Festival Internacional de Poesía de Medellín

NATALIA TOLEDO

México, Nación Zapoteca, 1967


ORIGEN

Fuimos escama de Dios,
flor, venado y mono.
Fuimos la tea que partió el rayo
y el sueño que contaron nuestros abuelos.
Caímos en el monte
y el sol nos atravesó con su flecha,
fuimos cántaro ¡au!
fuimos agua ¡au!
Ahora somos ceniza
bajo la olla del mundo.

CASA PRIMERA

De niña dormí en los brazos de mi abuela
como la luna en el corazón del cielo.
La cama: algodón que salió de la fruta del pochote.
Hice de los árboles aceite, y a mis amigos les vendí
como guachinango la flor del flamboyán.
Como secan los camarones al sol, así nos tendíamos sobre un petate.
Encima de nuestros párpados dormía la cruz de estrellas.
Tortillas de comiscal, hilos teñidos para las hamacas,
la comida se hacía con la felicidad de la llovizna sobre la tierra,
batíamos el chocolate,
y en una jícara enorme nos servían la madrugada.

LO QUE SOY, LO QUE RECUERDO

Una libertad que retoza y no se ha hecho fea.
La sensibilidad de un loro que habla,
soy la niña que se le caen las cocadas y no las levanta,
un huevo de gallina negra me recorre y despierta.
Soy una nariz que huele el adobe de la casa de enfrente
un patio y todas sus casas.
Una fotografía regañada,
un trazo delgado en medio de la selva.
Una flor para el agua, para otras flores y no de las personas.
Soy una resina que lloró San Vicente.
Soy un alcaraván que ahogó su canto en otro idioma.

Natalia Toledo nació en Juchitán, Oaxaca, México, en 1967. Pertenece a la Nación Zapoteca. Escribe poesía desde niña, inspirada por su participación en los talleres de escritores de la Casa  de la Cultura de Juchitán. Libros publicados: Paraíso de fisuras, 1992; Mujeres del sol, mujeres de oro, 2002; Flor de pantano, 2004; Olivo negro, 2004, Premio Nezahualcóyotl de Literatura; La muerte pies ligeros, 2005, con obras de su padre, el famoso pintor Francisco Toledo. Ha sido incluida en diversas antologías, entre ellas, Antología de poetas de Tierra Adentro, 1997; La voz profunda, antología de literatura mexicana en lenguas indígenas, 2003 y Words of the True Peoples, Palabras de los Seres Verdaderos, antología de escritores indígenas mexicanos contemporáneos, 2005. Ha participado en encuentros poéticos en Argentina, Venezuela, Francia, Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y México. Según Elena Poniatowska: “El amor que Natalia le tiene a las calles, los mercados, las plazas, las calles llenas de baches de agua lodosa lo refleja en su poesía. A través de sus versos, uno recrea Juchitán, los pasos femeninos que dejan su huella en el camino. Dejarse atrapar por su poesía, es reconocer la voz mandona de las oaxaqueñas, las sandungas, las que mecen al pene dentro de sus enaguas. Natalia, fiel a sus padres, canta en zapoteco y en español e iguana rajada reza, resucita en su voz. A su vez ha dicho la poeta juchiteca Rocío González: “Los poemas de Natalia surgen de intuiciones poderosas que se resuelven en cuadros breves, en imágenes nítidas y precisas y, al mismo tiempo, llenas de ventanas, en versos decantados por lo absoluto del instante. Su fascinación es con ella misma, con la niña que fue y necesita reinventar en los olores y sabores, en la flora y la fauna que aparecen en el lenguaje de los sueños y en el regreso- siempre hay un regreso a ese lugar del que nunca se ha ido del todo: más que Juchitán es la construcción del deseo, la intimidad con la naturaleza, la pulsión de lo inmediato. Más que Juchitán es la lengua en la que se juega, la cadencia sensual que vibra como un hormigueo en los chistes y los dobles sentidos, la transfiguración del dolor en vocales alargadas y cantos en las voces de las mujeres que la inventaron, la lengua que impone la singularización, no sólo de ella misma, sino de todo lo que mira: eso que se parece a la felicidad pero no deja de tener algo perverso, la fragilidad de la niña ante la contundencia de lo real.”

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