Festival Internacional de Poesía de Medellín

JUAN CARLOS FLORES


Idea de la poesía

Tomada sea la muy púdica
no pedida sino tomada.
Convertida en cuerpo, en espejo,
es dos un hombre que se mira.
Convertida en árbol,
han de luchar la serpiente y el pájaro.
Convertida en relámpago, en muelle,
un niño tira de un cordel a la luna,
viene la madre y corta con tijera el cordel.
Si ascendemos la máscara, si descendemos el túnel.
No me encuentro, me busco, estoy ahumado.
La poesía en el duermevela
como el ave de la resurrección
a cada instante nace, se aniquila.
La palabra una mitad, el silencio la otra.
El poeta en una orilla, el escucha en la otra.
El poeta es el escucha, el escucha el poeta.
El acto poético es amor
y presupone una fe y una más allá,
sillar, isla que no se alcanza.
Adentrarse en la poesía.
Como se adentra un santo en el nirvana,
como se adentra un cuerpo en otro.
La libertad, timón hacia la poesía,
la poesía, timón hacia la libertad.
Agua y tierra y viento y fuego
es el poeta, es el escucha.
El sueño y la realidad dialogan, se rechazan
se engendran, se aniquilan:
una bocanada de luz, una paletada de tierra.
Intuimos a Dios y comenzamos a morir,
intuimos a la mujer y queremos la inmortalidad.
Me intuyo, luego soy poeta.
Te intuyo es una puerta, un vaso, si lloviera.
Qué cansancio en los ojos de perro,
una herida en el muslo y nos creemos dispuestos
para habitar nuevamente el paraíso.
Tomada sea la muy púdica
no pedida sino tomada.
El cadáver de un rey flota en el pasto.

Virgilio Piñera

Animal de tiro o de parábola
cargaste todo el peso, en omóplatos lo propio y añadido:
polvo y polen y lo que no se ha reducido en círculos.
Extraño mercader,
tus paños el más exacto, alucinado mapa del país
y un espejo no apto para los cazadores de fantasmas.
Algo ejemplar: aún te vieron sonreír de orilla a orilla
con la malicia de un niño o un ratón ante la adversidad
entregarte al prohibido, devorante amor anfibio
como una dama impúdica, como querías
como que todo al final no es más que una gran broma,
un carcajearse escamando entre las sales.
Oscar Wilde tuvo su estancia gélida, el aislamiento pudo ser la tuya.
A la hora anunciada por los especialistas en posteridad
te convertiste en una isla, isla hundida
en que profundo y olvidado mar oscuro.
Dispersas están las cosas que fueron prometidas,
así en la cita bíblica: debajo de la casa un tesoro, un alimento.
Nos decían que no, que no nos acercáramos
nos mandaban a leer a Pita, a Guillén, a cualquiera de los otros
nos decían que no y tuvimos que escoger, que adelantarnos
a estrella o muro empezar la partida, el naipe de los desorejados,
aunque tuviéramos que introducir toda la escala
en el dormido paladar de los prudentes.
Hombre, mujer, isla o coágulo que anuda el paraíso:
entre líneas andamos buscando, preguntándonos.

Oración por Roberto Friol

Roberto Friol es un poeta muy menor.
Su llama me aseguran, es la de un fósforo.
En una antología de poetas menores (los del 50, en Cuba)
no aparece.
Si alguna presentara su candidatura a esa piñata, el Nobel
lo tomarían por loco.
Si un niño le regalara una flor, como a Casal
lo tomarían por niño, eso en el menor de los casos.
Estoy seguro que en torno a él no revolotean
las muchachas, las noctícolas, las buscadoras de.
En su vejez sin fama ha de estar solo
o lo que es lo mismo ha de estar náufrago cloqueante
y le abrazará la sed, a él, amolador que repartió
cuál mano le alcanzara la copa, la para aciervados labios.
Yo lo he leído en las noches, y en el atardecer cianótico
cuando el país es una gota de sangre en mi mantel.
Su palabra me dijo el resplandor de la estrella de Cristo
que había olvidado y está ahí como él dice
brillando sobre el polvo, matando sobre el polvo,
pedernal o brújula o resaca con que frotarse el pecho.
No soy cristiano, ni burro, ni bueno
pero algo se podrá hacer con esa luz
a la hora de construir una casa.

Alzo sus libros a la altura de un monte, en el estante del alma

y eso es más que suficiente para que Friol
se iguale a Homero, a Dante, a Shakespeare, a Friol.

Juan Carlos Flores nació en La Habana en 1962. Obtuvo en el año 1990 el Premio David de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba con su libro Los Pájaros escritos, publicado por Ediciones Unión en 1994 y con el cual obtuvo el Premio de La Crítica ese mismo año.

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