Festival Internacional de Poesía de Medellín

Rito Ramón Aroche


Fugantes

¿Mancha la fruta en su estación? —Espero, a menos que me expliques si has oído decir sobre ese entorno el Bar Comercio. Su pulcritud, las luces. Algunas mesas. Yo dije: «Partidas de m...» dije, claro, en un tono distinto. Una botella vino a dar en el centro, otra en la caja. Lastimoso fue ver a uno de ellos (un melómano) caer sobre mí ebrio como yo estaba. Gritos. Ruidos de sillas. Vidrios. La voz del mesero: «Nadie podría socorrerte», dijo. Golpeábame, junto a la barra. La voz del mesero, el puño. Su sangre quedó allí —si ves— donde mi sangre.

* * *

¿Avanzarán en mayo nubes —las primeras que alientan?

Si al flujo resinoso traes, en una mano el incienso hacia la puerta regia oh fruta, desconocida o cerca de ver hoy, desde la calle. En mayo —¿hay una luz brumosa? ante la casa regia; en una mano el incienso oh fruta desconocida y vuelta al sol ¿sabes de alguien que pueda?

* * *

Ojalá que más nunca. «Sería metanga». Una tarde, después de rociarnos de tal líquido (y tal brillo) aducían: «No merece que mientas»

Y al golpe de la puerta escucho (al menos hoy) el golpe de otro puño seco.

«Ya lo hice (y lo dije) una vez: No siento efectos»

Nada aquí es un continuum. Nos declararon pérfidos por esa tarde, en Obra Pía.

En la calle Obra Pía. ¿Los muros carcomidos, las paredes? Hay madera de antaño y piedra, ante la piedra —esperan. Una tarde.

* * *

Mirar si entro a la pared de fondo: una vez cada quince días —al menos. En Los Umbrales.

Barría en la mañana el patio muy terroso.

«Tus libros encuentro siempre en librerías húmedas»

En días tales —nunca miro a sus ojos: directamente a los ojos ni a sus labios.

Veo inclinarse al almácigo (otro) en Los Umbrales.

«Aquí debajo [señala] siento un escozor espléndido y profano»

«Un escozor espléndido» me dice. Extrañamente señala.

Los daños

Sé que oyes los pasos (gemidos) en la abrupta calleja.

En las alcantarillas el humo el huevo el lienzo... Y Hasta segregan.

Vamos a librar del fuego y los canales. Hediondo el aire.

Amén del agua, del sueño –mohíno- me recuesto.

Los capitanes vendrán con sus cornetas –sin fin- Y hasta La franja.

En la calleja abrupta aún. En donde asirnos.

Posición del sueño

En el poliedro estampo. Nubes –nos patrullan.

¿Algún espejo? FRUTACIONES.

Hoy lo sé por las lluvias, e insectos, y algunas manchas.

Porque si hay algo de la tibieza es el foro, y en el cerco, mucho más concentrado.

Exactamente: rozaba la obsesión tu piel. Una holladura.

Carteles

a Greer
a Muna

La hoja desprendo: ese olor en la tarde, y ese vino.

La hoja asumo. Llama en el hueco.

Llama en el centro, así: Tú no escuchas los ruidos.

La marea trabó en cada blusa. En cada funda tramó.

(En la cartulina aparezco. Manejo. Tú sabrás.)

El sol orina amarillo. El sol –como un crustáceo.

Gnosis

Nubes en el cuadrante, piezas. Y el color de los
álamos. Han roído tan cerca aquí ese velo.

En la hendidura extiendo un haz.
                          ¿Una resina?

De visiones acaso.
                     Debiste ver el sol en la alameda.

En la precariedad hay nudos, hay sombras, hay signos,
deformantes.

El color de las hojas y de los álamos. Contra toda penumbra.

Declinaciones

Entonces la llovizna. En verano los cáñamos, y los aditamentos.

Se calma todo y,
queda, lo de ese enjambre azul, como aliciente.

-¿Se han perdido, cual sustancia los ánimos, cual gesta?

Allí en la arena: la supresión o el velo, o las designaciones.

Grava del sueño: hormigas los rebaños, el arco, y los transeúntes.

Rito Ramón Aroche nació en La Habana en 1961. En 1994 obtuvo el Premio Abril y en 2006 el Premio de la Revista La Gaceta. Ha publicado: Material entrañable, 1994; Puerta siguiente, 1996; Cuasi (II), 1998; Dígitos del pulgar, 1999 y Cuasi (I), 2002.

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