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Chenjerai Hove (Zimbabwe)

Por: Chenjerai Hove
Traductor: Raúl Jaime Gaviria

PROMETEO
Revista Latinoamericana de Poesía
Número 80. Diciembre de 2007.

 

PARLAMENTO DE LOS NIÑOS

 

La madre se sentó
con el hambre entre sus manos
y ahogó el amor en sus ojos.
Luego las moscas vinieron
a cantarle repulsivas canciones al oído.
Nosotros escuchamos la inagotable historia
De la lucha y el hambre.

Pero la Madre no cantó
al llegar el tiempo del canto
En la historia popular.
Ella sólo señaló a las moscas
Y nos pidió que tarareásemos
la misma canción musitada por las alas.
Cantamos la canción alada
mientras nos uníamos en la búsqueda.

Mosca y niño unidos en una misma canción
Madre y hojas caídas al tiempo
padre ausente,
desconocido.

Mientras ella sondea los zumbidos,
juntos los seguimos
Creamos unión
para develar los motivos de la mosca y el niño.

Así, en nuestros corazones
Están las vaporosas huellas de la mosca
Cuyas alas nos contaron historias
Del sentido de la vida y de a quién pertenecemos.

-Escuchamos en la radio que hay una crisis-
los miembros del parlamento exigen mayores salarios
Y nosotros no somos tomados en cuenta.
Al menos estamos a salvo de promesas ahogadas.

Habremos de debatir
a cámara abierta
con profusión de enfermedades
como Símbolo del electorado de las tumbas
y tasas demográficas ascendientes
como símbolo del electorado de los sobrevivientes.

Perros-gatos-ratas-moscas
Perros-gatos-ratas-moscas
Envíen emisarios a esta cámara
Aunque el debate se torne melancólico
¡Extravíos del lenguaje!
¡Hacen falta espacios!
-Simple ausencia de orden en el recinto-

Luego compartimos nuestros haberes:
Desde bolsillos llenos de sangre
hasta parlamentos de políticos
Juntos sobrevivimos

Al núcleo de largas sesiones
y caducos proyectos de ley
que ahora reptan
donde ayer hubieron de correr.

LAS ROJAS COLINAS DEL HOGAR

El Padre creció aquí
sintonizando el corazón
con el sonido del búho de las húmedas y verdes colinas,
más allá, el águila nadaba en el aire
mientras mamá hormiga cargaba
una desconocida víctima hacia un escondite conocido
demarcado en la vecina tierra familiar.

Aquí crecí,
el padre murió bajo tierra hace siete estaciones
y las noticias del sepelio
fueron lo único por sepultar.
Ahora el águila implume como carne soasada,
proclama la miseria de los cielos.
Mamá-hormiga jamás sale a la superficie,
Para el padre suficiente carne hay abajo.
Las verdes colinas del hogar han muerto,
Rojas colinas atraviesan los cielos
y las sucias casas de los peones
viven bajo la amenaza del bulldozer
Ayer Sabhuku Mannyonga sintió la opresión
De manos musculosas contra su pecho
Y ahora vive en el exilio ebrio.

Rojas colinas han vuelto
con heridas cuyo pus sofoca al peón
su pequeño hijo duerme
Conociendo sólo frágiles sueños de gozosos reflejos de luna.
Muriendo también están las canciones
De las estaciones que el padre alguna vez cantó
Rojas colinas y el humo del trueno humano
Saquea la tierra bajo contrato.

Si el padre emergiera de entre los muertos
seguramente no conocería
el verdadero hormiguero que abraza su sangre
sepultado con el cordón umbilical.
Aquí, sobre este campo
una vez la tierra yació preñada
mas ahora la sagrada colina sangra
despojada incluso de su buen nombre,
sus vacas sagradas son ordeñadas
por manos agobiadas y hambrientas
cuyas bocas devoran hombres
tragados por la garganta del gigante de Eerie
sentados donde alguna ves fluiste tú
en serena agua bendita.

Rojas colinas y el aroma del exilio,
Chipo murió esta mañana
no más cantos funerarios desgarrando el aire
tampoco nos sentimos seguros de sepultarla
sabiendo que mañana el bulldozer vendrá
a esparcir estos huesos famélicos.

Rojas colinas, y el aroma del exilio
Exilio que respira sobre nuestros hombros
en una carrera que luce ya desesperada
Rojas colinas, y el pulso del exilio
que nos dice que éste no es ya nuestro hogar.

MBIRA EN EL EXILIO

Canciones hormiguean en mi corazón
con el sudor que mordisquea bajo el sol
mientras los ritmos seguían mis venas.
así fue
y encontré una senda abierta
hacia las cavidades de mi corazón
hacia sus engranajes internos
como el sobrio día de la virtud
al pedirme mi esposa un corte de cabello
(mas ella obtuvo un corte en el corazón)
que al ser efectuado,
lo incendió todo:

Caminé desnudo por la aldea,
inclinado como la puesta del sol.
conozco la diferencia,
la diferencia entre una senda explorada
y el grito de una virgen en el mbira.
Incluso mi músculo sombrío lo dice,
Aún bostezo en medio de cadenas oxidadas
Como si el mundo fuese nuevo y sin embargo enjaulado.

Mas recuerdo el llamado de la canción,
Sí, la recuerdo.
Ella siega mi hombría
Cambiándola por un taparrabo transparente.

 


Chenjerai Hove nació en Zimbabwe. Su escritura surgió como una manifestación del rechazo al colonialismo. Realizó estudios literarios en La Universidad de Suráfrica. Poemas de amor e historias en shona, fueron publicados en Nduri Dzorudo (1980) y Matende Mashava (1980). Catorce de sus poemas, particularmente inspirados por aspectos de la guerra de liberación de la que fue testigo como profesor de secundaria, fueron publicados en And Now the Poets Speak (1980). Es uno de los miembros fundadores de la Unión de Escritores de Zimbabwe (ZIWI), de la que fue presidente de 1984 a 1992. Hove como creador se reafirmó por la publicación de Up in Arms en 1982 y Red Hills of Home en 1985; ambas de estas colecciones de poesía recibieron mención especial por parte de los jurados en el Premio Noma para Publicaciones en Africa, en 1983 y 1986 respectivamente.

Última actualización: 24/02/2021