Festival Internacional de Poesía de Medellín

MILO DE ÁNGELIS

Italia, 1951


Cuando sobre un rostro deseado se vislumbra el signo
de demasiadas estaciones y una vena demasiado oscura
se alarga en la habitación, cuando las incisiones
de la vida llegan en cantidad y la sangre desacelera
dentro de los pulsos que hemos estrechado hasta el amanecer,
entonces no es sólo allí que la gran corriente
se detiene, entonces es noche, es noche sobre cada rostro
que hemos amado.

En ti se reúnen todas las muertes, todos
los vidrios despedazados, las páginas secas, los desequilibrios
del pensamiento, se reúnen en ti, culpables,
en la vigilia de todas las madres, en la tuya
inmóvil. Se reúnen allí, en tus
débiles manos. Han muerto las manzanas de este mercado,
estas poesías regresan en su gramática,
a la habitación del hotel, a la barraca
de esto que no se une, ánimas sin descanso,
labios envejecidos, corteza arrancada al tronco.
Han muerto. Se reúnen allí. Han equivocado,
han equivocado la operación.

*

No había más tiempo. El cuarto había entrado en una inyección.
No había más forma de repartir la esencia. No tenías
más el collar. No tenías más tiempo. El tiempo era una luz
marina entre las persianas, una fiesta de hermanas,
la herida, el agua en la garganta, Villa Litta. No había
más día. La sombra de la tierra llenaba los ojos
con el miedo de los colores desaparecidos. Cada molécula
estaba en espera. Habíamos mirado el remiendo
de las manos. No había más luz. Una vez más
nos están llamando, juzgados por una estrella fija.

*

Todo estaba ya en camino. Desde entonces hasta aquí. Todo
el tiempo, luminoso, rozaba los labios. Todos
los respiros se reunían en el collar. Las sombras
de Lambrate cerraron la puerta. Toda la habitación,
absorta, se convirtió en el primer latido. El negro
de tus cabellos contra el amarillo del último rayo.
Desde entonces hasta aquí. Era el primer día del verano.
El silencio nos llenaba la frente. Todo estaba
ya en camino, desde entonces, todo estaba aquí, único
y perdido, nuestro y remoto, ardiente. Todo pedía
ser esperado, regresar a su verdadero nombre.

Milo de Angelis nació en Milán, Italia, en 1951. Graduado en Letras desarrolla su trabajo de profesor de literatura en el centro penitenciario de la misma ciudad. Ha publicado los siguientes libros de poesía: Somiglianze (Semejanzas), 1976; Milimetri (Milímetros), 1983; Terra del viso (Tierra del rostro), Milán, Mondadori, 1985); Distante un padre, 1989 y Biografia sommaria (Biografía sumaria), 1999. Posteriormente la antología Donde ya habíamos estado 1970-1999, 2001. Ha traducido del francés a Blanchot, Baudelaire, Maeterlinck, De Vigny y del latín a Lucrecio, Horacio, Claudiano y a Virgilio entre otros. También ha publicado las traducciones El amor, el vino, la muerte. Epigramas de la antología Palatina, 2005. Fue fundador y dirigió la revista literaria «Niebo» y actualmente dirige la colección del mismo nombre de las Ediciones “La vida feliz”. Su obra ha sido difundida en Francia, Argentina, España y en los Estados Unidos y fue invitado por la Casa de la Poesía Pérez Bonalde a participar en la IX Semana Internacional de la Poesía, Venezuela, 2001. Es además autor del libro de ensayos Poesía y destino, 1982 y de una obra narrativa: La carrera de las capas, 1979. En el 2005 ganó el Premio Viareggio-Rèpaci con su último trabajo poético Tema del adiós, 2005. Al decir de Erika Reginato Muñoz, Erika Reginato Muñoz, “…Es una voz antigua la del poeta italiano Milo De Angelis, concentrada en el ritual y en las enseñanzas de los personajes de la tragedia griega y la misma que contempla el paisaje de la urbe con los muros romanos que persisten en la ciudad actual. Camina con el gesto y la intención de observar y comprender el tiempo que abre y cierra su palabra, el secreto y el silencio, ya que reconoce a los atletas y personajes que con astucia y fatiga viajan desde la mitología hasta nuestro siglo. Es uno de los poetas más importantes del segundo Novecientos italiano y al respecto escribe Eraldo Affinati en una nota crítica: “Milo De Angelis aparece pues, muy ligado a la autoridad de una sabiduría que nos precede y, en el siglo XX en ciertos casos ha consolado la orfandad. Sin embargo sería tan difícil encontrar un poeta así absolutamente moderno…”

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