Festival Internacional de Poesía de Medellín

Dime
Qué triste desierto
Nos sitia
Ruido de pasos
Y ruido de armas
A lo largo de los días
A lo largo de las noches
Qué lágrimas nos arrullan
Qué sangre
Qué gritos
Detrás de las alambradas
A cada paso
Las botas
Sobre mi tierra
Dime
Cuántos niños muertos
En Soweto
Cuántos
Para enfrentar Johannesburgo
Y sus morgues
Para enfrentar la tierra profunda
Y buscar la palabra
Y buscar los rostros
Y sólo encontrar pálidas sombras
Encontrar sólo la muerte
Porque esos niños eran negros
Como en Sharperville
El hombre salió de la noche
Con sus innumerables manos
Con cien mil ladrillos
Justo en la precisa alba
Que martillea el tiempo
Como un tañido fúnebre
Con la sangre las lágrimas
Los muchos niños del país
El llanto el llanto el llanto
En la noche del silencio
La noche amarga
Y el instante nominal del holocausto
El fuego la sangre
Por todas partes
En las calles de Soweto
Donde el horizonte
Se viste de duelo
Y siembra el odio
Y la rabia
Porque esos niños eran negros
Porque esos niños eran negros
Quiero que me den un fusil
Para armar mi dolor
Quiero que me den la palabra
La flor el amor infinito
Y sobretodo
Haz que no escuche más
El llanto de los niños de Soweto
Haz que mi queja brote
De todas las alturas
Del mundo
Lejos del inmenso río
Del silencio
Lejos de la noche
Y de la sangre
Volveremos
Con la palabra
Sola
Erguida como un trueno
Tenue
Con el pan
Solo
Modelado con lágrimas
Y sangre
Derramada
Con una simetría
De sol puro

* * *

Volveremos
Mañana
A unirnos al hombre
Anónimo
Que tiembla en la noche
Sobre mi tierra de cierzo
Y de frío
Cruel
Mi ciudad en ruinas
Dirigida hacia el horizonte
En llamas
Con la densidad de nuestra hambre
Cotidiana
Volveremos
Con nuestros montes
Y los espacios inaccesibles
Y mi canto de acusación
Armado de piedras de ríos
De árboles de presencias invisibles
Nuestros muertos que surgen
Del sol
Con su odio sin descanso
Como tantas tempestades
Viene la hora del levantamiento
En masa
Viene la hora
La rabia de mi pueblo
Sembrado de guerrilla
Viene la tejida trama
De nuestros sufrimientos
Contra la Negritud cansada
Saldremos de las selvas
Las más anchas
En la inmensidad sonora
De mi tierra lisa de sangre
Con nuestro grito de sílabas
Densas
Frente a la muerte
Que patrulla en la noche

* * *

Y descompongo las palabras de mi cólera
Para desprostituir la lengua
Compréndeme no tengo alternativa
Era necesario lo sé que yo fuera el signo
Y el hombre palabra
Palabra de la tierra, de mi tierra hipotecada
Y desapropiada
Los niños han crecido y construyo el verano alrededor de ellos
Como un monumento al día
Golpeo tu puerta
Rebelde y libre
Como si sintieras el despertar de la tierra en ti
Vertida en tus venas
Volcán en el horizonte de nuestra espera
Como si la tierra fuera hierbas y ríos
Árboles y aldeas de infancia
Rutas y senderos
Todo se acomoda finalmente a la calma serena de nuestras soledades
Vuelvo a encontrar el sol y al país claro
Vuelvo a encontrar mi tierra en el eco de las estaciones
Pero qué me importa el tiempo
Dame la mano
Amo el silencio para elevar el canto
Pero acaso tú eres la fuente herida
Conozco la gran fisura revelada por los siglos
El tiempo es largo
Y el destino de mi tierra no la puede detener

* * *

Quisiera revisitar la historia
y dejarme invadir para pensar que Medellín
es mi otra ciudad una ladera del país
que llevo en mi corazón
como un techo de cielos y soles
mi otra ciudad tallada en la piedra
montañas como un inmenso escudo
con sus calles paralelas secretas y altas
donde deambulan entremezclados
hombres y mujeres y niños de este país profundo
donde el hombre enfrenta la vida
digo hola
a los que trabajan la tierra
a los que andan con su tarro vacío
en la ciudad o su plato lleno
los pobres los ricos los carretilleros
los emboladores los policías
los ambulantes de todo y estos
que venden el alcohol del olvido
digo hola a los mendigos a los conductores de buses
toreros en la arena de la calle
digo hola a las monjas a los curas
paseando su majestad celestial
digo hola a Simón Bolívar
a los obreros de la palabra que son los poetas
a los niños de la calle que son mis soles
a las putas pálidas
aquí está la ciudad con sus discotecas y sus moteles
su metro aéreo y lleno de vida
tráeme un mango maduro que voy a mamar
como un pecho suculento
tráeme una guanábana jugosa
como la leche de mi infancia
tráeme la piña y las arepas con miel espesa
y el aguardiente de estas montañas sagradas
tráeme aguacates y una mazorca olorosa
asada al fuego de la leña
Pero ¿dónde están los poetas para celebrar conmigo?
Medellín la bella
miradla desde lo alto de la montaña
mirad sus calles con vuestros ojos de sílex puros
para urgir el canto de mañana
escuchad sus campanas de bronce
y sus trompetas nocturnas
y las señoritas os traerán
una vela encendida un ramo de flores puesto en el pecho
y una flor en el bolsillo
para escribir en fin un gran poema para el pueblo
y la ciudad de Medellín Medellín Medellín
con sus sílabas densas

Paul Dakeyó nació en Camerún en 1948. Es el fundador de las Ediciones Silex. Su poesía, en esencia, denuncia la injusticia y el abuso de toda naturaleza y llama al mundo a reconciliarse consigo mismo, a tender hacia un futuro más fraternal. Entre sus obras, se encuentran: Chant D’accusation ; (Suivi De) Espace Carceral, Ed Saint-germain-des-pres, 1976; J’appartiens au Grand Jour, Ed Saint-germain-des-pres, 1979; La Femme ou J’ai Mal, Silex, 1989; Le Cri Pluriel: Poemes, Ed Saint-germain-des-pres, 1976; Les Ombres de la Nuit, Nouvelles du sud, 1994; Soleils Fusilles, Droit et liberte,1977; Negroide, Ateliers silex, 1988.

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