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ISMAEL GONZÁLEZ CASTAÑER

ISMAEL GONZÁLEZ CASTAÑER


El de las amigas

Yo tengo unas amigas, que entre verdad y mentira
se disputan mi amor o la amistad, que es el viento.
Llegan
          y pudiera yo muy bien discriminarlas,
porque me discrimino yo, que me hago zanjas,
                    porque soy un hombre negro...
y ya saben que los hombres negros
siempre andamos algo tensos/ muy cansados.
La vida a mí me ha preguntado más
                    y me ha dejado mucho más del viento,
que es estéril, recatado, indiscreto
                 y sobre todo un vencedor/ un perdedor.
Un hombre negro no halla el árbol
                    si no va corriendo en la noche.

Claro a mis amigas
                                             generalmente yo las ensalzo
cuando llegan/ cuando llegan y después cuando se van,
pues son como mis alter egos: bellas, brillantes,
                                        terco...
con una rara continuidad de la muerte
                    y los cuestionamientos.
Las amo. Dios, tú no sabes cuánto.
                    Ayer mismo no estaban aquí
                                        y yo no hallaba el árbol/
                                                             tallo.

Decía, entre las costras del Museo «Oh Viento:
¿qué es el Mal/ qué lo es?»
todo es normal o es de Enero;
                    el viento gira entre las copas,
y la rosa, girando, lo ha deshecho.

Ella deseó mi suerte y me dijo mucho cuídate

Mi mujer necesita estar junto al que está con el dinero,
y yo, morir por la naturaleza de las cosas.
Adiós, malandra: ya te amaba.

Todo lo que he hecho es caminar
y ver los números impares a este lado
y a los pares de este otro...
y pienso aún que nadie podrá amarla/ volver.

Voy, iré a dormirme a mi ventana. Sepan, que de esto,
yo no estoy muy bien apercibido: le debieron indicar
«Aférrate/ al amor al amor ese amor»,
y a mí debieron ofrecerme el foro, no
«Conquístalo».

Adiós, malta; adiós pequeñas cosas
que uno le armaría con sus manos
antes de la 8cho.
Adiós, venturi –aparato para modelar.

Novela

Cada cuatro meses llega una canción de los pechos
                    desangrantes.
Llegan y atraviesan el dolor/ corazón/ sentimientos.
Lo sabemos por las chicas que utilizan el Pre –
sólo por las que Lo utilizan.

Cada cuatro meses llega una canción.
Lo sabemos por las chicas que en inglés me dicen
                    «Chaón, leiri éraun»
lo sabemos por las chicas que en inglés me dicen algo
algo así como «el camino».

Y bailamos «California» y eso es malo. Eso es malo
porque andamos atrasados. Nos ponemos a danzar
y bailamos hacia un tiempo que en Berta provocó/
   provocará
vahos y ganancias/ las canciones de los pechos.

Cancioncita de los pechos.
Llega una canción/ y me siento posesor/ de unos
   cuadrados blancos.
Y después muy solo como algunos perros. Como algunos
   perros a los que por cierto
no le faltan unos huesos.
Unos huesos enterrados por doquier.

Novio antes de España

Soy un novio antes de España.
Extranjera, debes escuchar:
Enamorado del Modo
                                        y sus Cosas, que ya creo fervientes,
soy.
Extranjero: Esto es un grito para ti y para mí
                                        para mis sueños sencillos:
Me gusta la canción que viniendo del viento
                    sea inmaterial, y una patria sola/ «Sola».
También tengo un amor y un no-mi amor
y hasta una despachadora
                                        favorita (aunque las mujeres hoy
andan preocupadas como nunca.
                                                            Fueron quienes preguntaron
«Existe alguna forma
                                        para ver más del otro lado/
                                                            acaso ver mejor?»
cuando esa pregunta
                                                            era asegurada.
Posteriormente, en verdad, jamás yo pregunté
pues existe la debilidad y la fortaleza
y de poseer, sólo soy un novio antes de España
como dije en calma al Señor o a la Madame.

Playas para visitantes de un día

Una mañana
                    en que todos iban a la playa
vi la hojas –levemente- de un árbol frondoso
y en la Empresa de Botánica
                                                            no planificaron días/ para dar.

Y parece que era cierto porque comenzó a llover
pero las personas, iban ya montadas.

Comencé a ducharme (una de las cosas que hago bien)
pero las mujeres, realmente, eran muy cansadas.

Ismael González Castañer nació en La Habana en 1961. Ha publicado Mercados verdaderos, 1999 en la Colección Manjuarí de la UNEAC. En el año 2000 obtuvo Premio de la Crítica, en el 2002 Premio de la revista La Gaceta de Cuba en poesía y participó en el Festival Internacional de Poesía de Medellín.

Última actualización: 28/06/2018