Festival Internacional de Poesía de Medellín

CARLOS AUGUSTO ALFONSO


La corriente del niño

(Fenómeno meteorológico)
Ciertos informes indican que el niño
puede volver .
Del periódico científico Rasmusson

claro que puede volver
el niño siempre puede volver
era desgraciado era pálido era mandado a volver
he sabido de nubes condicionadas a quedarse antes
si el niño llora en cali   en potosí   en alabama
entre los filminutos de los empleados de la card vaid
desequilibrado ante los ojos del vió y no vió
más allá de su impacto económico
de su manera fija de proceder/como corresponde a zonas
      castigadas por disciplina
aguas tibias y calientes cocinando de lado la anchobeta
llevándose a miles a reforzar el ecologismo
a sentar base de reuniones interminables
navidad de natividades con qué cara puede uno
      presentarse ante la fao
y pedir ayuda
a mucho    y le compran el traje al bengalí que firma
miles de protocolos en tu mundo
los bancos de cereales cuenta abierta a la polinesia
claro que puede volver
claro que el niño puede volver siempre está volviendo el niño
que necesita para la natividad que no sea    que no sea que
entre la virgen por una puerta salga la virgen por la otra
a intervalos de los sueros con un levín en la nariz
el niño mama repugnado de tragar aire
el niño que muere mata y se ríe es válido
nos esperan congresos sobre la corriente del niño
por los días 24 hay también terror
las cosas quedan donde siempre paz y fertilidad
a qué hora abrió los ojos qué ángulo prefirió mirar
cómo se durmió
el niño siempre estará volviendo puntual
con su reloj del hambre.

Pastoreo irracional

...se producirá mayor cantidad de pasto,
en la misma área, y por tanto se
alimentará un mayor número de cabezas.
André Voisin, Científico.

No sé mi alma
en qué hades del mundo está penando.
Pasto en silencio.

En mi cuartón, apacentado,
aprovecho los metro en redondo.
Como a nadie le importo,
me alejo de la estaca sin los metros de soga.
No crean que me escapo
(porque ya lo viví),
ya no soy un marcado, no soy un manierista,
que al salir de la escena sin el retraimiento
convierte inmolación en detalle de un cuadro.
Se amplía un sarraceno con su bastón de médula,
en la pradera me guía con ajenos cencerros.
Mi Trinidad de estómagos
son ahora el padre y el hijo del espíritu,
lo dijeron en silencio,
como a los desperdicios de las ideologías;
todo ese pienso líquido fue pensado por mí,
vertido en los ríos
por doncellas de viejos intereses,
matarifes de soplos en el pecho.
No sé ahora si mi alma resiste,
quien dijo conducirme no es otro que mi hermano.
Ya no doblan campanas en mi oreja,
porque sabe con quienes me han cruzado.

Cuando cierro los ojos los embisto,
pero me voy de lado.
Yo no sé si mi hambre,
es un hambre de alma,
yo no sé mi alma,
de qué hambre me engaña.
Siento a las consonantes
como los banderines,
que en su hierro caliente me penetran,
porque todos insisten en darme el pedigree,
oigo a las multitudes,
en estadios norteños del Pradesh.
Yo sé ahora mi alma de qué hades me engaña.
He limpiado de hierbas la redonda.
Al comerme los vitros de un libelo,
al mudarme de cuadro,
convertido en pastor,
he vuelto de la especie,
adentro,
muy adentro de la vaca sagrada.

V. el perro

Suena el timbre,
soy el perro de Pavlov,
que ha perdido sus días y sus noches,
buscando por reflejo lo que otros cazaron.

Suena el timbre
     y me busco,
     hay un olor distinto al de su miedo;
     hay nuevos homenajes,
     ya no pican las pulgas mis lunares,
     no salen a buscarme,
     mi paseo está en los sinsabores.

Suena el timbre
     y me engañan los no he sido,
     hay una luz de arriba,
     para una flor de hormona,
     para el hijo negado,
     para el cebo de asilo.

Suena el timbre
     y me asedian las voces de un recreo,
     la corriente es el coro,
     el actor, es la mano que me da la comida.
     Más tarde que temprano
     ensayan los músicos del foso,
     es una ceremonia sin maestro,
     un recuerdo de otro, hay un último día,
     hay un perro vecino,
     es un país entero.

Suena el timbre,
     me aclaman mis bacilos,
     y mi rabia expresa gustativa,
     nuevas inhibiciones.
     Hay un cambio de guardia,
     hay una nueva hora,
     lo sé por mi saliva.
     Me paro y soy más alto,
     ya no me dan entrada,
     porque saben que siempre
     regreso sin un pelo.

Suena el timbre,
     y creo que los llamo,
     sabios masturbadores,
     sentido por sentido.
     Un shock en la cabeza de mis antiguos amos
     no eran degenerados,
     y saben que los huelo.
     Ahí viene el corrientazo,
     ya oigo la escudilla,
     voy a morder la mano.

Suena el timbre,
     y creo que no puedo,
     trato de concentrarme,
     segregaré en silencio
     para ser lo que era:
     el peregrino Pablo,
     el peregrino Pablo
     persiguiendo a un cristiano,
     el peregrino Pablo convertido,
     el peregrino Pablo capturado,
el peregrino Pavlov, pendiente de la puerta.

Siempre estoy

Aunque quiebre mi cuello cuando pase el Impala,
voy a seguir siendo su enemigo.
Aunque grite en inglés mamy rocanrrol,
voy a seguir siendo su enemigo.
Aunque espere en ausencia el descongelamiento de Disney
y una Levy Strauss sea mi Guananí en la Vigía,
voy a seguir siendo su enemigo.
Aunque mire por el hueco de la Penthouse
o mueva alguna vez la antena hacia el trece,
voy a seguir siendo su enemigo,
de aquella malacrianza
del aerotransportado
con la rama en la boca.
Si el complejo militar industrial
me obsequia un presente (y espero
que nadie me lo arrebate)
voy a seguir siendo su enemigo.
Si especulan mi vida
si subsidian el trigo,
Si subsidian el trigo
o intervienen en China (no interesa)
voy a seguir siendo su enemigo.
Si descabezan empresa mixta
y absorben la fábrica de mi ojo de repuesto,
voy a seguir siendo su enemigo
voy a seguir siendo su enemigo,
aunque me enternezca la calcomanía
y mi cuello se quiebre cuando pase el último Impala.

Carlos Augusto Alfonso nació en La Habana en 1963. Ha obtenido el Premio David de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en 1986, el Premio Abril y el Premio de Poesía Julián del Casal de la UNEAC en 1997. En el año 2001 obtuvo el Premio Raúl Hernández Novás, de la revista Revolución y Cultura. Ha publicado: El segundo aire, 1987; Población flotante, 1994, La oración de Letrán, 1996; Fast Delivery, 1997 y Cabeza abajo, 1997.

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