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DARÍO VILLEGAS (Colombia, 1961)

DARÍO VILLEGAS (Colombia, 1961)


Scherezada

Pensar la vida es tejer el relato de choques y caídas. Reflujo de un río próximo al océano. Horror y emoción insisten bajo cada resplandor de espuma. Somos empujados por una corriente de voces antiguas.
Habla Scherezada de mis noches, cuéntame tus paisajes y tus fábulas. Hazme familiar el vacío.
Haz de la vida y la muerte una historia pronunciada dulcemente. Las estrellas asoman por la ventana, y se aproxima la hora en que somos empleados de la contabilidad infinita.
Pensar la vida es ordenar los colores, conjugar apariciones, urdir fábulas, atornillar palabras.
Oponer a lo desconocido una baraja de trucos.
Saborear el don de los actos. Sobrevivir llevado por un deseo loco, que recorre los linderos del mundo haciendo metáforas de su presencia.
Háblame Scherezada, que te oiga. Esta noche es sola, Dios se ha marchado. Recuerdos y voces regresan como un rumor de vastos recorridos.
No se siente la vida, solo el silencio y la niebla que avanzan sobre el cuerpo.

Nada acumulada

A fuerza de no amarnos
adoptamos los modales de un espectro,
la vaguedad de un símbolo,
el espesor de una estampilla.

A fuerza de no amar trocarse y ser trocado
en mueble, mancha sobre un cuadro,
poste de señales en la ruta a las antípodas.

Laborioso desamor.

Destino es una trama de signos
que converge en una zona oscura,
sobre un no como de piedra
anterior a los recuerdos.
Sombra que toma decisiones torcidas.
No, que llevó todo de su parte en las apuestas.

¿Qué haremos con la nada
acumulada
de tantas despedidas?

Sísifo

Otra vez todo a cambio de nada,
¡Cuántas veces la misma matemática!
El renovado goce de perder, la apuesta insensata,
la baraja marcada en el más insignificante de los trucos.

De nuevo me encuentro en el punto de partida.
Habré dado tantas vueltas
sin haber avanzado más de lo que retrocedo.
Y de ello, como un loco
ir a hilvanar una filosofía.
La opulencia del fracaso
en tipografía gótica.
Seiscientas, ochocientas páginas; un índice:
Alcanzar lo sublime partiendo del círculo vicioso.
El cielo estrellado en dirección de la caída.

Mas, ¿qué atajo busco?
¿Qué es aquello que no consigo perder?
¿Cuál es la confianza que me empuja al salto?

Aún diré, volver a empezar de cero.
Una ventana abierta a la fuga,
allí donde la vida
es una promesa intocada.

Darío Villegas nació en Bello, Antioquia, Colombia, en 1961. Artista plástico, ilustrador, docente y poeta. Ha realizado exposiciones individuales y colectivas desde 1982. Realizó estudios de Psicología. En el 2005 publicó su libro de poemas Círculo hechizado. De esta publicación, compuesta de poemas y dibujos suyos, expresó el poeta colombiano Juan Manuel Roca: «Se trata de un volumen que funciona como una totalidad, en la que los trazos del dibujante hacen de bisagra en la puerta de sus versos y las palabras hacen de bisagra en la puerta de sus trazos. Es una buena yunta, una suerte de tercera orilla que abre una sensación, un pálpito, una intuición de retorno. Flota en todo el libro una atmósfera en que lo perdido, lo escondido, regresa sin el estímulo de nadie pero al conjuro de la palabra. Poemas y dibujos tienen la impronta del sueño, de una materia intangible. Sombras que son prolongación de espejos ciegos, sombras enmascaradas, sombras caminando entre otras sombras. Hay un sentimiento de sensaciones que se quedan al borde del lenguaje, de la andadura de un extranjero en su pellejo, de conocer a alguien que elige a conciencia un desierto para predicar. Es la prédica del sonámbulo que sabe que en la piedra duermen dioses, que están talladas en el antiguo reloj de la paciencia. La de Darío Villegas y su circulo hechizado es una larga y solitaria pregunta sobre el devenir, una voz que se da en círculos como los trazados por la pedrada en el agua, que huye de su centro y a su centro regresa. No es una poesía complaciente, ni en sus exploraciones por el tiempo y el vacío, ni en el aserto de verdades fáciles, compartibles. Sus dibujos, con algo de sombra chinesca y vocación de mezzotinta, son un silabario hecho de trazos dictados por una fuerza oculta, acaso forjados en la lengua del sueño. Decapitados o abolidos dioses visitan a Villegas en un plano lingüístico y en un plano plástico, y casi siempre se entrelazan. Así una silla vacía espera la llegada de un desconocido en mitad de la noche. Un funámbulo suspendido al aire como estrella, camina sobre ignoradas arquitecturas de vacío…» Círculo hechizado hace recordar a Lao Tse y la utilidad de lo que no es, algo que para el viejo taoísta se fundaba en el vacío, como en el ejemplo de la arcilla moldeada que culmina en la vasija pero cuya utilidad está donde no hay nada. O como los treinta radios descritos por el sabio oriental a los que damos el nombre de rueda, pero cuya existencia se debe al espacio donde no hay nada. De ese talante es la poesía de Villegas, tanto la escrita como la dibujada en sus puntos de fuga. Hace y recibe guiños de lo intangible mientras tiende una cuerda tensa por donde caminar entre los hilos del lenguaje y los hilos de la niebla.»
Última actualización: 28/06/2018