Festival Internacional de Poesía de Medellín

DINA POSADA

El Salvador, 1946


PLEGARIA AL ORGASMO

Ajeno a mis pensamientos
huiste a un casto silencio

Hoy
que sedienta mi sangre te busca
ni a golpes ni a ruegos
te insinúas

enajenado prosigues
riguroso y oprimido y largamente oscuro
como pasillo de convento desolado


ángel de dura delicia
apático orgasmo rebelde
erizado temblor
pólvora vulnerable

regresa a mí
y aniquílame

ORGASMO I

Nerviosa la hora parpadea
ante el tiempo que se ahorca

me rodea me cava me lame
una dicha sin tamaño ni fondo

mis dedos agonizando
en tus costados
se pierden con el mundo
en un suspiro

ORGASMO III

Se calla la luz
el sonido se apaga

el aleteo de un grito
deja caer sus plumas
en nuestro lecho

tus ojos desplomándose
sobre mi cuerpo vencido
me están escoltando al delirio

Dina Posada nació en El Salvador en 1946. Estudió periodismo y psicología. Trabajó en el diario La Prensa Gráfica de El Salvador. Libros: Hilos de la noche, 1993 y Fuego sobre el madero, 1996. Es cofundadora y directora editorial del portal Palabra Virtual (Antología de la poesía Hispanoamericana). Su poesía, ampliamente comentada y parcialmente traducida al inglés, francés, sueco e italiano, reúne ensayos críticos, artículos y conferencias publicados en España, Suecia, Italia, Francia, Canadá, Estados Unidos, México, Perú, Centro América y Panamá. Aparece en diversas antologías, entre ellas: Mujeres en la literatura salvadoreña, 1997; Voces sin fronteras, 1999; Voces Nuevas, 2000; Mujer, desnudez y palabras, 2002; Poésie salvadorienne du XX siècle, 2002; Stigar/Senderos, 2003; El monte de las delicias, 2004; Trilogía poética de las mujeres en Hispanoamérica, Pícaras, místicas y rebeldes, 2004; Mujer, cuerpo y palabra 2004; Poetas en blanco y negro, 2006.  Al decir de Jorge Carrol, “… a Dina Posada le es dado concebir vivencias necesarias a los días futuros. Ella condiciona las leyes primordiales de la situación humana hasta sus últimas consecuencias. Es dueña de infinitos matices y posee, en consecuencia, por entero, la verdad y el error. Dina, como lo demostró en Fuego sobre el madero, construye su poesía sobre la revisión de sus días, sobre su pasado y su futuro, sobre la superación de cada una de sus palabras, quizá para poder decir: "el poema es siempre punto de referencia y de exigencia con relación a las formas de la conducta."  En su poesía, el lenguaje es el más eficaz de sus instrumentos y sus formas más evolucionadas, son consecuentes de la libertad y de la conjunción solidaria de su voluntad de ser Dina. El poema es siempre para Dina Posada un punto de referencia y de exigencia. Por tanto, el poema se ofrece vivo a la torva desnudez que cada uno de nosotros acepta. Como hecho poético, no queda supeditado a la capacidad de percepción de quiénes somos sus patéticos testigos. Dina nos tiende la mano más allá de la obsecuencia y la amistad, ella que ha plantado un árbol como una mirada, y que bajo su sombra ve a este puto y maravilloso mundo que vivimos y destruimos e inventamos día tras día y noche tras noche…”

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