recordar al Arcipreste de Hita».
Última actualización: 28/06/2018