Festival Internacional de Poesía de Medellín

GREGORIO GÓMEZ

Paraguay, Nación Guaraní, 1938


QUIÉNES SOMOS CADA QUIÉN

¿Quiénes somos cada quién?
de pronto nos preguntamos
y en las entrañas hurgamos
acuciosos por saber
entonces suele arder
una inquietud punzante
un sentimiento ferviente,
innominado, a correr.

Cada cual somos por cierto
lo que somos íntimamente
sin ser tal precisamente
lo que pretendemos ser.
Si bien, podemos bien ser
aquel que nos propusimos
pero lo que hoy fungimos
es en esencia nuestro ser.

Aquel que venimos siendo
desde antes, desde siempre
por voluntad o inconsciente
es lo que somos al fin
y no lo que desde ayer
o que mañana digamos
“tal quiero ser” y seamos
por más que queramos ser.

Bien podemos ser también
lo que otros dicen que somos
cuando repiten en coro
que somos un tal o cuál
aunque no sea cabal
y más si lo rechazamos
cuando tal aparentamos
terminamos siendo el tal.

Lo ideal es proyectar
lo que somos en esencia
y no le ponga la apetencia
un disfraz a nuestro ser
si es dudoso tener
un ideal de buen tono
es mejor ser como somos
aunque no queramos ser.

Y por más que sea mejor
o como ninguno tan bueno
nosotros tal cual nos vemos
por sí, llegamos a ser
fuera de tal proceder
seríamos quien no somos
o no seríamos quien somos
ni empeñándonos por ser.

Al iniciar nuestra vida
a este mundo al llegar
al ver el rayo solar
el frágil cuerpo naciente
entonces ya, sutilmente
se vislumbra como llama
lo que seremos mañana
lo que seremos ya siempre.

Pero allí no termina
allí apenas comienza
y es condición de esencia
cierto trecho caminar
para poder terminar
de construirnos andando
con nuestras manos plasmando
lo que habremos de ser.

Es de rigor recordar
que solos no nos hacemos
que a nuestro entorno debemos
gran parte de nuestro ser
porque nos incita a correr
hacia el bien, hacia el mal
pero el producto final
de uno va a depender.

Preciso es llegar a ser
aquello que perseguimos
porque si no conseguimos
alcanzar ese ideal:
vivimos un drama tal
en pos del “yo” verdadero
de cuyo encuentro certero
surge nuestro “yo” esencial.

Y YO TAMBIÉN TENÍA

Igual que tú… amigo mío
e igual que aquel amigo tuyo
igual que tú igual que otros
yo era igual, un tiempo amigo.

Y como tú lo tienes, yo tenía lo mío
tenía mi rancho y mi tierra tenía;
con los verdes cultivos y doradas espigas,
de los cuales los míos y los otros comían.

Y las frutas maduras que ofrecían aroma
como si fuesen agua de una tinaja nueva
que además del perfume que alimentaba el alma
fortalecían el cuerpo con sus doradas pulpas.

Y allí yo trabajaba y trabajaba ella
y trabajaban todos pues todos conocían
y comprendían todos que era un absurdo loco
y un egoísmo neto, el pretender ser solo.

Allí tenía sueños… reales y posibles
esperanzado anhelo con mezcla de utopía
y así como el amor se concebía en obras
en la palabra hueca jamás nadie creía.

Animalitos lindos en nuestro hogar vivían
en permanente brindis de utilidad y encanto
y casi casi eran de la familia miembros
inagotable fuente del alimento santo.

Allí tenía mucho tal vez no era todo
pero existía vida y en pleno se sentía
mas, para medir lo bello, lo grande o lo pequeño
para medir la vida, se usaba otra medida.

Y aunque tú no lo creas todo aquello tenía
y aunque me ves ahora despojado y hambriento
y aunque me veas luego desnudo ya en el viento
yo te confieso amigo, hasta orgullo tenía.

Era un orgullo sano, imprescindible orgullo
de eso que uno siente cuando se siente hermano
de los que el alma nutren del ideal supremo
de construir unidos, un mundo más humano.

Y luego fue el despojo; así, crudo despojo
y ya la tierra mía la chacra y hasta el rancho
quedaron a la vera del caminito rojo
ahogados por las penas y yuyos del martirio.

Y cuáles los motivos? Se asoma la pregunta;
es la pregunta tonta cien veces repetida.
¿Acaso no aprendimos de que el amor vivido
por siempre ha repelido la sociedad podrida?

No sólo fue la tierra, ni la chacra, ni el rancho
los más caros anhelos con ellos se enterraron
allí se ha matado lo más bello y sagrado
la fraternal vivencia, allí descuartizaron.

¿Y ahora...?, ¿ya todo ha terminado?
acaso aquella vida de entrega y sacrificio
la afirmación perenne de que el amor se vive;
¿se puede todo aquello borrar de un manotazo?

¡Jamás! Es esa la respuesta.
No aceptaremos nunca que amar es prohibido
ni creeremos nunca en la palabra hueca:
caminaremos siempre hacia el Amor Vivido.

Video: Quiénes somos cada quién

Gregorio Gómez nació Guasu Kora, Villeta, Paraguay el 7 de marzo de 1938. Poeta, educador popular, investigador de la cultura guaraní. Coordinador Ejecutivo de Tierra viva, ONG que apoya la recuperación territorial del Pueblo Enchet, en el Chaco paraguayo. Asesor del Ministerio de Educación y Cultura para la elaboración de textos escolares para niños en lengua indígena. Poeta en lengua guaraní, varias obras suyas, después del fin de la dictadura militar, están incluidas igualmente en textos escolares, publicados por el Ministerio de Educación y cultura, e igualmente por Editoriales privadas que producen textos escolares. Una serie de artículos referidos a la cultura, y la lengua de los Paî Tavyterâ (nación guaranítica de la región oriental del Paraguay) fue publicada, igualmente, durante los últimos dos años, en el Suplemento cultural del diario Última Hora, de circulación nacional. Un poemario en guarani paî, guaraní paraguayo y castellano, conteniendo además datos etnográficos, lingüísticos y culturales sobre la nación Paî Tavyterâ, será publicado en abril de 2007. Al decir suyo: “Mis poemas, en su mayoría, son el resultado de algunas reflexiones colectivas, o en todo caso, el rescate de expresiones, conceptos o criterios grupales. Resulta fácil comprobar que no hubiera podido escribir Ñe’ê… (verbo) Y yo también tenía… Angekói kokue rapére… (Inquietud campesina) si no hubiera compartido la vida, la vivencia, la reflexión, la visión y el pensamiento de las comunidades y asentamientos, indígenas y campesinos, de la cordillera del Amambay y los norteños departamentos de San Pedro y Concepción… Sintiéndome en el ojo de una tormenta de injusticias e injustas desigualdades, nunca pude creer en la "neutralidad". Me repugna la postura neutral ante situaciones en que entran en juego la suerte de los oprimidos por un lado y de los opresores por el otro. La "postura neutral" ante situaciones en que colisionan los intereses de los desprotegidos por una parte y de los poderosos por la otra, se emparenta con la falsa moral y equivale, en todo caso, a una falta de entereza. Sin duda, buena parte de mi poesía referida al sector campesino criollo está tocada por esta línea de pensamiento. La otra parte, la que se nutre de la sabiduría, de la cosmovisión Paî Tavyterâ, conlleva conceptos más universales. En cualquiera de los casos, la intención, explícita o subyacente en todas mis poesías es tomar partido, es optar por la defensa del sector menos favorecido, al cual, indudablemente, pertenecen mi familia y mi clase.

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