Festival Internacional de Poesía de Medellín

CHRISTIAN UETZ

Suiza, 1963


NO LLEGO A LA EXISTENCIA. Sin palabra no llego a la existencia, y con la palabra tampoco llego a la existencia, sino a la noexistencia. Y todo el sufrimiento es el sufrimiento por el nacimiento de la existencia, para que yo llegue a la existencia. No es posible simplemente tomar conciencia de esto y así llegar a la existencia. No llego a la existencia ni siquiera con una conciencia tan clara. Tampoco basta con creer en Dios y con pensar a Dios, de todos modos, no llego a la existencia. Sólo llego al sufrimiento de no llegar a la existencia, a la existencia de Dios, que no existe. Esto parece erróneo, pues según aparece en la conciencia no es precisamente que no lleguemos a la existencia, sino que a lo que no llegamos es a la noexistencia, que es la existencia.
Esta es la paradoja más brillante: que precisamente a la consciencia le falte el rayo que constituye la existencia. Y así vuelve a dar la vuelta la inversión de Nietzsche. Él brilló con la no existencia y fulguró en la existencia: sólo en la noexistencia de Dios llegas a la existencia. Y así, de este modo, la noexistencia es en realidad la existencia. ¿Llego, pues, ahora a la existencia? ¿Acaso, pues, llego yo, el mismo que escribe sobre la existencia que viene, a la existencia? Lo sentí mientras pensaba este pensamiento, pero ahora ya se me ha escapado otra vez. No llego a la existencia. No sirve de nada pensar este pensamiento. Aunque es verdadero, no sirve de nada y conduce a esta nada, que es él. Y precisamente en la nada de la palabra la noexistencia es imaginable. Aunque escrita o leída o pensada es como ver la muerte de los otros sin experimentarla uno mismo, mientras yo mismo no esté muerto. Se trata, sin embargo, de la vida y viene de la palabra. Llego a la muerte, si no llego a la palabra.

AHORA ES ETERNO y no puede ser después. No puede ser de todas todas, pero ahora es eterno, porque eterno es eterno, y no puede ser después. Ahora estamos en el paraíso, ahora eterno, para morir cada segundo, cada segundo bello para morir, y ningún segundo es todavía tiempo. Por lo mismo que no hay tiempo es el paraíso de todos los ángeles, pájaros y niños. Pero es insoportable ahora eterno, como también ahora pleno insoportable ahora eterno, porque es duro soportar el desgracia, pero más duro la felicidad. Pero si es, es bello para morir. La belleza es inmortal, por eso lo bello para morir hace la belleza inmortal, y por eso lo bello para morir es la belleza inmortal. La belleza no es una belleza como belleza, como digamos belleza de una belleza: La belleza es la belleza de una persona que brilla en el rayo de la intemporalidad, porque podemos brillar. Que podemos brillar es nuestra inmensa energía, que somos una vista ciega y un ser ciego viendo señala como una alergia, que somos una energía de eternidad: Einstein brillante. Brillante energía universal. Piel por deseo luminoso al cuadrado. Como estamos en el paraíso? Brillantes. Y donde? En el brillar, que es un ser desnudo también vestido. No lo podemos evitar. Es, de todas todas, sexo entre nosotros, aunque no tenemos sexo. No tenemos sexo: somos sexo. Somos sexo unido y hay un follar y besar permanente en nuestro charlar y reír juntos también solos. No hacemos el amor, lo somos, y no hacemos palabras, lo somos.
Esto es el sueño de la poesía, y cuando se hace realidad, es el fin del mundo. Porque el amor es el fin del mundo, pues no es. El amor es el cada día todo de nuevo empezando fin del mundo. Es cada tiempo absolutamente cierto y no lo notamos. Es inmenso maravilloso como el paraíso que es lo mismo: El noser antes y después del ser. No viene de fuera, lo somos nosotros mismos. Es el sexo Diosal del ser desnudo también vestido intemporal. El mundo cae en el principio en el tiempo para que naciera el no tiempo cada tiempo. Esto es el en el ser sexo intensificado ser cien veces más intenso, lo que antes del caer del mundo en el tiempo el paraíso ya es, pues no es. Es inmenso maravilloso.

Y POR TI el dolor se estrella en almapiedra,
para que el final sea infinito.
Tú muda muerteluz
tú temblorosa nada,
¿qué estorbo será aún para nosotros?
Dardo de luz que por los poros todos fluye,
para empañar el ahogarse.
Y ansiainstante se hará más verdadero el sueño que el espacio,
la exaltación más fuerte que la vida,
la intemporalidad más profunda que el tiempo,

y más pura que el mundo la herida.

Christian Uetz nació en Egnach, Suiza, en 1963. Estudió filosofía, comparatística y griego antiguo. Vive en Bodensee y en Berlín. Hasta ahora ha publicado los siguientes libros de versos: Luren (Lures), Reeden (Radas), Nichte (Noes), Don San Juan, Das Sternbild versingt (Constelación en fuga)  y la obra en prosa Zoom Nicht (Zoom no), por la cual se le concedió en 1999 el premio Ingeborg Bachmann. Participa en numerosos festivales de poesía experimental y poesía hablada en todo el mundo.  Uetz es un gran presentador de su lírica, sus performances poéticas tienen carácter de culto. Por su modo de jugar con las palabras, distorsionar su sentido habitual y por la creación de imágenes deriva del Dadá y de la poesía fónica. Su voz es ya absolutamente inconfundible dentro de la poesía actual en lengua alemana.

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