Festival Internacional de Poesía de Medellín

CÉSAR SECO (República Bolivariana de Venezuela, 1959)


De El viaje de los argonautas

IV

Cuánto nos preparamos para esto.
En lo alto de la proa lo que se respira es oquedad.
Cada uno escribió su propia carta al único mundo que tuvo
y quizá no vuelva a ver.
Se nos olvidó adónde íbamos,
se nos olvidó incluso la fatiga de aquellas
que nos recibieron en el aceitado opio de sus cuerpos.
Cuándo volveremos a ver la antorcha y la bahía.
Alud de desperdicios. Corazón podrido de la manzana.
¿Quién nos trae de vuelta en bolsas negras codificadas
al verde pasto, al silencio de unas cruces blancas?
Cuántas veces creímos estar nuevamente partiendo.
Cuánto pagamos, cuánto para que fuese cierto.
El cielo pesa lo que una muralla invertida.
Todo ha oscurecido en el vientre de una tempestad muda.
Mi vida recalaba en todo esto
y en los horizontes que borró.
Invisible

La noche que caminamos apenas comienza
Juntos la hemos traído hasta aquí
Ya no hay más, dejé de mí cuanto era
Estos días ya no tienen mis pies
Lo que borran detrás es hilo indiviso
Trozo de nadie, escalera sin sostén
Escucho el agua como nada escucho venir
Allá arriba el lobo aúlla
Pasadizo en sus ojos no hay
En su pelambre no hay luna
No hay de dónde saltar
Aúlla allá cual si una mano sustrajera una
Estrella

a Benito Mieses

SKP*

La mariposa dejó sus alas de tigre en el bombillo
Nada como la playa donde nada suena
Nada como las olas devolviendo el mar mudo
Cielo de mugre, cama, puerta

Nada como estrellas sin saber hacia dónde pasando
Témpano sedimentado de olvido

Nada como la luz alcanzando el muro
Nada como el surtidor que los baña
Y los petardos que no escuchan sus cabezas

* Lectura, aproximación a la instalación «Extracción de la piedra de la locura» de Javier Téllez.

César Seco nació en Coro, Estado Falcón, Venezuela, el 29 de enero de 1959. Poeta, ensayista y editor. Fundador de la Casa de la Poesía «Rafael José Álvarez» y de la Bienal de Literatura «Elías David Curiel». Director de la revista OIKOS. A principios de los años 80 formó parte del grupo literario Cráter y en la actualidad pertenece a la Red de Escritores de Venezuela. Ha sido galardonado dos veces con el Premio Municipal de Literatura de la Alcaldía de Miranda del Estado Falcón (1993 y 2000). Con el libro El viaje de los Argonautas y otros poemas obtuvo el Premio de Poesía Bienal de Literatura «Ramón Palomares» (Trujillo, 2005). Fue colaborador del suplemento literario Verbigracia del diario El Universal. Integra la redacción de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo. Ha publicado los libros: El laurel y la piedra, 1991; Árbol sorprendido, 1995; Oscuro ilumina, 1999 y Mantis, 2004. Poemas y ensayos de su autoría han aparecido en revistas nacionales y extranjeras. Eje vertical, puerta del cielo y del infierno, el árbol es una de las figuras emblemáticas en la poesía de César Seco. Plantado en la noche recibe el infinito; agitado por el viento sus ramas se columpian como crispada cabellera al ritmo de los astros. Hierático e insomne, resiste las mutaciones climáticas y las embestidas diluvianas. Habitante de dos mundos, el árbol hunde sus raíces en lo oscuro lo mismo que extiende sus brazos hacia el borde numinoso: «El árbol crece en medio de la noche… Sus ramas rasgan el cielo». Y en él se fundará la simbología de lo ascensional. Imagen de la nostalgia su estructura dibuja con justeza la fusión cósmica que el hombre ha perdido: hincado sobre la dureza mineral, sus brazos se despliegan como un sistema de nervios que el viento eriza. Su intrincado despliegue desarrolla el tema de la comunicación con el todo: sus ramificaciones semejan las infinitas bifurcaciones que ha tomado la creación desde su origen hundido…
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